La Guerra 33 http://laguerra33.lacoctelera.net Mail Art, Poesía, Comentarios es-es Cine http://s3.amazonaws.com/lcp/laguerra33/myfiles/dolape65x65.jpg La Guerra 33 http://laguerra33.lacoctelera.net the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com POETAS GRIEGOS DE HOY http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2009/01/13/poetas-griegos-hoy 2009-01-13T02:04:32+00:00

Persecución

Se detuvieron jadeantes entre los árboles.
Aguzaron el oído.
Lejanas en la noche las voces
de los gendarmes.

El grillo en el pino
neutral.

Délfica 1946

La llanura de Anfissa hacia
el oeste.
Abrió la mochila. Borceguíes ingleses,
cebollas, trajanás.

Más abajo, injustificable,
el Auriga.

A propósito del padre (10)

Juego contigo a los exploradores, papá. Acerco
el espejito del poema a tu rostro para ver si
se empaña.

Atardecer en una ciudad de Francia (11)

Como la transeúnte inabordable. Lo que se aleja es
poesía. Ultima tarde aquí. El suave aroma del café
penetra por conductos invisibles en el cuarto.
Valijas que se duplican en el espejo del corredor y
pesan todavía más. Se marcha el visitante. Como el
poema vuelve a su punto de partida buscando el
silencio precedente.

Transcripción de Poesía Griega Moderna
Selección y traducción directa del griego: Horacio Castillo
Buenos Aires, Editorial Vinciguerra, 1997


]]>
http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2009/01/13/poetas-griegos-hoy#comentarios
MANUEL VILAS Y SUS CINCO POEMAS DE RESURRECCIÓN http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/12/01/manuel-vilas-y-sus-cinco-poemas-resurrecci-n 2008-12-01T15:19:33+00:00 1

MUJERES

No las ves que están agotadas, que no se tienen en pie, que son ellas las que sostienen cualquier ciudad, todas las ciudades. Con el matrimonio, con la maternidad, con la viudedad, con los golpes, ellas cargan con este mundo, con este sábado por la noche donde ríen un poco frente a un vaso de vino blanco y unas olivas. Cargan con maridos infumables, con novios intratables, con padres en coma, con hijos suspendidos. Fuman más que los hombres. Tienen cánceres de pulmón, enferman, y tienen que estar guapas. Se ponen cremas, son una tiranía las cremas. Perfumes y medias y bragas finas y peinados y maquillajes y zapatos que torturan. Pero envejecen. No dejan las mujeres tras de sí nada, hijos, como mucho, hijos que no se acuerdan de sus madres. Nadie se acuerda de las mujeres. La verdad es que no sabemos nada de ellas. Las veo a veces en las calles, en las tiendas, sonriendo. Esperan a sus hijos a la salida del colegio. Trabajan en todas partes. Amas de casa encerradas en cocinas que dan a patios de luces. Sonríen las mujeres, como si la vida fuese buena. En muchos países las lapidan. En otros las violan. En el nuestro las maltratan hasta morir. Trabajan fuera de casa, y trabajan en casa, y trabajan en las pescaderías o en las fábricas o en las panaderías o en los bares o en los bingos. No sabemos en qué piensan cuando mueren a manos de los hombres.
2

1977

Los pies desnudos de Patti Smith sobre el escenario, mientras su pelo esconde su anémica cara caballuna. Los labios macizos de Jimi Hendrix: un póster suyo en algún pueblo en ruinas de Aragón. La bañera donde hizo glub glub Jim Morrison en París. Las sandalias del 43 que calzaba Janis Joplin. Los cuelgues que se cogían los modernos de los pueblos de España escuchando a Pink Floyd, cuando el futuro no había venido. La peluquera deshidratada de David Bowie. La paz, la droga y la palabra de Jefferson Airplaine. La vida que nos prometió Bob Dylan mientras metía mano en los Levi´s de Joan Baez. Toda la voz de Lou Reed, glorioso Frankenstein del siglo XX. La Vespa de Roger Daltrey, con sus enormes espejos retrovisores. Sid Vicius, el más grande, el hizo una canción y se murió. Nico cantando con la Velvet Underground en el Max´s Kansas City y Warhol bebiendo una cocacola caliente. El beato John Lennon. Los Sex Pistols, eternos aspirantes al Premio Nobel de Literatura. Ian Dury, cojeando y sudando por el mundo, cantando siempre una canción de tres sílabas. Todd Rundgren, Kevin Ayers, qué habrá sido de ellos. El bigote de Frank Zappa, el miniculo de Mick Jagger, el chaleco de Jimmy Page y las lágrimas negras de Alice Cooper. Pero siempre los pelos de Patti Smith, la niña hermosa de pies largos y sucios. Semejante desfile de sombras me tuvo entretenido más de veinte años. Macarras, advenedizos, forrados y colgados. Inspirados, geniales y muertos. Estos tipos parece que no van a marcharse nunca.
3

ME LARGO ESTA NOCHE

Esta noche me largo. Un vuelo en primera al fin del mundo: África, Asia, América, todos los desiertos con palmeras, grandes cenas en grandes trasatlánticos. Una noche en Oslo, otra en Santiago de Chile. Una tarde en Pekín, otra en Kiev, exprimiendo este mundo hasta la última gota de vida. Esta noche me largo. Hoteles, taxis, bares, casas, ciudades de la tierra, voy a vosotras. Una mañana en Tokio, una noche en Ciudad del Cabo, el calor, el fuego, el descontento, la sed, una vuelta por el mundo; esta noche, me largo esta noche. Templos, museos, lavabos, banderas, escaleras, barrios perdidos, farolas muertas en ciudades horrorosas. Las playas, los calamares a la romana, los pobres, los ricos, la nada, el barro, el sol, la luna. Este mundo. No es inhóspito. Las faldas azules de las camareras de los hoteles. Las nubes desde la estrecha ventana del avión, Dios encima de una nube, descansando, abajo los inertes océanos con el vientre lleno de ballenas, de pulpos, de rodaballos, de sardinas tristes a la deriva, de viciosos peces transparentes. Esta noche viajaré en un avión gigantesco, a la velocidad de la sangre, quiero ver este mundo que se muere, las naciones bajo mis pies sucios, las cárceles, los gobiernos, las lenguas, las patrias, y yo arriba, al lado de Dios, al lado del sol y de las almas gastadas. Me gusta el hedor moral de este maravilloso mundo. Esta noche me largo. Mucho amor en el aire humedecido. Mucha felicidad en las manos radiantes. Mucha santidad en los ojos. Esta noche me largo.

4

LITERATURA

Los pies praguenses donde vivió Frank Kafka, y sus corbatas negras y sus sombreros y sus zapatos. El pelo enjuto de James Joyce, cuya mano quemó Dublín. Los amantes de Luis Cernuda, riéndose a sus espaldas. La esposa de Shakespeare, vieja y adúltera. Los ojos verdes y estrábicos de la enfermera jefe de la clínica en que murió Nietzsche. La mano de mujer que cogió los botines de piqué de Ramón Valle-Inclán y los arrojó por la ventana. La sífilis saltarina que Gustavo Adolfo Bécquer paseó por Madrid. La sífilis idéntica pero paseada por París de Charles Baudelaire. El padrenuestro que reza el fantasma de Rimbaud en una morgue de Marsella y Dios que se hace el sordo. El padrenuestro que reza Jorge Manrique antes de soltar la mano de su padre muerto. La risa de Quevedo mientras evacúa en una esquina de Madrid, en tanto rebota el mundo en su vesícula como una piedra verde. La madre con gota de Flaubert. La autopsia de Larra, su joven cerebelo. La carne de la máscara de Fernando Pessoa. La foto del padre de Dostoievsky en la billetera de Lenin. La cabeza muy grande de Rubén Darío, tan grande como su miedo. Las sopas de ajo que marea todas las noches el Manco de Lepanto con la mano buena mientras se mira con discreción la mano ausente. Los cien kilos secos que Oscar Wilde exhibe por los cafetines de París con orgullo marchito. La mano que aúlla de Pablo Neruda. El cadáver de Cela servido con guarnición de ministros. El gran desfile de la soledad de todos los tiempos, la soledad y sus palabras, la literatura.
5

NUEVA YORK

9

La vida es un fenómeno reciente en el universo,
la vida es la vanguardia, lo único interesante que ha pasado
en ese cielo de rocas heladas (trescientos grados bajo cero)
o rocas ardiendo (trescientos millones de grados) en los últimos
mil millones de años, esclavizadas rocas, condenadas a girar
en ese absurdo monumento, girando para nadie, porque nadie las vio.
Llevo a Walt Whitman en el corazón, en el gigantesco corazón,
dije.
Me está matando de sed.
Dormí con la ventana abierta, y como digo,
todo este poema lo dije en voz alta,
dije: el paraíso y la resurrección, demonio y fortaleza de la
resurrección.
Y no supe decir nada más pero estaba enamorado,
mucho amor, mucho poder en la cabeza, poder, poder, poder.
Las rocas universales girando allá en los cielos, vacías y criminales.
Mucho amor, amor amor, amor. Eh, estoy enamorado, eso es todo.
He sido muy feliz y os lego la vida.
Mañana resucitaré y me daré una vuelta por ahí.
Eh mira, mira ¿qué es esto? La vida. Es la vida.

*

Notas, selección y comentarios


por Leo Lobos


Nota de edición Poema 1: Actualidad, mundo contemporáneo, violencia contra la mujer, contra las mujeres. Recientemente llamado como femicio, visionario. “Resurrección” es un libro dividido en siete partes, comienza en el Mac Donald’s de la plaza de España de Zaragoza y se cierra con nueve poemas de “Nueva York”, numerados y sin título. En medio hay muchas cosas: todo el mundo de Vilas, cargado de crítica, de ironía, de desgarro, de visiones entre complacientes y provocadoras del mundo urbano. Por cierto, un tema se impone al menos en dos ocasiones, como es “El nadador”; me gusta mucho ese inicio de “Puedes bañarte en Puyarruego”. Pero Manuel Vilas habla de muchas cosas: de las cajeras bonitas, de los bares, de un autobús urbano como el 42, de arrabales, de pueblos aragoneses, de un viaje a Venecia, de personajes que escriben una suerte de biografía como Doug Yule, "un tipo que tocó, // cuando todo estaba acabando, en la Velvet Underground"; reflexiona sobre la literatura, como se ve en “Michaud” (creo que se refiere a Henri Michaux), donde habla mucho de lo antipático que cae en España Joyce y su “Ulises”, habla de Kafka, Ezra Pound, de Cernuda (al cual le rinde un homenaje en “Alguien habla de su tierra”), de canciones, de Lou Reed, Patti Smith… El mundo que propone Manuel Vilas, sustancialmente, es conocido, e incluso ese procedimiento narrativo, que recuerda un poco –sobre todo en los poemas en verso- a los versículos extensos de Walt Whitman en “Hojas de hierba” y a Charles Bukowski poeta, por su forma de mirar y su construcción tan narrativa.

Nota de edición Poema 2: ídolos contemporáneos, Siglo XX, y nuevamente Manuel Vilas da con un tejido de cultura pop, rock and roll, y hard rock de temer, una selección internacional de la elite de la música popular inglesa y norteamericana de finales del XX y comienzos del siglo XXI. Aquí sin duda incluiría a Charly Garcia, Nito Mestre, Gustavo Cerati, y Andrés Calamaro y cuantos más de la sur América. Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, España, 1962) un poeta impecable e implacable, imprescindible, magnífico y deslumbrante, sarcástico e intenso, corrosivo, vitalista y tantas otras cosas que estas líneas pueden sólo apuntar, el personaje arrollador desde el que habla el poeta plantea en los poemas de Resurrección, XV Premio Jaime Gil de Biedma de la Diputación de Segovia, España, editorial Colección Visor de poesía, España, 2005, una sugestiva y arriesgada propuesta poética y un estado de conciencia en el que nos reconocemos.

Nota de edición Poema 3: Es interesante vernos como parte del fin del mundo al que quiere largarse Manuel Vilas, me agrada, la selección tiene que ver con esta empatia que el poema presenta. Muchos chilenos también inconcientes de esta condición de lejanía del territorio físico en el que siempre han habitado la lectura produce una serie de relaciones y asociaciones muy particulares. (Por favor ejerciten la lectura del poema en voz alta, puede ser leído a una voz mediana, no es necesario gritarlo, leerle al oído a alguien por ejemplo: sabes me largo esta noche…). Nos comenta el critico español Francisco Díaz de Castro: “Tanto en sus estampas urbanas –Zaragoza, Madrid, una Venecia nada venecianista, la Nueva York en la que desemboca el libro, etc.– como en los interminables recorridos que organizan la metáfora básica de este homo viator (“Estoy cruzando la tierra, le dice al gasolinero”), así como en su particular homenaje a la literatura y a la música de las que se ha nutrido, Manuel Vilas acierta a ser emocionante dominando una torrencialidad muy efectiva (“Toda esa gente en la que me convierto para no morir,/ para resucitar y reír y amar”); compone una crónica irónica de su generación en “vida española”, satiriza ciertas solemnidades líricas de diverso pelaje y, sobre todo, desde la celebración y desde la denuncia, afirma un vitalismo vehemente que resulta decisivo y que encuentra su más amplia y matizada expresión en los nueve poemas de “Nueva York”: “He sido muy feliz y os lego la vida./ Mañana resucitaré y me daré una vuelta por ahí./ Eh, mira, mira, ¿qué es esto? La vida. Es la vida”.

Nota de edición Poema 4: nuevamente ídolos de la literatura universal, excluyendo la literatura china, hindú, la oriental y a Ezra Pound. La fundación Pablo Neruda y este verso sobre la mano aulladora de Pablo Neruda, son imágenes que como lector vienen a mi pensamiento en asociación, en la constelación de autores a los cuales se refiere el poeta español Manuel Vilas. La soledad del trabajo creativo, serio, vital, la soledad y palabras como estas. Ante la pregunta -¿Qué significa para usted haber ganado el premio Gil de Biedma?, Manuel Vilas contesta: “Me encanta. “Pandémica y celeste” de Jaime Gil de Biedma es uno de los grandes poemas de amor del siglo XX y uno de mis favoritos. De él me interesa mucho la pasión la claridad, la representación exacta de los sentimientos, su enorme inteligencia y su facilidad para decir la verdad en cuatro palabras. El galardón me produce una gran satisfacción por el nombre del poeta, que marcó mi aprendizaje, y por el prestigio del premio, que además se publicará en otoño en Visor, en una editorial mítica”.

Nota de edición Poema 5: Y nos dice más ante la pregunta ¿Establece usted diferencias entre escribir prosa y poesía?: ”No es fácil contestarle a eso. La prosa es más analítica, puedes articular un discurso más reflexivo y a la vez más narrativo. Y la poesía es canto, exaltación, música”. ¿Ya sabe por qué escribe?: ”Intento escribir todos los días, aunque sólo sea una carta. Me falta mucha disciplina, tiendo a vaguear, pero creo que ahora, tras mucha búsqueda, tras muchas tentativas, puedo responderle: escribo por amor a la vida. Y tengo la certeza de que la gran literatura es canto a la vida siempre”.


Edición desde San Pedro de Atacama, Chile. Marzo de 2008 por Leo Lobos.

]]>
http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/12/01/manuel-vilas-y-sus-cinco-poemas-resurrecci-n#comentarios
MI PENULTIMA PALABRA Y EL FRANCO TIRADOR PARRA, NERUDA, BOLAÑO http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/11/09/mi-penultima-palabra-y-franco-tirador-parra-neruda-bolano 2008-11-09T22:37:30+00:00

Parra, Neruda, Bolaño

por Rolando Gabrielli

Roberto Bolaño fue un provocador a tiempo completo. Bueno para la literatura, vértigo constante para su juego lúdico y chocante para sus pares. Erizó, el autor de Los detectives salvajes, la literatura chilena, en especial, y la hispanoamericana. Un autor equivalente, con su prosa, al antipoeta Nicanor Parra, en poesía. Neruda es otra cosa. No tocó fondo, en el buen sentido de la palabra. Tocó cuerdas, incontables cuerdas su poesía.

Neruda fue uno de los protagonistas de la llamada Guerrilla Literaria y se enfrentó a sus pares: Huidobro y De Rokha.

Parra, a principio de los setenta, sostuvo un duelo personal, de francotirador sin dios ni ley, con el sistema, luego de una inmolación por una visita a la Casa Blanca.

A Neruda no le perdonaron haber comido unos huevos fritos con el ex presidente peruano, el arquitecto Fernando Belaúnde Terry, en el palacio presidencial de Lima.

La Guerra Fría imponía normas y convivencias, actitudes y conductas. Dime con quién andas y te diré quién eres.

El verso, al parecer, para algunos, no podía caer impunemente del pasto al rocío.

Historia, vidas, escenarios, épocas diferentes.

Neruda fue un joven y talentoso poeta en los albores de su adolescencia provinciana. Veinte poemas de amor y una canción desesperada marcó tempranamente la cancha poética chilena y definitivamente las Residencias nerudianas. El Idilio amoroso se sostiene hasta hoy dentro de las fronteras del amor.

Parra arrancó con su libro estrella Poemas y antipoemas (1954) y comenzó a ver la luz entre los grandes poetas grandes de Chile tras largos 17 silenciosos años y a marcar puntos como un boxeador que venía por su corona en los tinglados universales de la poesía en habla castellana. Parra, con su Cancionero sin nombre, no era nadie en poesía a mediados del siglo pasado. Arrancó el profesor de física y mecánica racional con los antipoemas, y se fue abriendo paso a codazos y patadas limpias. Bolaño, gran admirador del autor de Versos de salón, tuvo que empujar su sombra, abandonar su patria de origen, real, y las adoptivas, México y Estados Unidos tangencialmente, y asaltar concursos de provincia a diestra y siniestra, en el reino de España, para poder sobrevivir el vendaval de su propia palabra. Primero le llegó la enfermedad y después la fama.

El hígado real le tocó la puerta a Bolaño antes de que comenzara escuchar el eco de los aplausos y viera brillar el brillo de su estrella distante y más.

Parra, de tanto alejarse de Neruda, se acercó a su propia poesía. Lihn se expresó sorprendido de que Neruda le haya cedido el liderazgo a Parra. Neruda seguía siendo un referente por encima de su propia sombra. El Vate, Neruda, era el “continuador” de Rubén Darío, con su propia poética, porque abandonó el modernismo definitivamente con Residencia en la Tierra y posiblemente con anterioridad. Darío-Neruda y Parra son los períodos innovadores en la corriente mayor de la poesía castellana. Sobre el impacto Darío, Jorge Luis Borges dijo: “Todo lo renovó Darío: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado ni cesará. Quienes alguna vez lo combatimos comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar libertador”.

Mientras Neruda escribía en Isla Negra, editaba en cada cumpleaños un libro, Parra “era un verdadero zapador del orden poético establecido” y “sus aspiraciones eran no dejar títere con cabeza”. Éstas pudieron ser palabras suyas, pero son de Neruda, contadas por el propio Parra, cuando Neruda conoció los primeros antipoemas del cuentista, narrador, Nicanor Parra. Con los Artefactos esperaba dinamitar una suerte de statu quo poético, a pesar de que el patio contaba con más habitantes poéticos: Rojas, Lihn, Teillier, Hahn, Barquero, Anguita, Uribe Arce, Millán, etc.

Bolaño no existía en ese escenario de turbulencias poéticas. Neruda y Parra no estaban solos, aunque fueran los últimos dos grandes mohicanos enfrentados en silencio, como esos elefantes que se niegan a ceder su espacio a la muerte. Detrás de la puerta de la poesía se escuchaban nuevas voces y ecos a lo largo y ancho de la angosta faja de tierra chilena. El Norte y el Sur son un pretexto de los puntos cardinales.

Los tres, Neruda, Parra y Bolaño, pusieron en marcha sus propias cajas de resonancia en sus respectivas épocas. Neruda y Parra coincidieron en un mismo tiempo y escenario. Neruda contó con la Historia, ese gran escenario trágico de la Guerra Civil Española y de la II Guerra Mundial, su Partido, viajes, la propia realidad política y social chilena y desde luego su poesía que no tenía límites geográficos ni literarios. Escribió de todo cuanto pudo de Chile a la China. Parra, atrincherado en la universidad, trabajó más a capella su nueva poesía, pero también viajó a Estados Unidos, Cuba y Rusia, se asoció a importantes universidades y casi siempre se comportó como un discípulo díscolo de sí mismo, de la ruptura constante, y no dejó de pronunciarse, hasta hoy día, sobre lo humano y lo divino. Bolaño, el más joven, poeta, pero conocido como narrador (cuentista y novelista), tuvo que arañar más el precio de la fama y trabajó como un Samurai herido de muerte, como si la posteridad fuera un incesante presente perpetuo.

Los tres lucharon cuesta arriba por sus propias convicciones, aunque Parra es el único que sigue vivito y coleando, a sus 94 años. En el tiempo de vida le sacó ventajas a ambos: 44 años a Bolaño y 25 años hasta la fecha a Neruda. La literatura o el arte no se miden en años, sino en la obra realizada, sin embargo, el tiempo pesa, a uno u otro lado de la balanza. El tiempo, si se toma en serio, sirve para ir acomodando mejor la obra, dejándola respirar y ese espacio permite una proyección más prolija, siempre y cuando se tengan cosas que decir.

Neruda, después de la Guerrilla Literaria, mantuvo batallas como poeta y político de izquierda, participó y abogó por muchas causas y tuvo una gran desilusión y malestar con una carta que le enviaron los escritores cubanos, cineastas y artistas, donde se cuestionaba y criticaba la visita del Vate al Pen Club de Estados Unidos en 1966. Neruda no olvidó ni perdonó esa misiva. Después, se concentró en su poesía y actividades partidarias, viajes, reuniones en Isla Negra y en la vida cotidiana. Siguió siendo blanco de moros y cristianos, por “burgués y comunista”. Neruda ya era un Buda inmortalizado por su palabra, mantenía un hígado privilegiado para las fiestas y ataques, no se inmutaba y construía su mundo poético. Siempre estuvo en el centro de la geografía Sur y Norte de Chile, aunque el país está determinado por su condición Sur. Era un gran lector de novelas policíacas y estoy seguro de que hubiese aplaudido sin reservas a Los detectives salvajes. Bolaño disparó a boca de jarro al Neruda postmortem y terció por Parra y su obra, que calificó de la más importante.

Parra, con su propia guitarra, al otro lado de la Cordillera de la Costa, en las faldas de la Cordillera de los Andes, preparaba su artillería, y contaminaba la poesía chilena, latinoamericana y norteamericana, con la Antipoesía. Su secreto consistía en distanciarse de Neruda, “un monstruo de mil cabezas”, verdadero Dragón de la retórica del siglo XX. Se instaló con lápiz y cuaderno en mano a conversar con su Hablante, Parra salió a la calle, a dialogar en la antigua Plaza Pública de la Poesía, y se mantuvo en comunicación constante con los jóvenes. Había que hacer algo nuevo, distinto, apropiarse de este escenario psicológico del Hablante en curso que elaboraba con la mímica de Charles Chaplin, la mueca en el laberinto kafkiano y toda la ironía y carcajadas de ambos personajes. (Recuerdo una conversación sobre Chaplin de Lihn con Parra y un mimo chileno en su casa, un día que coincidimos de la mano del azar y del absurdo) Carlitos se presentaba en el irrepetible cine mudo de esa época. El tiempo doblaba sus sílabas en los setenta.

Parra mantuvo una fuerte polémica y enemistad, por años, con Gonzalo Rojas, un poeta consagrado a nivel internacional, aspirante al Nobel al igual que Nicanor.

Bolaño nació en Chile en 1953, vivió sus primeros 15 años, abandonó a esa edad el colegio, viaja a México y después de un año vuelve a retirarse para siempre de los estudios formales. Vuelve a Chile en 1972 y lo vuelve a abandonar en 1973, después del Golpe de Estado. Deja México y llega a España en 1977. En 1998 comienza su verdadero reconocimiento con la premiación del Herralde de Los detectives salvajes y al año siguiente el Rómulo Gallegos de Venezuela. Primero escribió cinco libros de poesía y ciertamente no pasó de ser otro poeta chileno en el exterior. Su relación con Chile e historia literaria es muy diferente a la de Neruda y Parra, que siempre viajaron y volvieron a Chile y desde allí montaron su propia retórica. Ni mejor, ni peor, sino otra andadura. Neruda también escribió a la distancia poesía en general y sobre Chile. Algunos libros se gestaron en el exterior. Parra, lo más probable, en el mismo curso, podrían estar las Canciones rusas.

Bolaño vive, lee, escribe, piensa allende las fronteras chilenas, y no es que olvide Chile o no atienda su temática. Para empezar, un ejemplo: Nocturno de Chile y Estrella distante. Sus influencias parrianas y lihneanas demuestran en parte estas afirmaciones. En narrativa se decantó por Borges, Cortázar, Joyce, etc. No se alinea con narradores chilenos. Su paisaje, pulmón, pasión, es México, el DF. En la Feria Internacional del Libro de Colombia, donde Chile era país invitado, me impresionó que lo dejaran por fuera del afiche de los iconos de la literatura chilena. Una obra del tamaño de la de Bolaño no se puede borrar de un plumazo ferial. La burocracia literaria, ninguneadora, es universal, un imperdible en la sociedad global que rima con medieval. Bueno, ni García Márquez ni Carlos Fuentes se dieron por aludidos de la existencia de Bolaño, sólo Mario Vargas Llosa reconoció y elogió su obra. Nada nuevo bajo el sol de los señores generadores y dadores de vida.

Todo el boom literario latinoamericano reconoció en su momento, sin embargo, la influencia de Pablo Neruda en la nueva novela. Gajes de un mismo oficio para un tiempo y otro. Licencia de los tiempos. La narrativa, quizás, de Bolaño, aún está verde, y si bien al autor se le encienden velas, falta por estudiar a fondo su obra, impacto, la onda de expansión de la piedra lanzada sobre la superficie del agua. Se escribe sobre un castillo de viento, en el laberinto de Kafka y Borges, con los espejos de Alicia, el déficit de las hojas del calendario, como lo hizo finalmente Bolaño, sin más precipicio que el abismo personal, con la fe puesta con alegría en una derrota conocida de antemano.

Al dar vuelta la hoja aparece Parra como al revés del espejo. Dijo el propio autor de los antipoemas: “Una de las características de mi poesía es que su unidad esencial no es la palabra, ni la estrofa, ni la frase que sufre las inflexiones del ritmo. Mi unidad es el verso, que en mi poesía aparece como aislado, como una serie de pedradas lanzadas al lector”. ¿La Obra Gruesa de Parra son los cimientos de una nueva Poesía? Parra irrumpió en la poesía chilena y latinoamericana en 1954 con Poemas y Antipoemas y se hizo un espacio en el escenario para sentarse definitivamente a la mesa de los poetas mayores. Pero no le fue fácil el reconocimiento, como suele ocurrir con los grandes cambios, el paso de una época a otra y así llegó, accidentado, el período Parra. Poeta de varios pisos psicológicos, culto, pero también de lo popular, sembró sus propias margaritas y regó el jardín, la parra, de su antipoesía.

Parra escribe Cancionero sin nombre, advierte el crítico Jaime Concha, en tiempos de las Residencias nerudianas y la muerte de García Lorca, con la influencia de ambos poetas. Bolaño y Lihn, dos críticos sin cuartel de Neruda y su obra, reconocen su fascinación por Residencia en la Tierra; inclusive el autor de Amuleto dice, cuando le piden a escoger un poema de ese libro, cualquiera, que es todos. Parra, entre ironías, juegos de palabras, malabares parrianos, siempre reconoció la obra de Neruda y él más que nadie descubrió que el Vate de Isla Negra puso el listón alto en materia de poesía. Las tardes crepusculares de Maruri, una calle de Santiago, iluminaba la poesía de Neruda, a pesar de que decía: Tengo miedo. La tarde gris y la tristeza / del cielo se abre como una boca de muerto. Su poesía arrastró cadenas y libertades.

El registro de Neruda es ancho y no ajeno a las geografías que recorrió. Piano de muchas teclas. Residencia en la Tierra es un montón de versos de gran monotonía, casi rituales, con misterio y dolores, como lo hacían los viejos poetas, describe Neruda su libro desde Colombo. Tenía 25 años. Veinte poemas de amor y una canción desesperada y las Residencias en la Tierra, son los clásicos nerudianos indiscutidos que cada generación leyó y memorizó en su momento como himnos. El poeta mexicano José Emilio Pacheco dijo que Residencia en la Tierra es el mejor libro surrealista escrito en cualquier idioma. No es poco decir, pero tiene mucho de existencialismo el poemario residenciario.

Son tres iconos de la literatura chilena e hispanoamericana, innovadores, con Residencia(s) en la Tierra, Poemas y antipoemas y Los detectives salvajes y su obra en general. Pusieron a girar a su velocidad, ritmos, intensidad, con su visión, las manecillas del reloj de la literatura castellana. En poesía es más complejo el tema en Chile, por la calidad y diversidad de sus poetas: Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Pablo de Rokha, Gonzalo Rojas, Rosamel del Valle, Díaz Casanueva, Enrique Lihn, Jorge Teillier, Oscar Hahn, Gonzalo Millán, Manuel Silva Acevedo, etc.

En prosa chilena, junto a Bolaño, José Donoso, Carlos Droguett, Jorge Edwards, La difícil juventud de Claudio Giaconi... cuentos de Skármeta, en la bruma narrativa, agreste paisaje, desde luego una flora y fauna con distintos matices. Tema espinoso el de la prosa.

Tres personajes singulares que pusieron la literatura chilena e hispanoamericana en el mapa mundial. Neruda y Parra habían tenido fuerte impacto en Estados Unidos y seguidores, y ahora Bolaño revive esos viejos tiempos, con su narrativa, aunque Donoso era conocido por su trayectoria novelística y como profesor en Princeton. También Fernando Alegría, profesor en la Universidad de Stanford. Ariel Dorfman en la Universidad de Duke y dramaturgo en Broadway. Y el fenómeno de Isabel Allende, que más allá de toda opinión es el segundo best-seller de la literatura hispanoamericana, después de García Márquez. Lo de Bolaño es otra cosa: arrasó con la crítica oficial de Estados Unidos. Ramas de un mismo árbol, troncos que tomaron sus propios caminos. En esto de las afinidades y diferencias, si bien Neruda viene del simbolismo francés, Darío; Parra, Aristófanes, Luciano, Gesta Romanorum (textos medievales que influyen en Boccaccio), los poetas ingleses, ambos coinciden con Whitman y Cortázar, y Bolaño también recala en el argentino. La diferencia es que Cortázar reconoce la influencia de Residencia en la Tierra en Rayuela.

Dos (El francotirador)

Roberto Bolaño

Roberto Bolaño fue un francotirador y no se inmutó en disparar con su hígado hasta el final de sus días. No tuvo reemplazo de esa pieza vital e hizo mutis por la escena, pero nos dejó sus libros, la historia de sus pasos por Chile, México, Estados Unidos, España, Europa y por donde consideró que ese lugar era tierra fértil para un detective salvaje. Dejó dos novelas mega, otras más cortitas, varios libros de poesía y todas las opiniones que se le venían a la cabeza sobre sus pares, antecesores, países, literatura y se fue a esperar la gloria al mar, porque ya era tarde. Yo vi a una lectora como se devoraba las páginas de Los DS y mi corazón, en el más sepulcral de los absolutos silencios, el clima que reclama toda obra que se respete.

Bolaño casi no fue reconocido por sus pares ni los padres del boom. La maquinaria del silencio, indiferencia, del olvido en vida, no le hizo mella, porque siguió escribiendo y viviendo. Asumió su residencia y estancia en la tierra con la naturalidad de un pescador de historias.

El 2003, Susan Sontag, la escritora norteamericana, leyó Nocturno de Chile y recomendó la traducción de Bolaño para que ingresara a Estados Unidos. El prestigio de Susan Sontag no fue suficiente y años después, cuando ambos escritores estaban muertos, Los detectives salvajes hicieron su debut en el escenario literario, mercado, norteamericano, con bombos y platillos. Desde Cien años de soledad, la novela latinoamericana no hacía semejante ruido en Estados Unidos, con The New York Times a la cabeza desplegando elogios y páginas.

Chilenos, españoles ni latinoamericanos, el llamado mundo hispanohablante, no tomó nota de la conquista a pulso de Roberto Bolaño del hermético y nacionalista mercado estadounidense, prácticamente vedado para la literatura en idioma castellano aunque la población que habla esa lengua supera los 50 millones de personas, es la segunda lengua después del inglés en Estados Unidos y a juicio de los expertos en el 2025 la hablarán 132 millones.

La puerta que abrió Bolaño a las letras hispanas en Estados Unidos cobra vigencia, actualidad, importancia, porque a pesar de los millones que leen en castellano (español) en Estados Unidos, cuya ciudad de Nueva York cuenta con un 25 por ciento de hispanohablantes, es muy poco el impacto de nuestra literatura. Es olímpicamente ignorada para ser precisos.

A pesar de las buenas intenciones del Instituto Cervantes en NY, distintos hispanistas reconocen el poco esfuerzo de España por sentar reales de nuestra lengua en Estados Unidos. Pareciera reconocerse una segunda identidad de nacionalidad hispanoestadounidense, y de eso se han dicho muchas cosas, pero la editorial Santillana tomó el toro por las astas y editó recientemente la Enciclopedia del español en los EEUU, “una recopilación exhaustiva y pormenorizada impulsada por el Instituto Cervantes, que analiza la situación actual del español a fin de comprender mejor su proyección futura. A lo largo de 80 artículos especializados, repartidos en un total de 1.000 páginas, el lector puede consultar las múltiples realidades del mosaico hispano en EEUU. Más de 40 expertos han participado en este trabajo, coordinado por el profesor López Morales, que además de incorporar un enfoque histórico de la presencia hispana en este país, acerca a los aspectos demográficos, legales, políticos o sociolingüísticos, informa Europa Press. “Desde el microcosmos de Chicago”, agrega esa agencia europea, “donde en el año 2000 uno de cada cuatro residentes era de origen hispano, hasta las características del spanglish, la enseñanza del español en EEUU, la presencia del idioma en los medios de comunicación y el auge de lo latino tanto en la música como en el cine o el lenguaje de los jóvenes, a través del ciberhabla, están en esta enciclopedia. Así como la potente industria hispana en EEUU, que ha pasado de percibir ingresos de 30.900 millones de dólares en 1982 a 245.600 en 2002. Otro factor económico es que las personas que hablan español e inglés ganan aproximadamente 17.000 dólares anuales más. López Morales calificó de ‘útil, necesaria e indispensable’ esta enciclopedia, que surge ante el cambio ‘drástico’ de la población latina en EEUU en los últimos años. Hay hispanos profesionales, políticos, empresarios”.

”El escritor Antonio Muñoz Molina, quien dirigió el Instituto Cervantes de Nueva York en el 2006, calificó de ‘incapacidad’ por parte de las instituciones para contribuir ‘realmente’ a que esa presencia hispana en EEUU exista de verdad. Denunció que la cultura española en EEUU ‘brilla por su ausencia’. Tras criticar ácidamente la televisión internacional española y la de Estados Unidos, reconoció que acaba de salir en la costa Este de EEUU la primera revista latina de libros, una publicación ‘de calidad’ ”.

]]>
http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/11/09/mi-penultima-palabra-y-franco-tirador-parra-neruda-bolano#comentarios
"Gallo", la revista literaria de Lorca, vuelve a publicarse 80 años después http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/24/gallo-revista-literaria-lorca-vuelve-publicarse-80 2008-10-24T17:36:17+00:00 'Gallo', la revista literaria de Lorca, vuelve a publicarse 80 años después
Dibujo original de Federico García Lorca publicado en la revista "Gallo" en el año 1928.


La revista literaria "Gallo", impulsada por Federico García Lorca, vuelve a ver la luz gracias a una edición facsímil promovida por el Patronato de la Alhambra y el Generalife y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales con motivo del 80 aniversario de su aparición.

Se han reproducido los dos únicos números publicados en 1928, así como el suplemento humorístico "Pavo", a partir de los ejemplares que se conservan en la biblioteca de Luis Cernuda, ha informado hoy el Patronato.

La revista debió su nombre al gallo armado con escudo y espada nazaríes utilizado como logotipo en el periódico "El defensor de Granada", revisado por Salvador Dalí y caligrafiado por Lorca.

Pese a su efímera vida, la publicación aglutinó las líneas argumentales más interesantes de la literatura y de las artes plásticas del momento, que coinciden en reivindicar un Arte Nuevo para su tiempo, lo que convirtió a sus dos números en expresión de la controvertida vanguardia española.

La edición del facsímil coincide con la exhibición en Madrid de la exposición "Gallo. Interior de una revista. 1928", que ha sido visitada en el Palacio de Carlos V de la Alhambra por más de 90.000 personas.

La exposición, que permanecerá en la Residencia de Estudiantes hasta el 30 de noviembre, recorre la historia y la gestación de la revista a través de más de 170 piezas originales como cartas, manuscritos, fotografías y documentación diversa procedente de diferentes colecciones públicas y privadas.

]]>
http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/24/gallo-revista-literaria-lorca-vuelve-publicarse-80#comentarios
CRECE APOYO EN TODO EL MUNDO A ERNESTO CARDENAL http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/21/crece-apoyo-todo-mundo-ernesto-cardenal 2008-10-21T21:06:17+00:00
Cantautor español apoya a Carlos Mejía y Ernesto Cardenal
Joaquín Sabina en solidaridad

El prestigioso cantautor y poeta español, Joaquín Sabina, se sumó en solidaridad con el cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy, quien junto a su hermano, Luis Enrique Mejía Godoy, prohibieron en junio de este año, el uso de sus canciones para fines de propaganda política, tanto al gobierno de Nicaragua, como al partido de gobierno.

Sin embargo, esta demanda ha sido irrespeta e ignorada, violando así los derechos intelectuales que establecen plenas garantías a los autores sobre sus obras de creación personal; y también, violando el artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de1948, que indica: “Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora”.

Apoyo a Cardenal

Joaquín Sabina también se solidarizó con el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, a quien, por venganza política de la pareja presidencial, el juez danielista David Rojas, le impuso el 22 de agosto de este año, una condena “absurda” por cargos de injuria contra el empresario turístico alemán Inmanuel Zerger.

“Quiero expresar mi solidaridad con la causa de Carlos Mejía Godoy, así como también con la de Ernesto Cardenal y me pongo a vuestra disposición para lo que hiciere falta”, expresó Sabina en un correo.

Por su parte, Ernesto Cardenal afirma que, todo este montaje del gobierno se trata de una persecución política y que la condena es injusta porque él, en diciembre de 2005, ya había sido absuelto en esa misma causa por otro juez.

Actualmente Cardenal tiene embargadas sus cuentas bancarias, mismas que tienen un fondo destinado a niños con cáncer, a quienes él ofrece talleres de poesía semanalmente.

“Me han quitado todo el dinero, pero también me quitaron un dinero que es de los niños con cáncer, con quienes yo tengo talleres de poesía”, denunció el poeta.

Esta voz, vital e imprescindible de Joaquín Sabina, llega en un momento oportuno, mientras en Nicaragua se ha despertado una dictadura institucional y donde el Poder Judicial es usado para atacar, intimidar y perseguir a quienes denuncian y critican la corrupción y el autoritarismo de la pareja presidencial.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El poeta y cantautor Joaquín Sabina nació en Ubeda (Jaén), España, en 1949. Se inició escribiendo versos a los catorce años. En 1968 inicia estudios en la Universidad de Granada, pero los deja poco después para exiliarse en Londres, donde vivió como okupa y colaboró con otros exiliados en movimientos culturales y teatrales.

En 1975 comienza a componer canciones y a tocar en locales. En 1977, tras la dictadura, regresa a España, donde tiene que realizar el servicio militar. Por fin, en 1978, se publica el primer disco de Sabina, 'Inventario', consiguiendo el número uno con el tema 'Pongamos que hablo de Madrid'.

A continuación, Joaquín Sabina edita 'Malas compañías' y el álbum grabado en directo 'La mandrágora', con los que provoca un pequeño escándalo debido a los temas que toca en sus canciones. Recordemos que en España se acababa de salir del fascismo y en el aire quedaban restos de viejos olores.

Sus personajes preferidos son aquellos que nunca triunfarán: los borrachos, las prostitutas, los ladrones de barrio... Le gusta hablar de aquello que va contra las reglas y contra lo que se considera 'moralmente correcto'.

En 1983 Sabina publica 'Ruleta rusa' y dos años después 'Juez y parte'. Sus inquietudes políticas le llevan a participar en la campaña anti-Otan. Trabaja con Viceversa en el disco 'Joaquín Sabina y Viceversa'.

En 1987 se publica 'Hotel, dulce hotel', que resultó un gran éxito de ventas en España. Éxito que repitió al año siguiente con 'El hombre del traje gris', que le sirvió para dar una gran gira por Sudamérica.

En 1990 publica 'Mentiras piadosas' y en 1992 'Física y química', con el que obtuvo unos espléndidos resultados y que le llevó de nuevo a recorrer el continente americano.

Consigue nuevos éxitos, uno con 'Esta boca es mía' y 'Yo, mi, me, contigo'. En su trabajo '19 días y 500 noches', a pesar de notarse en su voz los excesos cometidos con el tabaco, nos presenta un álbum lleno de muy buenas canciones.

Tras recuperarse de una grave enfermedad, nos trajo un nuevo disco de estudio: 'Dímelo en la calle'. Grabado entre octubre del 2001 y septiembre del 2002, la producción fue realizada por dos fieles colaboradores y conocedores de Joaquín Sabina, como son Antonio García Diego y Pancho Varona. El disco cuenta con la colaboración de Pasión Vega a los coros de "La canción más hermosa del mundo" y la de Santiago Segura que canta a dúo con Sabina "Semos Diferentes", canción que se incluye como Bonus Tracks. En total 14 canciones entre las cuales encontramos un son en "Ya Eyaculé", un tango en " Yo también se jugarme la boca" o un rock en "Vamos pa'l Sur".

En 2003 Joaquín Sabina publica "Diario de un peatón", un doble CD que incluye su disco "Dímelo en la calle" y otro CD con 12 nuevas canciones y sus dos últimos videoclips en una pista multimedia interactiva. Todo en un formato de lujo con un libreto ilustrado por el propio Sabina.

En 2005, después de tres años volcado en su actividad literaria y poética, en los que Joaquín Sabina no ha grabado ningún material nuevo, reaparece rodeado de un grupo de excelentes colaboradores. El título del nuevo trabajo de Joaquín Sabina es "Alivio de luto", en el que además se incluye un DVD con entrevistas y versiones acústicas y caseras. Fuente: todomusica.org

Ingrese a poetas contra la dictadura y de su apoyo a Ernesto Cardenal (La Guerra 33)

Publicado en www.poetascontraladictadura.blogstpot.com
Managua, Nicaragua. Septiembre 12, 2008.


Mensaje solidario de Ignasio Ramonet
Querido Ernesto:

Me entero de la miserable campaña que algunos desalmados están conduciendo contra ti en tu propio país del que eres el representante más noble y más digno. Encarnas un ejemplo de entereza política que no se ha doblegado ni ante la tiranía somocista ni ante la soberbia del Vaticano. Por tu humildad, tu modestia y tu inquebrantable temperamento constituyes un modelo para todos aquellos y aquellas que luchan, sin traicionar nunca principios, en favor de los desfavorecidos. Y quisiera expresarte mi total solidaridad en este penoso momento.
Te ruego me digas de que modo podría serte lo más útil. Sabes que puedes contar conmigo y con millones de amigas y amigos por el ancho mundo que te admiran como creador, como poeta, como militante, como revolucionario y como indómito resistente. Un fuerte abrazo solidario.

Ignasio Ramonet
Director de “Le Monde Diplomatique”

]]>
http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/21/crece-apoyo-todo-mundo-ernesto-cardenal#comentarios
MURTEGUISMO SIGUE SU POLÍTICA PERSECUTORIA http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/20/murteguismo-sigue-su-politica-persecutoria 2008-10-20T13:21:46+00:00 EN DEFENSA DEL PERIODISTA CARLOS FERNANDO CHAMORRO

El proyecto de concentración arbitraria de poder a largo plazo del presidente de Nicaragua Daniel Ortega, en lo que cada vez más asume el carácter de una dictadura familiar, ha llevado en los últimos meses a la clausura de partidos políticos y malversación de las reglas electorales, a la represión a garrotazos de manifestaciones opositoras por medio de fuerzas de choque, a la persecución de artistas y escritores como el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal y los hermanos Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, a la presión contra canales de televisión independientes para cancelar programas de opinión críticos al régimen, como ocurrió con "El 2 en la Nación", y a juicios amañados contra directores de medios de comunicación, como ha ocurrido con los director del diario La Prensa, todo en medio de una campaña intimidatorio de injurias, difamación y calumnias en contra de los periodistas independientes y de los dirigentes de organizaciones políticas y civiles.

El último en esta lista es el periodista Carlos Fernando Chamorro, hijo de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el valiente director del diario La Prensa asesinado por la dictadura de la familia Somoza en 1978. Carlos Fernando dirige en Managua el programa de televisión Esta Semana, que se transmite por el canal 8 y goza de amplia credibilidad por su independencia y profesionalismo, y preside también la Fundación Cinco, dedicada a promover investigaciones sobre comunicación, cultura y democratización, y a promover el periodismo investigativo.

En junio del año pasado, Carlos Fernando presentó en Esta Semana una investigación periodística demostrando la existencia del primer gran caso de corrupción en el gobierno de Ortega: una millonaria extorsión extrajudicial fraguada desde la Secretaría del partido FSLN, donde también opera la Casa Presidencial. La Fiscalía enterró el caso en la impunidad; el empresario que denunció la extorsión fue condenado por injurias y calumnias, y el diputado Alejandro Bolaños, que respaldó la denuncia, fue despojado arbitrariamente de su escaño legislativo.

Desde entonces Carlos Fernando fue sometido a una campaña de difamación en la televisión y la radio oficial, que controla Rosario Murillo, la esposa de Ortega, atribuyéndole delitos tales como los de "narcotraficante, asociación para delinquir, agresor de campesinos y mafioso roba-tierras", en un franco afán de intimidarlo y callarlo. Ahora, se le ha abierto causa por "lavado de dinero".

El Ministerio de Gobernación ha acusado a Cinco, y por tanto a Carlos Fernando, de "triangulación y lavado de dinero" por haber suscrito un convenio con el Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), organismo que ha condenado la prohibición del aborto terapéutico establecido en las leyes por el régimen de Ortega, convenio financiado por ocho gobiernos europeos y administrado por OXFAM de Inglaterra, con el propósito de promover "la ciudadanía plena de las mujeres".

La médica argentina Ana María Pizarro, reconocida en Latinoamérica por su compromiso en la defensa de los derechos de las mujeres, pidió protección a la Cancillería de Argentina para ella y su hijo de 13 años, y denunció que está siendo víctima de una serie de acciones persecutorias de parte del gobierno de Nicaragua, al igual que otras ocho líderes feministas de ese país. Pizarro vive hace 28 años en Managua, y en 1996 adoptó la nacionalidad nicaragüense. “Me fui de la Argentina perseguida durante la última dictadura militar y ahora vivo el hostigamiento del régimen de Ortega”,

En los últimos días, organizaciones de mujeres, de derechos humanos y sociales de distintos países de la región iniciaron una “denuncia internacional de las acciones persecutorias desarrolladas por parte del gobierno de Nicaragua” contra feministas.

La esposa de Ortega se había adelantado a señalar este convenio como el "el fondo satánico" y "Los fondos del mal". El caso ha pasado a la Fiscalía General, que decide las acciones penales en contra de los ciudadanos, y Carlos Fernando fue sometido ya a un extenso interrogatorio por los fiscales designados para llevar el caso.

Carlos Fernando ha declarado: "al no existir una base legal sobre esta investigación, tengo la convicción de que el gobierno está intentando armar un caso jurídico para justificar una acción de represalia política, que ya fue decidida en las más altas esferas del poder, contra Cinco y sus directivos, así como contra periodistas, medios de comunicación, y organizaciones de la sociedad civil, que en base a sus derechos constitucionales ejercen una labor crítica sobre la gestión del gobierno."

Posteriormente, la Fiscalía General, valiéndose de la orden fabricada de un juez de los que obedecen a Ortega, consumó un allanamiento policial violento a las oficinas en que funciona la Fundación Cinco. En el operativo fueron utilizados más de 40 policías que acordonaron la zona con cintas de "escena del crimen", se rompieron las puertas, y en un allanamiento y operación de cateo que duró 15 horas, fueron secuestrados los archivos de la organización, más de 15.000 folios, y cinco computadoras, de las que no se revisó su contenido, con lo que estos pueden ser falseados. Lo mismo fue hecho en la sede del Movimiento Autónomo de Mujeres.

Llamamos a la comunidad internacional a denunciar estos hechos que sólo demuestran el camino que Nicaragua lleva hacia la dictadura bajo el régimen de Ortega, y a solidarizarse plenamente con el periodista Carlos Fernando Chamorro, amenazado con la cárcel, quien igual que su padre defiende el derecho a la libre expresión frente a la brutalidad del autoritarismo.

]]>
http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/20/murteguismo-sigue-su-politica-persecutoria#comentarios
LA MISIÓN DEL ESCRITOR http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/13/la-mision-del-escritor 2008-10-13T20:30:07+00:00 Albert Camus


Discurso pronunciado por Camus cuando se le entregó el Premio Nóbel de Literatura en Estocolmo en 1958

Al recibir la distinción con que vuestra libre academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre casi joven todavía rico sólo de dudas, con una obra apenas en desarrollo, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin cierta especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, en plena luz? ¿Con qué estado de ánimo podría recibir ese honor al tiempo que, en tantas partes, otros escritores, algunos entre los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natral conoce incesantes desdichas?

Sinceramente he sentido esa inquietud y ese malestar. Para recobrar mi inquietud y este malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme a tono con un destino harto generoso. Y como me era imposible igualarme a él con el sólo apoyo de mis méritos, no ha llegado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitidme que, aunque sólo sea en prueba de reconocimiento y amistad, os diga, con la sencillez que me sea posible, cuál es esa idea.

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. Por el contrario, si él me es necesario, es porque no me separa de nadie y que me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues al artista a no aislarse; muchas veces he elegido su destino más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistantes entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y sin han de tomar un partido en este mundo, este sólo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Por lo mismo, el papel del escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si lo consintiera. Pero el silencio de un prisionero desconocido, basta para sacar al escritor de su soledad, cada vez, al menos, que logra, en medio de los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trata de recogerlo y reemplazarlo para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.

Ninguno de nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre de poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificara a condición de que acepte, en la medida de lo posible, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio de la verdad y el servicio de la libertad. Y pues su vocación es agrupar el mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira y a la servidumbre que, donde reinan, hacen proliferar las soledades. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia a la opresión.

Durante más de veinte años de una historia demencial, perdido sin recurso, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, esencialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres -nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años a tiempo de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, y que para poder completar su educación se vieron enfrentados luego a la guerra de España, la segunda guerra mundial, el universo de los campos de concentración, la Europa de la tortura y las prisiones -se ven obligados a orientar sus hijos y sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta que llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación, han reivindicado el derecho y el deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad. Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia.

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrías hacerlo, pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión, esa generación ha debido, en sí misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de sus amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores arriesgan establecer para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza. No es seguro que esta generación pueda al fin cumplir esa labor inmensa, pero lo cierto es que, por doquier en el mundo, tiene ya hecha, y la mantiene, su doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad y que, llegado al momento, sabe morir sin odio por ella.

Es esta generación la que debe ser saludada y alentada donde quiera que se halla y, sobre todo, donde se sacrifica. En ella, seguro de vuestra segura aprobación, quisiera yo declinar hoy el honor que acabáis de hacerme.

Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y la belleza; consagrado, en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.

¿Quién, después de esos, podrá esperar que el presente soluciones ya hechas y bellas lecciones de moral? La verdad es misteriosa, huidiza, y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino. ¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse predicador de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad y esperanza de volverlos a vivir.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos límites, a mis deudas y también a mi fe difícil, me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabáis de hacerme. Más libre también para deciros que quisiera recibirla como homenaje rendido a todos los que, participando en el mismo combate, no han recibido privilegio alguno y, en cambio, han conocido desgracias y persecuciones. Sólo me resta daros las gracias, desde el fondo de mi corazón, y haceros públicamente, en prenda de personal gratitud, la misma y vieja promesa de felicidad que cada verdadero artista se hace a sí mismo, silenciosamente, todos los días.

Albert Camus, "La misión del escritor", en Antología de visionarios implacables, Buenos Aires, Mutantia, pp.20-23

]]>
http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/13/la-mision-del-escritor#comentarios
JUAN JOSÉ MILLÁS PREMIO NACIONAL DE NARRATIVA 2008 EN ESPAÑA http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/13/juan-jose-millas-premio-nacional-narrativa-2008-espana 2008-10-13T15:20:58+00:00
Por su novela 'El Mundo'

"Hay novelas que nacen con gracia"



Foto de la Noticia
Foto: EP + Ampliar

MADRID, 13 Oct. (EUROPA PRESS)

El periodista y escritor Juan José Millas, galardonado hoy el Premio Nacional de Narrativa 2008 por su novela 'El mundo', que también obtuvo el Premio Planeta 2007, asegura que hay novelas "que nacen con gracia".

"Quiero suponer que esta novela está bien desde el punto de vista literario; aquí se incluye la belleza formal, y la pertinencia de los contenidos", explicó el autor tras conocer la noticia del premio.

Contento y sorprendido-- Millás reconoció que no sabía que se fallaba hoy el Premio Nacional de Narrativa, ni que estaba entre los finalistas-- el autor y periodista consideró este galardón es "regalo espléndido en un lunes por la mañana"."Teniendo en cuenta el jurado que participa en este premio, con representantes de distintas instituciones, la universidad, academias o suplementos literarios, es un jurado intachable y merece todo el respeto", declaró.

'El mundo' es una novela de corte autobiográfico o como el propio Millás señala una "biografía novelada", que rescata los recuerdos del autor de una adolescencia y juventud, marcada por su traslado desde Valencia, que consideraba "un paraíso", a Madrid, "un destierro mesetario".

"Con un material autobiográfico puedes hacer una basura o puedes hacer una cosa bella, pero quiero suponer que he hecho una cosa que esta bien o al menos pasable", alegó este escritor y periodista, colaborador habitual del diario 'El País' y autor de las novelas 'El desorden de tú nombre', 'Visión del ahogado', 'El Jardín vacío' o 'La soledad era esto', entre otras.

"Fue una infancia dolorosa pero sobre todo he puesto el acento en lo fabuloso de lo cotidiano", asegura Millás, quien con 'El mundo' ha conseguido crear un híbrido entre la confesión y las memorias en donde el autor no muestra aspectos de orden costumbristas, sino "cómo un niño percibe el mundo ajeno y extraño", aseguró.

UNA METÁFORA DEL MUNDO

El escritor construye su historia en una calle madrileña y que es "una metáfora del mundo" y con los años aprendió que la escritura, era como el bisturí de su padre, que "cicatrizaba las heridas en el instante de abrirlas".

"Siempre he estado muy seguro de esta novela", confesó Millas, quien aclaró que un autor no siempre "está seguro de lo que escribe". Por eso dejó "dormir" en un cajón esta novela durante dos años, para comprobar su valía y vigencia. "Cuando la volví a leer como si fuera de otro, comprendí que siempre había estado muy seguro de ella", recalcó.

Al escritor le atrae la infancia porque a los niños "no les da vergüenza mostrar su extrañeza" y asegura que cualquier lector que coja esta novela sabrá si le atrae "al leer las tres primeras líneas". "Yo creo que este libro lo tienen que leer aquellos lectores a quienes está destinado", indicó.

UN PRÓXIMO LIBRO DE CUENTOS

Millás está a punto de embarcarse para la promoción de su próxima obra, un libro de cuentos, pero advirtió que no abandonará el periodismo, con el que asegura "experimenta mucho" y le produce una "gratificación inmediata".

El Premio Nacional de Narrativa que concede el Ministerio de Cultura está dotado con 20.000 euros y tiene como finalidad distinguir la mejor novela publicada, en este caso en 2007, tanto en castellano como en cualquiera de las otras lenguas cooficiales del Estado.

El Jurado ha estado formado por José Antonio Pascual Rodríguez, propuesto por la Real Academia Española; Euloxio Rodríguez Ruibal, por la Real Academia Gallega; Arantza Urretabizkaia Bejarano, por la Real Academia de la Lengua Vasca; Carme Arnau Faidella, por el Instituto de Estudios Catalanes; Antonio Gómez Rufo, por la Asociación Colegial de Escritores (ACE); Carlos Galán Lorés, por la Asociación Española de Críticos Literarios; José Lara Garrido, por la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas; Tomás Hoyas Díez, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); José María Pozuelo Yvancos por el Ministerio de Cultura; y los dos últimos ganadores, Vicente Molina Foix y Ramiro Pinilla García.

Actuó como presidente el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Rogelio Blanco, y como vicepresidenta, la subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Mónica Fernández.

]]>
http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/13/juan-jose-millas-premio-nacional-narrativa-2008-espana#comentarios
URANIA (Fragmento) http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/10/urania-fragmento 2008-10-10T20:56:31+00:00 Jean-Marie Gustave Le Clezio (Premio Nobel de Literatura 2008)

Inventé un país
Era la guerra. Aparte de mi abuelo Julien, no había ningún hombre en casa. Mi madre era una mujer de cabellos muy negros, la piel del color del ámbar, unos ojos grandes bordeados de pestañas que parecían un dibujo al carbón. Ella pasaba mucho tiempo al sol, me acuerdo de la piel de sus piernas, brillante sobre las tibias, por las que me gustaba deslizar los dedos. No teníamos gran cosa que comer. Las noticias que nos llegaban eran muy alarmantes.
Sin embargo, conservo de mi madre en aquella época el recuerdo de una mujer alegre y despreocupada, que tocaba melodías en la guitarra y cantaba. Le gustaba leer también, y es de ella de quien he heredado la convicción de que la realidad es un secreto, de que es soñando cómo se está cerca del mundo.
Mi abuela paterna era muy distinta. Era una mujer del norte, de los alrededores de Compiègne o de Amiens, de un largo linaje de campesinos cerrados y autoritarios. Se llamaba Germaine Bailet, y ese nombre contenía todo lo que ella era, avara, terca, voluntariosa.
Era muy joven cuando se casó con mi abuelo, un hombre de otra época, un ex profesor de geografía que había dimitido para consagrarse al estudio del espiritismo.
Se aislaba en su escritorio a fumar cigarrillo tras cigarrillo de tabaco negro, leyendo a Swedenborg. Jamás hablaba de eso. Salvo una vez, cuando al verme leer una novela de Stevenson había dicho en un todo definitivo: “Harías mejor en leer tu Biblia”. Su contribución a mi crianza se detuvo allí.
Mi madre tenía un nombre único. Un nombre dulce y ligero, que evocaba su isla, y que se llevaba bien con su risa, sus canciones y su guitarra. Se llamaba Rosalba.
La guerra, es cuando se tiene hambre y frío. ¿Siempre hace más frío mientras duran las guerras? Mi abuela Germaine sostenía que las dos guerras que ella había conocido, la primera, la “Grande”, y la otra, la “cochina guerra”, habían estado marcadas las dos por veranos tórridos, seguidos de inviernos de espanto. Ella contaba que en el verano de 1914, en su pueblo, las alondras cantaban: “¡Este estío, este estío!” Y no fue hasta el día en que fijaron los carteles con la orden de movilización, a mediados de agosto, que los campesinos comprendieron.
Mi abuela no había hablado de pájaros que cantaran en el verano de 1939. Pero contaba que mi padre había partido en medio de una tormenta. Había besado a su mujer y a su hijo, se había alzado el cuello bajo la lluvia, y no había regresado jamás.
En la montaña hacía frío a partir de octubre. Llovía todas las noches. Los arroyos corrían por el centro de las calles, haciendo una música triste. Había cuervos en los campos de papas, mantenían una suerte de reuniones, sus graznidos colmaban el cielo vacío.
Vivíamos en el primer piso de una vieja casa de piedra, a la salida del pueblo. La planta baja estaba compuesta por una gran pieza vacía que antaño había servido de depósito, y cuyas ventanas fueron tapiadas por orden de la Kommandantur.
Es el olor de aquel tiempo lo que yo no puedo olvidar. Una mezcla de humo, de moho, un olor a castañas y a repollos, un algo de frío, de inquietante. La vida pasa, uno corre aventuras, se olvida. Pero el olor permanece, a veces resurge, en el momento en que uno menos lo espera, y con él regresan los recuerdos, la longitud del tiempo de la infancia, del tiempo de la guerra.
La falta de dinero. ¿Cómo la adivina un niño de cuatro, cinco años? Mi abuela Germaine hablaba de eso algunas tardes, mientras yo me dormía a medias sobre mi plato vacío. “¿Cómo vamos a hacer?
Hace falta leche, legumbres, todo cuesta caro.” No es dinero lo que falta, sino tiempo. Los medios para no pensar más en el tiempo, para no tener miedo del día que se acaba, del día que recomienza.
La sala de estar era la cocina. Las habitaciones eran sombrías y húmedas. Sus ventanas miraban a una pared rocosa, cubierta de musgo, en la que el agua parecía caer en continua cascada. La cocina estaba del lado de la calle, iluminada por dos ventanas sobre las cuales mi abuela, al caer la noche, fijaba papel azul para el toque de queda. Es allí donde pasábamos la mayor parte de la jornada. Incluso en invierno, siempre había sol. No teníamos necesidad de cortinas, porque no había nadie enfrente. La calle, en ese lugar, era la carretera que iba hacia las montañas. Por allí no pasaba casi nadie. Una vez por día, en la mañana, el esforzado autobús subía la cuesta con un ruido ahogado de gasógeno.
Cuando lo oía venir, yo me precipitaba a la ventana, para ver ese insecto de metal, sin nariz, cuyo techo estaba cargado de trastos atados con hilos debajo de las lonas. La parada del coche estaba un poco más abajo, sobre la plaza, delante del puente. Inclinándome yo alcanzaba a ver, por encima de los campos de hierbajos, los techos del pueblo y la torre cuadrada de la iglesia, con su esfera de reloj con números romanos. Nunca llegué a leer la hora, pero me parece que debía marcar siempre el mediodía.
La cocina, en primavera, se llenaba de moscas. Mi abuela Germaine sostenía que eran los alemanes quienes las habían traído.
“Antes de la guerra no había tantas.” Mi abuelo se burlaba de ella. “¿Cómo puedes estar segura? ¿Las has contado?” Pero ella no daba el brazo a torcer. “Ya en el 14 las vimos llegar. Los boches las traían en canastos, eran ellos quienes las soltaban, para desmoralizarnos.”
Para luchar contra los insectos, mi abuela desplegaba papeles adhesivos colgados de la ampolla eléctrica. Por falta de medios, ella utilizaba todas las mañanas el mismo rollo, que limpiaba cada noche. Pero al mismo tiempo sacaba el poco de cola que quedaba y muy pronto, tratándose de una trampa, el rollo les servía a los insectos más bien de pértiga. Mi abuelo, por su parte, tenía un método más radical. Armado de una palmeta veinte veces remendada, salía de caza todas las mañanas, y no aceptaba desayunar hasta que había derribado un buen centenar de moscas. El hule no era el escenario de esos combates. Mi abuela Germaine había prohibido terminantemente que se aplastase ninguna mosca sobre él, por razones de higiene.
En cuanto a mí, ese hule era el principal decorado de mi vida. Era una tela de las más ordinarias, bastante gruesa, de un brillo un poco aceitoso y que despedía un olor a azufre y a caucho, mezclado a los perfumes de la cocina.
Allí comía, dibujaba, soñaba y, en ocasiones, dormía. Estaba decorado con motivos que no sé si representaban flores, nubes u hojas, quizá todo eso a la vez. Allí mi abuela preparaba la comida con mi madre, picando las legumbres y los trozos de carne, pelando zanahorias y papas, nabos, topinambures. Mi abuelo Julien elaboraba allí la mixtura que fumaba, mezcla de trocitos de tabaco, matas de zanahorias secas y hojas de eucalipto. Al mediodía,cuando sus suegros hacían la siesta, mi madre Rosalba me daba la lección. Con el libro abierto, me leía las historias.
Después me llevaba a pasear hasta el puente, para mirar el río. La noche llegaba muy rápido en el invierno. Pese a los gorros de lana y a las pieles de cordero, estábamos siempre tiritando. Mi madre se quedaba un momento vuelta hacia el sur, como si esperase a alguien. Yo la arrastraba de la mano, para volver a la casa. A veces nos cruzábamos con niños del pueblo, con mujeres vestidas de negro. Podía ser que mi madre intercambiara algunas palabras. Para ganar un poco de dinero, por la noche cosía sobre el famoso hule. Yo creo que fue apoyado en ese mantel que por primera vez pensé en un país imaginario.
Estaba ese grueso libro rojo que leía mi madre, y que hablaba de Grecia, de sus islas. Yo no sabía lo que era Grecia. Tan sólo palabras. Afuera, en el frío corredor del valle, por la plaza de la iglesia, en las tiendas adonde yo acompañaba a mi madre y a mi abuela cuando iban a comprar leche o papas, allí no había palabras. Sólo el sonido de las campanas, el ruido de las galochas sobre el empedrado, gritos.
Pero del libro rojo salían palabras, nombres. Caos, Eros, Gaia y sus hijos, Pontos, Océanos y Uranos, el cielo estrellado. Yo los escuchaba sin comprender. Se trataba del mar, del cielo, de las estrellas. ¿Yo sabía lo que era eso? No los había visto nunca. No conocía otra cosa que los dibujos del hule, el olor a azufre, y la voz canora de mi madre que leía. En el libro fue donde encontré el nombre del país de Urania. Tal vez haya sido mi madre quien inventó ese nombre, para compartir mi sueño. Vi al enemigo. Digo “el enemigo” porque no sabía quiénes eran, ni de dónde venían.
Mi abuela Germaine los odiaba tanto que no pronunciaba jamás su nombre. Los llamaba los boches, los fritz, los teutones, los hunos. Decía solamente “ellos”. “Ellos” han llegado.
“Ellos” han ocupado un pueblo. “Ellos” cortan las carreteras. “Ellos” destruyen casas.
Era una amenaza, algo apenas real. La guerra no tiene sentido para los niños. Primero tienen miedo, después se acostumbran. Cuando se acostumbran es cuando todo se vuelve inhumano.
Yo pensaba en la guerra sin creer en ella. Cuando iba al pueblo con mi madre, recogía guijarros por la ruta. “¿Qué vas a hacer con eso?”, me preguntó ella una vez. Yo metí las piedras en mis bolsillos. “Son para arrojarlas”, dije. Mi madre debió preguntar: “¿Arrojarlas contra quién?”. Pero había comprendido. No me hizo más preguntas.
Ella nunca hablaba de todo aquello, de la guerra, de los enemigos. Ese era su juego: hablar de otra cosa, pensar en otra cosa. La angustia debía resultarle insoportable. Algunas veces, por la noche, en lugar de cenar, ella iba a acostarse en la oscuridad.
El libro rojo, Urania, las leyendas de Grecia, todo eso contaba más para ella que lo que pasaba en las montañas. Al mismo tiempo, todas las mañanas salía, iba hasta el final de la ruta en busca de noticias, a escuchar lo que se decía, en la panadería, en las tiendas. Como si mi padre fuese a aparecer en la entrada del pueblo, bruscamente, tal como desapareció.
Era el otoño. Los enemigos estaban en el pueblo. Había un ruido de motores. No el autobús a gasógeno con su jadeo sibilante.
Motores que hacían una música en dos tonos, uno agudo, otro más grave. Esa mañana me despertó el ruido. Estaba solo en la habitación, tuve miedo. Los muros y el suelo temblaban. En la cocina vi a mi madre y a mi abuela paradas en el ángulo de la ventana. Habían descolgado el papel azul, el sol entraba a raudales hasta el fondo de la cocina. Eso le daba a todo un aire de fiesta. Mi abuelo Julien se había quedado sentado en su sofá, miraba delante de sí, noté que sus manos temblaban un poco.
“Daniel.” Mi madre murmuró mi nombre, y su voz estaba diferente. Cuando me acerqué a la ventana, ella me apretó contra sí, como para hacerme un escudo. Yo sentía el hueso de su cadera contra mi mejilla, y hacía esfuerzos por ver, poniéndome en puntas de pie.
Afuera, a lo largo de la calle, una columna de camiones avanzaba lentamente, el ruido de sus motores hacía temblar los vidrios. Ascendían por la carretera, tan cerca unos de otros que se los habría tomado por un tren.
Desde donde estaba yo, arrinconado entre el muro y la cadera de mi madre, sólo veía los toldos y los cristales de los camiones, como si nadie fuese a bordo de ellos.
Miraba el largo desfile de camiones, oía el estrépito de sus motores, los vidrios que temblaban, quizá los latidos del corazón de mi madre, mi cabeza apoyada en su costado, el miedo que colmaba la estancia, el valle. Aparte del ruido de los motores, todo estaba vacío. Ninguna voz. ¿Ladraban los perros en los patios? Aquello duró mucho tiempo. El rugido de los camiones parecía que no iba a terminar nunca. El enemigo remontaba el valle, se hundía en la garganta de la alta montaña, rumbo a la frontera. El sol brillaba en la pared de la cocina. Por encima de nosotros, el cielo era azul, todavía un cielo de verano. Sin duda las nubes se amontonaban en el Norte, sobre las cumbres de las montañas. Las moscas, trastornadas un momento por la vibración de los motores, habían recomenzado su danza encima del hule. Sin embargo a mi abuelo Julien ni se le ocurría cazarlas. Permanecía sentado delante de la mesa, la luz le daba de lleno, estaba pálido y muy viejo, muy alto y delgado, sus ojos atravesados por la luz, dos canicas transparentes, grisazules.
No sé por qué, es esa imagen de mi abuelo la que conservo, se ha superpuesto a todas sus fotos. Tal vez sea el vacío de su mirada, la palidez de su rostro lo que me permite comprender la importancia del acontecimiento que estábamos viviendo, el enemigo que pasaba bajo nuestras ventanas parecido a un largo animal de metal sombrío.
Mario murió esa mañana. Mario era como mi hermano mayor, a veces jugaba conmigo en el patio detrás de la casa.
Era joven, un poco loco. Más tarde imaginé que estaba enamorado de mi madre, pero es una simple suposición, pues ella nunca ha dicho nada de eso. Yo estaba en la cama de mi abuela, ensoñaba mientras miraba los rayos de sol que pasaban por debajo de la puerta.
Todos se habían ido muy lejos. Yo oía una voz que lla≠maba a mi madre, con un acento quejumbroso: “¡Rosalba!”. El rostro de mi padre era oscuro, pero no como si estuviese en sombras. Ennegrecido por el humo, más bien. “¡Rosalba!” repetía la voz, pero no era una voz de hombre, en realidad era la voz de mi abuela. Una voz lenta, que se arrastra sobre las sílabas. A menudo tengo ese sueño. Mi padre se fue cuando yo era un bebe, y sin embargo estoy seguro de que es él el que aparece, en el marco de una puerta, y yo tengo un miedo muy grande de oír la voz que llama a mi madre. No le he hablado de esto a nadie.
Esa mañana, durante el sueño, oí una cercano. Eso fue lo que me despertó.
Después, ya no sé lo que pasó. Mi abuela ha regresado de darles de comer a sus conejos, en el patio. Ha escondido los conejos detrás de los haces de leña para que no se los roben. De cuando en cuando mata alguno, y luego lo desuella. Sabe hacerlo muy limpiamente.
Un día la he visto, en el patio. El conejo estaba colgado de un clavo en la pared, en el suelo había un charco de sangre, las manos de mi abuela estaban rojas.
Más tarde, mi madre volvió de las compras. Había comprado una hogaza de pan, leche en un tarro de hierro, algunos nabos con sus hojas para hacer un caldo. Apoyó las compras sobre la mesa. Mi abuelo Julien bebía su achicoria a grandes sorbos, aspirando ruidosamente.
Por lo general, mi abuela lo regañaba: “¡No hagas ese ruido, es muy molesto!”. Pero ella no decía nada. Mi madre parecía triste. La oí cuchichear con mi abuela, hablaban de Mario. Yo no comprendí inmediatamente. Fue más tarde, mucho más tarde, después de la guerra. Mario transportaba una bomba que debía colocar en el puente. Es la ruta que toman los enemigos para ir hacia los collados.
Cuando comprendí que Mario había muerto, me vinieron otra vez todos los detalles. La gente se lo contaba a mi abuela de todas las maneras posibles. Mario iba por el campo, un poco más arriba, a la salida del pueblo.
Escondía la bomba en una bolsa, iba corriendo. Tal vez se haya enredado los pies en un montículo de tierra, lo cierto es que se cayó. La bomba hizo explosión. No se encontró nada de él. Era algo maravilloso.
Era como si Mario se hubiese escabullido hacia otro mundo, hacia Urania. Después pasaron los años, un poco lo he olvidado. Hasta ese día, mucho tiempo después, cuando el azar me reunió con
El joven más extraño que he conocido jamás.
Yo viajaba por el oeste mexicano, en un autobús que iba desde el puerto de Manzanillo hasta la ciudad de Colima. El autobús estaba atestado cuando subí a bordo, y me fui directamente al fondo, hacia el único lugar libre. No le presté atención a mi vecino inmediatamente, pero el autobús comenzó a rodar y él abrió la ventana corrediza a causa del calor. Me tocó el brazo para preguntarme por señas si el viento me molestaba. Como yo le respondí que al contrario me hacía bien, él esbozó una sonrisa y luego se puso a mirar por la ventana. Un momento después, volvió a girar hacia mí para decirme su nombre: “Raphaël Zacharie”. Yo me presenté: “Daniel Sillitoe”, y le tendí la mano. El muchacho vaciló antes de tomarla, y en lugar de estrecharla se contentó con tocar la punta de mis dedos con un rápido ademán.
Aparte de nuestros nombres, no se había pronunciado ninguna palabra.
Fue entonces cuando me di cuenta de la extrañeza de mi vecino de ruta. Para no tener que volver a ello, voy a trazar brevemente su retrato.
Llevaba el cabello moreno muy corto, tupido y erizado como los pelos de un puercoespín. Pero su rostro oscuro era redondo y suave, con rasgos indígenas, una nariz fina, pómulos anchos, unos ojos negros en forma de almendra desprovistos de pestañas y de cejas. Noté también la ausencia de lóbulo en su oreja.
Por otra parte mi compañero parecía más interesado en el paisaje que en lo que ocurría dentro del autobús. Permanecía inclinado hacia la ventana, con los ojos fruncidos a causa del viento y del polvo, mirando desfilar las calles de la ciudad, la gente en las veredas. El autobús hacía zumbar el motor, de cuando en cuando la estridencia de la bocina resonaba contra los muros de los edificios.
Después de la ciudad de Tecomán, atravesada dentro de una nube de polvo y de ruido, el autobús comenzó a rodar por una garganta que remonta el curso seco del río Almería. Luego trepó las laderas volcánicas.
Un poco más tarde, Raphaël me dirigió la palabra para mostrarme su reloj de pulsera, una cosa chillona con un cuadrante azul metalizado, de esos que venden ilegalmente en los accesos de los mercados.
La pulsera también era de metal, hecha de eslabones dorados. El muchacho me habló en español, con un acento un poco germánico. “Lo compré en manzanillo – me explicó–. Es mi primer reloj.” Yo dije un poco estúpidamente, porque no sabía qué responder, como un niño: “Es bonito. ¿Es un reloj a pila o a cuerda?”. Raphaël me miró con un aire un tanto condescendiente. “Sabes, adonde yo voy no hay nada eléctrico. Es a cuerda.” Raphaël se volvió.
Miró por la ventana, pensé que yo había dejado de interesarle. Luego, un largo momento después, me volvió a hablar. Me hizo preguntas sobre mi padre, sobre lo que hacía. Yo le dije que mi padre había muerto durante la guerra, cuando yo era un bebé, y que no me acordaba de él. Lo dije para simplificar. No podía decirle que mi padre había desaparecido, que yo nunca había sabido lo que le había ocurrido. “¿Y tu madre?” Vacilé antes de decirle: “Está vieja, yo creo que ya no tiene ganas de vivir, va a tener que irse a una casa con otros viejos,
ya no sabe quién es”.
Raphaël me miraba sin comprender. “Dices cosas extrañas. ¿Cómo es que se puede no tener más ganas de vivir?” Y agregó: “Entre nosotros, la gente no es muy vieja, pero todos tienen ganas de vivir. No se les ocurre irse a una casa con otros viejos, esperan quedarse siempre con nosotros”.
Yo pregunté: “¿Dónde es, tu casa?”. No respondió enseguida. Después me dijo, y era la primera vez que yo oía ese nombre: “El lugar se llama Campos”. “Háblame de Campos”, le dije. Raphaël me miró con desconfianza. “Es un lugar como cualquier otro –respondió–. Allá no hay nada extraordinario. Es un pueblo, eso es todo.”
El joven había cambiado de expresión. De repente tenía un aire de reserva, de hostilidad. Comprendí que mi pregunta le había molestado, que había percibido la curiosidad.
Sin duda no había sido yo el primero en notar su manera de ser, su aspecto físico, sus ropas. Debía tener la costumbre de alejar a los importunos.
Pensé en otra manera de plantear mis preguntas que no fuese demasiado inquisidora, pero él pareció adivinar mis intenciones, porque comenzó a decir: “Si realmente quieres saberlo, yo nací en Québec, en Rivière-du-Loup. Cuando mi madre falleció, mi padre me llevó a Campos, porque ya no podía ocuparse de mí”.
Se detuvo un momento, creí que iba a continuar su historia, pero dijo: “Sabes, en Campos tenemos una costumbre. Cuando los muchachos y las muchachas han crecido (utilizó la expresión de los indios, desarrollado), tienen que dejar el pueblo e ir adonde quieran, para ver el mundo. Hay muchos que van a las grandes ciudades, a Guadalajara, o a México.
Los que tienen los medios se van a otros países, a los Estados Unidos o a Costa Rica. Yo quería ver el mar, porque he olvidado el mar desde que dejé mi país. Así que tomé el autobús para Manzanillo. Con el dinero que me han dado, compré muchos juguetes de plástico y los vendí en los mercados, o en las playas. Me compré un reloj. Ahora ya no me queda dinero, así que regreso a Campos. Eso es todo, no tengo nada más que decir sobre el asunto”. Parecía bastante contento de haber contado ese cuentito.
Y a mí me costaba creérselo. Me daba la impresión de alguien muy astuto bajo una máscara de ingenuidad infantil.
Tenía respuestas preparadas, y las utilizaba según la circunstancia. “¿Y te gustó el mar en Manzanillo?” Se distendió, recuperó su aire despreocupado.
“Es magnífico –dijo–. Es grande, muy grande, y las olas caen sobre la playa todo el tiempo, de día, de noche, ¿de dónde vienen?”
Me miraba con ojos brillantes. Comprendí que aquella no era una manera de hablar, sino de plantear la pregunta realmente. “No sé –respondí–. Del otro lado del mundo, de la China o de Australia, supongo.”
Mi respuesta no le satisfizo. Entonces volvió a hablar de Campos. “Sabes, Campos, allá donde yo vivo, es un pueblo muy pequeño, en el extremo de un valle, con una montaña muy alta encima.
Al principio, cuando yo llegué, creía que más allá de esa montaña no había nada, creía que era el fin del mundo. Pensaba en mi país, en Rivière-du-Loup, quería escaparme para volver allá. Después me olvidé, me acostumbré a vivir sin mi padre.
Estuve contento de ir a Manzanillo, de ver la ciudad con toda la gente, de ver el mar, al anochecer me sentaba en la playa y miraba las olas.”
El autobús escalaba la montaña por una ruta en zigzag. Ya no se veía el lecho del río Armería, ni las planicies áridas.


Editorial El cuenco de plata

]]>
http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/10/urania-fragmento#comentarios
Le Clézio fue ditinguido con el Premio Nobel de Literatura http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/09/le-clezio-fue-ditinguido-con-premio-nobel-literatura 2008-10-09T16:27:34+00:00

El francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, autor de más de treinta libros entre cuentos, novelas y ensayos, fue distinguido hoy con el Premio Nobel de Literatura 2008, según dio a conocer la Academia Sueca

El galardón le fue otorgado por ser "el escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada, investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante", según la argumentación de la Academia.

Además, señala que, partiendo de los últimos estertores del existencialismo y del "nouveau roman", Le Clézio ha conseguido "rescatar las palabras del estado degenerado del lenguaje cotidiano y devolverles la fuerza para invocar una realidad existencial", reprodujo la agencia DPA.

El escritor, de 68 años de edad, recibirá el 10 de diciembre próximo, un cheque por 10 millones de coronas suecas (más de un millón de euros), en la solemne ceremonia de entrega de los Nobel.

El nombre del escritor francés circulaba con insistencia en los círculos literarios suecos durante los últimos días: "Esta vez, creo que podría ser Le Clézio. Es mi intuición", había afirmado María Schottenius, encargada de las páginas culturales del principal diario sueco, Dagens Nyheter.

Con sus novelas críticas con la civilización y en parte autobiográficas en torno a mundos hundidos y alejados, el autor se convirtió en uno de los escritores franceses más significativos de la actualidad.

Le Clézio alcanzó una rápida notoriedad con su novela "El atestado", publicada en 1963 y que mereció el premio Renaudot. En sus inicios, su sumó a la corriente del "nouveau roman" que abanderaban Robbe-Grillet y Butor, pero luego descubrió su propio lenguaje, plasmado en un estilo refinado y exquisito, que utiliza para contar unas historias de claro fondo autobiográfico.

Entre las obras más destacadas del autor, nacido el 13 de abril de 1940 en Niza figuran "El africano", "Proceso verbal", "La fiebre", "El éxtasis material" y "Urania".

Hijo de una francesa y un médico inglés que en parte trabajó para el gobierno británico en Nigeria, estudió literatura y tras terminar sus estudios en la Universidad de Niza dio clases en Bristol, Londres y Aix en Provence.

Cuando en 1963 publicó a los 23 años su primera novela "Le Procès- verbal", la crítica especializada lo elogió unánimemente como uno de los talentos más asombrosos y singulares de la literatura francesa moderna.

Entre otros premios -además del Renaudot- obtuvo el Paul Morand y en 1994 fue elegido el mejor escritor francés vivo. Gran viajero, el autor pasa buena parte de su tiempo en México y extrae de su faceta de trotamundos los materiales de sus obras.

Le Clézio está casado con la palestina Jemia, tiene dos hijos y vive en Alburquerque (Estados Unidos), aunque tiene residencias en Niza y en la Bretaña francesa.

]]>
http://laguerra33.lacoctelera.net/post/2008/10/09/le-clezio-fue-ditinguido-con-premio-nobel-literatura#comentarios