Demasiado barato quiere comprar este paisito, don

Piñi; usted que va por la vida tasando y preguntando

cuánto vale todo. Y de un guaracazo se compra medio

Chiloé, con botes y palafitos incluidos. Con cerros,

bosques y ríos, hasta que se pierde la mirada en la

distancia, le pertenece a usted. ¿Cómo puede haber

gente dueña de tanto horizonte?. ¿Cómo puede haber

gente tan enguatada de paisaje?.

Me parece obscena esa glotonería de tanto tener. Me

causa asombro que, más encima, quiera dirigirnos la

vida desde La Moneda. Muy barata quiere rematar esta

patria, don Piñi, y sólo con un discurso liviano de

boy scout buena onda. Pura buena onda ofrece usted,

don Piñi boy, como si estuviera conquistando al

populacho con maní y papas fritas. Nada más, el resto

pura plata; empachado de money, quiere pasar a la

posteridad sólo por eso. Porque cuando cita mal a

Neruda se nota que a usted le dio sólo para los

números y no para la letra. Es decir, usted es puro

número y cálculo, señor Piñi, poca reflexión, poco

verbo, poca idea, aunque esa es la única palabra que

usa entre sus contadas palabras efectistas.

Buena onda y futurismo. Las heridas se parchan con

dólares. La memoria queda atrás como una tétrica

película que olvidar. Sin vacilar marchar, que el

futuro es nuestro (parece himno de la juventud nazi).

Así arenga usted a este pueblo embelesado con los

adelantos urbanos hechos por la Concertación. Nadie

sabe para quién trabaja, y usted la encontró lista.

O sea, usted se pasa de listo, don Piñi. Quiere

hacernos creer que siempre fue demócrata, pero lo

recordamos clarito sobándole el lomo a la dictadura,

haciéndole campaña a Büchi, amigote de la misma patota

facha y pedófila que le anima la campaña. Los peores, la gorilada

del terror. Parece que este suelo nunca aprendió la

lección, ni siquiera a golpes, y con facilidad se

traga el sermón de la derecha pinochetista, ahora

remasterizada con piel de oveja neoliberal. Pero son

los mismos de entonces, soberbiamente gozando los

privilegios de la democracia que conseguimos nosotros,

y sólo nosotros, porque también yo dudo que en el

plebiscito votara que no simpatizando por la derecha.

Mire usted qué fácil le resultaba tratar de

transformar el Mapocho en un Sena con sauces. Puro

arribismo, intentar domesticar con terracitas y

botecitos parisinos a nuestro roto Mapocho, quizás lo

único rebelde que le va quedando a esta ciudad. Qué

delirio, mister Piñi, ¿por qué no se va a Europa si

cacha que nunca va a poder blanquear la porfiada

cochambre india de nuestra raza?.

Quizás todo el país se acuerda de usted formando parte

de la nata panzona del derechismo empresarial. Por

entonces, en aquella época de terror, quien hacía

fortuna de alguna manera era a costa de las garantías

de la represión. Usted llenaba sus arcas, don Piñi, y

nosotros sudábamos la gota gorda, o la gota de sangre.

Fíjese que no se nos ha olvidado, y nunca se nos

olvidará, aunque a usted le reviente que el pasado

aflore cuando menos se lo espera. A usted ni a sus

yuntas de pacto les conviene el pasado, por eso miran

turnios y amnésicos al futuro. Su discurso

Disneyworld, míster Piñi, no resiste análisis, y sólo

el arribismo miamista de algunos chilenos le compra su

receta de vida fácil, su filosofía banal de texano

paticorto. Usted me recuerda a Bush, a Menem, Piñito.

Es la nueva derecha titiritesca y farandulona. Puro

show, pura foto tecnicolor de mundo feliz con sus

sombreros republicanos en el Crown Plaza.

Pero le falta la cultura a su centroderecha

inmediatista. No hay peso intelectual en su carnavaleo

de propaganda. Nada más que modelos tetudas y

parientes de hippysmo revenido. Demasiado barato

quiere rematar este país, Piñito. Ni siquiera basta

con su cátedra fantasma en las aulas de Harvard.

Tampoco, usar de propaganda la limosna que puso por mi

amiga Gladys en sus últimos momentos; eso es muy feo,

y de mal gusto. Sobre todo para usted que es tan

humanista cristiano. Porque usted es pillo, Piñín.

Quiere sacar adherentes de todos lados, como si este

país fuera sombrero de mago. Lástima que la oferta de

su vanidosa feria de variedades huele a ventaja

populista. Nada más, don Piñi; el resto, esperar con

cueva lo que ocurra en el transpirado enero.

Pedro Lemebel.