GONZALO ROJAS Y JORGE CÁCERES
A Cáceres lo conocí a los 15 años de edad. Él era alumno de cuarto año del internado Barros Arana, del cual yo era inspector con 20 años. Un día me llamó la atención que este joven me mostrara unos escritos bastante bien hechos, pero fuertemente influidos por Alberti -por el Alberti de Sobre los ángeles de 1930- y por Gil Vicente, poeta de moda en esa época a pesar de haber nacido cuatrocientos años antes. Entonces yo le dije "mira niño, es bueno este trabajo pero no es tuyo", y le pasé algunas revistas surrealistas y algo de Breton. A los quince días se presentó a mi cuartucho de inspector, con unos papeles preciosos de imitación perfecta; la capacidad de mímesis de este chico era impresionante. Yo le dije "tú sigues teniendo un talento imitativo enorme, pero tienes que ser tú mismo". De ahí se puso a hacer algo de poesía, aunque no mucho, pues entró en una ortodoxia excesiva, parece que por una mala influencia de Arenas que lo orientaba hacia un surrealismo estrecho y estricto.

Yo lo dejé de ver, aunque lo quería mucho, y cuando murió le escribí un poema que se llama "Una vez el azar se llamó Jorge Cáceres" y que aparece en mi segundo libro: Contra la Muerte.

En: Revista Piel de leopardo, Nº 5, 1994 ( fragmento de Entrevista de Francisco Véjar), citado por SISIB y Facultad de Filosofía y Humanidades-Universidad de Chile.

EL AMOR DEJA UNA VACANTE

Amor difícil significa: tengo amor difícil. Amo
difícilmente, soy amado con dificultad. Las dificultades
del amor. El amor y sus trampas.
Yo estoy en medio de un salón de mimosas.
Yo te amo. Yo sueño. Sostengo mi amor con energías
que me han sido dadas para eso. Abandono ese salón.
Yo cambio. Tomo, en fin, la dirección de las calles
exactas.
La calle se abre a pico.
Mujeres puntuales en toilettes de cristal. Ellas
buscan los colores de los hombres.
Ellas calzan las primeras estrellas de franela roja.
Cuando los besos baten al fondo de sus ojos.
La tempestad del amor bate a nuevo.
Es por sus senos que todos los desiertos se hacen públicos.
Bien entendido. Ellas buscan los colores de l
los hombres, en las ráfagas de los días sin nubes. A la
entrada de la noche.
Manos de carbón blanco. Manos adorables.
Ellas han perdido el aire de las miradas del
primer encuentro. Sus gestos son más deliciosos que
la mueca de la loba, pero menos fáciles. Bien entendido.
Los días pasan. Las noches se marchitan. Sobre las
balanzas arden otras sonrisas disimuladas.
Entrar a la sombra de todas las mujeres. Para
verificar la semejanza de los días con las grandes
Fuentes de la nieve, escondidas en los bosques.
Para verificar la semejanza de los días
Para verificar la semejanza
Para verificarla
Para ver.
Balcón único. Entrar ahí. “EMPRENDER EL
PROBLEMA”.
Yo estoy tendido junto a ti. Percibo el olor de
Tu sexo. Vivo para los olores que amo. Me levanto;
corro a la mesa. Tomo una caja que contiene maíz y
una copa llena de leche. Juego a equilibrar sobre tus
nalgas estos objetos. Consiguiéndolo, yo esparzo arena
blanca sobre tu espalda. Así yo he confeccionado el
molde de mis sueños. Sin esperanza. A muerte.
Balcón único. Salir de ahí. Tomar las armas
del camaleón que regresa.

PARA TU CUERPO OTRO MAS QUEMANTE
I

Eso que yo escribo es sino mein lieber Hans ist
gestorben
Yo devoro excrementos al más libre sueño
Y perpetuo yo escojo tu mano
Entre las risas de marcha yo río de todas mis fallas
Renunciar a una calma sin fin
A una dicha sin cabeza.

II

Veredas de granito que yo he amado al desuso
Las moscas giran alrededor del fuego
Y entre esas grietas hacen nueva vida
La vida de un ala de un solo sueño
Como un simple que busca su pequeño reposo
Y maldice toda aventura del cielo más próximo
Para no morir en el viraje
De un sol negro.

III

Pues yo he seguido pero demasiado tarde
Un mensaje un deliberar de palabras
Un signo de infancia
Un desconocido
De las tierras.

IV

Todos mis sentimientos de crueldad
Se balancean en los barrios que no son más que una
mancha
Al regreso más íntimo oh bondadoso vigía
A una altura de membranas tú sueñas con el faro
Que es sin más un ala.

Jorge Cáceres n. Chile (1922-1949) aunque en Memoria Chilena, de la Biblioteca Nacional, figura como nacido en 1923, la fecha 1922 la tomamos del libro de Pablo de Rokha "Cuarenta y un poeta joven de Chile 1910-1942", LOM ediciones 2002.