CARTA 22
Ayer, mientras estábamos reunidos, la tarde llegó calladamente. Se fueron oscureciendo las montañas, las sombras fueron cubriendo las partes más altas y deslizándose como un velo, llegaron hasta el valle donde estábamos. Quedó durante unos segundos el aire en suspenso, los pájaros enmudecieron y un leve perfume a algas y a yodo llegó hasta nosotros. En el camino, a lo lejos, una figura se acercaba. Sus pies no levantaban polvo. El camino permanecía mudo y silencioso. Llegó, compartió con nosotros unos sorbos de té ,nos saludó ¡Ishk Bashad!, y se marchó siguiendo el camino, hacia el horizonte. Le seguimos con la vista hasta que su figura se confundió con el gris azulado de la montaña.
Después de aquel día, muchas veces lo hemos creído ver. Lo hemos visto en los rostros de las gentes más diversas. Algunas veces lo adivinamos entre el gentío de cualquier lugar: en la cola de un cine, en una conferencia, en la inauguración de una galería de arte o entre el tumulto de gente en un supermercado. Adivinamos su presencia por un sentimiento intimo de alegría y confianza. Él está allí, siempre está allí. Nosotros lo sabemos porque lo hemos visto, vosotros lo sabéis porque nosotros os lo decimos. Ojalá algún día entre los días que os han sido concedidos os encontréis en una de las estaciones en las que para este viajero.
¿Acaso habéis olvidado a los silenciosos?. Algunos de aquellos que creéis ver parlotear como necios, son personas silenciosas.
Si solo miráis con los ojos, solo veréis con los ojos.
¿Acaso habéis olvidado lo que aprendisteis?
Porque sois queridos para nosotros, es por lo que os trazamos mapas fidedignos por los que orientarse en el laberinto de las sombras. Porque hemos tropezado y nos hemos levantado muchas veces, es por lo que sabemos donde están los obstáculos más grandes y porque hemos contado con la Piedad y la Misericordia como ayuda, nos ha sido ofrecido un gran regalo, sin merecimiento para ello. Por esto, queremos ofreceros las buenas guías.
Lo que hay en vuestros corazones, es conocido. Lo que vuestra alma ansía, se sabe.
Si os ocupáis en astucias y maquináis maldades ¿Os atreveréis a clamar por el mal que os venga de ello?. Así hacen los necios, cavan fosas para los demás y para sí mismos. Así hacen los malvados, a nada se acercan con corazón puro y el polvo de sus sandalias los sigue por todas partes.
Mirad el horizonte, siempre sereno en nuestros corazones. Navegad por vuestro mar interior. En medio de terribles tempestades, mantened sereno vuestro horizonte. Allí donde queréis llegar, está en calma.
Cada instante que pasa, el hombre renace totalmente, todo él debe quedar transformado. Debemos reunir sus luces y sus sombras, equilibrar la balanza de su existencia y buscar aquello por lo que sentimos, que nuestro ser está dividido en dos. Mirar hacia atrás, totalmente hacia atrás, para poder avanzar con seguridad.
El punto de partida de nuestra inteligencia es la duda. El punto de partida de nuestro corazón, es la certeza. El hombre que aspira a la perfección, unirá estas dos magnitudes; porque la duda, aislada sin la esperanza de la certeza, es un sufrimiento estéril y la certeza, por sí misma, no le es dada sino a muy pocas personas excelentes.
¿Habéis sentido la calma que precede a la tormenta?. Así, a la purificación le antecede el silencio interior.
No busquéis las multitudes, porque éstas terminan siendo como un individuo sin entendimiento, siempre inclinado al mal. Si estás en la soledad de un desierto o en la de una caverna, tú eres responsable de ti. Si estás solo o mezclado en una multitud, tú eres responsable de ti. Si eres responsable de ti, también lo eres de lo que haces y de lo que no haces.
Venid, que los caminos están despejados y la tarde está calma. Si la montaña se desmorona por sus laderas, no han de faltar manos que la afiancen. Si por sus cumbres los necios golpean con sus pies, henchidos de sí mismos, no nos importe, porque la montaña es fuerte y sus sandalias débiles.
¡Que hermosa es la tarde! El azahar y la canela perfuman las manos de los invitados. ¡Que agradable es la fiesta!
La luna se descubre, mientras el vino corre de copa en copa, hasta cubrir completamente el círculo de los amigos.
Venid, que la danza está a punto de comenzar y está el jardín encendido.
Por todas partes las antorchas derraman su fuego, un fuego sin humo que amenaza con incendiar nuestros corazones.
En la tarde, no tropezarán vuestros pies, porque vuestro guía sabe cómo sortear las sombras.
CARTA 22
No rechacéis a los que llaman a vuestra puerta, no busquéis a los que no vayan a vosotros ni pretendáis dominar a los que tratáis. No permitáis la entrada en el círculo de los caminantes a los que persiguen las ventajas de este mundo, ni aunque sean generosos y caritativos en extremo. Tened en cuenta que el decoro espiritual no permite la ansiedad de los honores, ni siquiera del abrazo de los amigos, ni del amor de tu hermano.
Toma conciencia –y esto es importante- de que no puedes conseguir por ti mismo, ni un átomo más de lo que se te ha concedido, pues tú nada eres y nada consigues, no tienes ganancias puesto que al ser un pobre solo tienes limosnas.
Acordaos de estas tres cualidades: una lealtad sin defectos, una generosidad de alma sin halagos y un dar sin petición.
Ver a un burro comer cardos es una enseñanza grande para el que quiera emprender la vía del conocimiento.
En las tierras de Almería vivía una sufi excelente cuyos métodos de enseñanza eran, cuanto menos, desconcertantes. Esta maestra acogía a hombres y mujeres de toda clase y condición. A cada uno ofrecía sus buenos consejos y, en secreto, su intención y su protección. Un día fue a visitarle el discípulo de un conocido estudioso del Camino y miró y preguntó y oyó durante el tiempo que le pareció oportuno. A la vuelta a casa de su maestro, le informó desfavorablemente de la almeriense:
-"No tiene método, desconoce mucho de la tradición y admite a cualquiera en su círculo, incluso a gente desordenada y de escaso entendimiento. Creo que la fama que tiene de sabiduría es falsa. No es de los nuestros."
Alarmado por los informes de su discípulo, este hombre, sin demorarse en nada, se puso en marcha para visitarla.
Cuando llegó observó que todo cuanto le había sido dicho era cierto. Lleno de rabia la increpó:
-"¡Me disgusta comprobar que eres una ignorante y que embaucas a la gente! ¿No ves que la mayoría de esta gente es necia y extraviada y no llegará a nada?". La maestra excelente lo miró y riendo le dijo:"Precisamente eso es lo que pretendo, que no lleguen a nada".
-"Pero... ¿cómo?... en verdad no te comprendo ni entiendo cuanto haces".- dijo el erudito.
-"Tú sabes muchas cosas, las ciencias, las costumbres de las gentes y todo lo que se puede adquirir con un largo estudio y muchos medios e inteligencia, yo solo conozco lo que no se puede leer, tengo el conocimiento de los pobres". Le contestó la mujer sonriéndole.
El hombre agachó la cabeza y se quedó confundido y avergonzado.
Así sucedió y yo estuve presente, gracias a Dios Señor de todos los Mundos. Conocí el círculo de los íntimos de esta mujer y puedo decir que fue la transmisora de una antigua tradición y una bendición para aquellos en los que ponía sus ojos. Hasta ahora tiene herederos legítimos en esa tierra.
CARTA 24
¡Escucha!: es cierto que la mentira nos llama con su voz estruendosa, pero con sus palabras solo se enaltecen los necios de cualquier clase, porque no hay fronteras para la estupidez.
¿Hay algo peor que aparentar ser respetuoso con la ley exteriormente y estar sin ley en el interior?. En verdad que hay quien no sabe distinguir aún las sugestiones de la imaginación de aquello que procede de la ebriedad espiritual.
Buscando la protección de los nobles, como se busca la sombra de un buen árbol, los equivocados urden sus infamias. Como los que vagan por un largo sueño y ni siquiera se preguntan por la posibilidad de despertar, los extraviados, con la violencia de su ignorancia huyen de la casa del pobre, donde la nada es señorío, para forzar las puertas de los palacios. Los que guardan las ruinas los ven pasar; unos por los caminos de la desesperación, otros por los de la complacencia, todos por los caminos de la vergüenza y la deshonra.
Pregúntate, si tienes valor, qué clase de mentiroso eres.
QAMAR BINT SUFAN
Qamar bint Sufan es probablemente una de las más prominentes maestras sufis de nuestros días. Ella pertenece a una táriqa secreta y por eso esconde su nombre, como la luna se esconde entre las nubes, sin por ello dejar de afectar a los seres que por ella se rigen, sus discípulos. Fruto de su inquietud por estos discípulos y de la incapacidad de dirigirlos como exige el celo de un maestro, nace esta serie de cartas, de claro tono pedagógico, que muestra la fuerza y claridad de su enseñanza. De Biblioteca Virtual de Estudios Islamicos. WebIslam

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