Y una mañana cuando estaba en el bosque, de repente
tropecé con eso.
Lo encontré en un claro agreste resguardado
por añosos robles y olmos.
Y los tiznados detalles de la escena se levantaron
metiendose entre el mundo y yo.
Había una figura de huesos blancos dormitando
olvidadamente sobre un lecho de cenizas.
Había un tronco de árbol quemado apuntando su
su categórico dedo acusador hacia el cielo.
Había ramas rotas, pequeñas venas de hojas quemadas
y un chamuscado rollo de cuerda grasienta.
Un zapato vacío, una corbata vacía, una camisa hecha
pedazos, un sombrero solitario
y un par de pantalones tiesos con sangre negra.
Y sobre el pasto pisoteado había botones, fósforos
apagados, colillas de puros y cigarrillos,
cáscaras de maní, una botella de gin vacía
y un lápiz labial de prostituta.
Restos esparcidos de alquitrán, inquietos conjuntos
de plumas y el persistente olor a bencina.
Y a través del aire matinal el sol vació amarilla sorpresa en las cuencas de una
pétrea calavera.
Y mientras estaba allí parado mi mente se heló de
fría piedad por esa vida que ya no estaba.
Quedé clavado al suelo y murallas heladas de temor
envolvieron mi corazón.
El sol murió en el cielo; un viento nocturno murmuró
en el pasto y sacudió las hojas de los árboles;
el bosque transmitió el ladrido hambriento
de los galgos; la oscuridad aulló
con voces sedientas y los testigos se levantaron
y cobraron vida:
los huesos secos se movieron, haciendo ruido,
irguiéndose, soldándose a mis huesos,
las grises cenizas formaron carne sólida y negra,
penetrando en mi carne,
la botella de gin fue de boca en boca, los puros y
cigarrillos ardieron,
la prostituta embadurnó sus labios de rojo,
y mil rostros revolotearon alrededor exigiendo
el sacrificio del fuego.
Y entonces me agarraron, me desnudaron golpeando mis
dientes y mi garganta hasta que tragué
mi propia sangre.
Mi voz se ahogó en el rugir de sus voces y mi cuerpo
negro y mojado se escabulló y revolcó en sus
manos mientras me amarraban a un árbol.
Y mi piel se pegó al burbujeante alquitrán caliente,
chorreando en lacios cuajarones.
Y las pelusas y las plumas blancas se enterraron en
mi carne viva y yo gemí en mi agonía.
Enseguida me refrescaron la sangre
misericordiosamente, me refrescaron con un
bautismo de bencina.
Y en una roja llamarada salté hacia el cielo
mientras el dolor subía como el agua,
hirviendo mis piernas y brazos.
Jadeando, implorando, me aferré como un niño, me
aferré al caliente cuerpo de la muerte.
Ahora, soy huesos secos y mi rostro una pétrea
calavera que mira el sol con amarilla sorpresa.
RICHARD WRIGHT
Escritor estadounidense que ha luchado abiertamente contra los prejuicios raciales, convirtiéndose quizá en el principal portavoz de los negros de su generación en Estados Unidos. Wright nació cerca de Natchez (Mississippi), el 4 de septiembre de 1908. Sus primeros años de vida transcurrieron en la pobreza. Vivió durante algún tiempo en Memphis (Tennessee), y viajó por todo el país desempeñando diversos trabajos para ganarse la vida. En 1935, se estableció en Chicago y empezó a colaborar con el Federal Writers' Project. A comienzos de la década de 1930 se afilió al partido comunista. En 1950 se estableció en París. Su primer libro, Los hijos del tío Tom (1938), es una colección de relatos en los que el autor dramatiza con elocuencia los prejuicios raciales. Su principal obra, Hijo nativo (1940), analiza las violentas presiones psicológicas que conducen a un joven negro de Chicago al asesinato. El libro resultó un éxito de ventas y fue llevado al teatro por Orson Welles en 1941. En la novela autobiográfica Chico negro (1945), Wright revela con amargura la influencia devastadora de los prejuicios raciales en un joven negro estadounidense durante sus años de juventud. Wright escribió también El extraño (1953), una novela filosófica, ¡Escucha, hombre blanco! (1957), donde sigue analizando los problemas raciales, El largo sueño (1958), una novela sobre la vida en los bajos fondos y diversos libros sobre sus viajes por España, África y el Sureste asiático. Tras su muerte se publicaron Ocho hombres (1961), Lawd Today (1963) y la autobiografía Hambre americana (1977), que narra sus experiencias en el norte del país. Wright murió el 28 de noviembre de 1960, en París. Algunos de los pasajes en los que el autor se expresa con mayor franqueza sobre cuestiones raciales, sexuales, religiosas y políticas, se cortaron o suprimieron en su edición original, y hasta 1991 no se publicaron íntegramente. (Tomado de El Poder de la Palabra.)
Poema: "Entre el mundo y yo" de Richard Wright, fue publicado en "Tebaida" (Arica, Chile, 1972) traducido por Ramón Layera.

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