MUTACIONES EN EL PÁRAMO

Quien vuela sobre manteles y plantaciones
-incierto y transitorio-
con ávidos ojos a la espera
de apariciones cotidianas y frutos veloces,
elegido por la inconstancia y el remolino de la luz
en grandes desavenencias donde el destino cambia
sus derroteros,
él, que levantó como un loco la novia en el peldaño
de fuego,
quisiera, después, en las inmensas orillas
fijar el rostro de algún ser cuya imagen velara bajo
la tumba
como una sombra paralela a su sombra.

En vano, pues la pira que surge del recuerdo,
el paso de los días,
ciertos encuentros deslumbradores
donde por la voluntad de un dios o de una gota de
lluvia
coincidieron un instante el sueño y la tierra,
instalan gárgolas inconclusas
envueltas en blancos camisones lunares tejidos por
la niebla,
el despertar de una voz extinguida convertida en un
susurro de hojas,
flujo de aguas deslizándose entre guijarros,
bebidas para gente enterrada, ese soplo
que modula palabras desconocidas salidas del fuego,
y el agujero del vino en las piedras.

SÓLO UNA ETAPA

Piedras llevadas por el viento,
con la misteriosa canción de los muertos
retumban
contra mi corazón, y la antigua
pasión del furor de partir sopla de nuevo,
murmura besos, calendarios de lo desposeído,
sangre de la lejanía, sangre de la lejanía.

Esa dicha fue a la vez unánime y transitoria,
tantos países de antaño, devoradores,
se fríen lejos y rechinan, irrumpen
con una belleza implacable, con bocas
húmedas del rocío de los sueños, y de pronto
un rostro de huérfana brilla de nuevo al sol.
Acabas de grabar un bisonte en la caverna,
acabas de resucitar una llamarada de la distancia,
algunas historias
para instalarte en un infierno propio donde
ya la gente no canta ni penetra a sus casas,

para llegar sólo al establo roto, al suelo desfondado,
con placeres como novias arrojadas por la escalera.
Todo aquello al fin será la luz, el grito de la lluvia,
la pisada de un cuerpo fantasma
en las orillas fulgurantes del mundo.

Ciertas criaturas de frontera, ciertos éxtasis,
alguna vez amamos en el altiplano, montaña, buitres,
el andar femenino de las llamas, tales delirios
desde las grandes fiestas al olvido en medio
de viajes y caminos que se cruzan, risotadas
de esas gentes con rostros de plumas o de cuero, en
el frío,
entre los ácidos cactus erizados por el zapateo
y la embriaguez de los indios, dichosos
de una grandeza tan humilde.

En una posada, junto a la mesa, con una olla de
hierro,
surgió una mujer desde el fondo de un pozo de fuego,
con ojos de una ternura viciosa,
taciturna mujer de servicio con triple falda
y la pesada trenza negra donde nacía la tormenta,
para que el camino se hundiera y la roja
franja de sus labios brillara a la intemperie,
hasta que la inmensa música de su latido
llegara hasta mi pecho como una galaxia sexual
en lo más profundo del cielo, como si nada pudiera
ir más allá de su sangre y de su ensoñación.
De todo eso un gran pájaro vuela,
sus alas atruenan en la diversidad del mundo.

RUTINA DOMÉSTICA

Saboreo el café del desayuno después del diluvio.
El salmodiante Noé
está tendido desnudo entre sus hijas y la guitarra
con la tierra al alcance de la mano.
La casa apareció traída por un pájaro
colgada del pico. El café
es negro y suntuoso
como el trono de un monarca africano
con cabezas de leones labradas por el rayo.

La Desconocida ambula por los cuartos
en las constelaciones del deseo,
perfumada y demasiado próxima
a las cosas que despiertan con ella,
con el desayuno,
llena de errores, indómita como las águilas,
enjoyada en su risa y su leyenda.
Escarbará en mi pecho con su zarpa, me bendecirá
en un idioma salino
en el que todo es orgiástico, devorador, inquietante.

Y tantos años han corrido con esta misma escena
mientras el gallo inicia el hechizo inexplicable
del día
que fosforece y pasa hacia las aguas oceánicas.

ENRIQUE MOLINA
Considerado como uno de los más importantes poetas de Latinoamérica, nació en Buenos Aires en 1910 y fallece en la misma ciudad el 13 de noviembre de 1997, llevó una vida variada e intensa. Fue tripulante de barcos mercantes en el Caribe y Europa, y vivió en diferentes países de América -experiencia que otorgó un tono continental a su obra-, fascinado en especial por el esplendor del trópico y el sentimiento de profunda identidad espiritual con la esencia de las culturas animistas del continente.
Identificado con las ideas y los fines del movimiento surrealista, funda en 1952, con Aldo Pellegrini, la revista "A partir de cero". En 1941 había iniciado su obra poética con "Las cosas y el delirio", dentro de una variada obra editada, Seix Barral edita en 1995 "Orden Terrestre" cuya portada fue hecha con un trabajo plástico del mismo poeta.
Como pintor, crea imágenes en una atmósfera de sueño, ingenuidad y misterio que se corresponden completamente con su poesía.