MÁS BELLA QUE LAS LÁGRIMAS
Mi respiro perturba la vida a cierta gente:
como vago reproche los mantiene despiertos;
tal vez porque mi canto cual un cobre estridente
pudiera despertar con su clangor los muertos.
Ah! si os hiere mi verso con su tonada bélica
-rugir que a vuestro oído no queréis que se acerque-
es que en el arpa el treno mató la voz angélica
y resurgen los ecos pávidos de Dunkerque.
Verdad: en recordarlo mi mal gusto compendio...
Así somos algunos: en sus cuerpos quizás
perduran los mordiscos del infernal incendio
que los faros del Norte contemplaran jamás.
Si te nombro, Amor mío, burla y odio concitas;
si alabo el sol, vosotros el invernal derroche;
decís que en mi pradera sobran las margarita,
azules en mi cielo y estrellas en mi noche.
Buscáis en mis palabras a ver qué se descubre,
como fino escalpelo que escarba un corazón...
Tal vez me fuera poco perder Pont-neuf y el Louvre,
que aún vuestra venganza pide satisfacción.
De alados cancioneros podréis hacer galeotes;
ahuyentar al poeta podrá vuestra elegancia;
pero nunca podrán vuestros serviles brotes
arrebatar el dón de nuestro amor a Francia.
Oye tú, pasajera que vas de puerta en puerta:
tal vez yo soy el hombre que vuelve de tu olvido;
colma tu delantal la primavera muerta,
y de un color de parvas tus ojos se han teñido.
¿Mintió nuestro embeleso? ¿Mintió nuestra ternura?
Mirad aquesta frente nublada por el sol...
Pero el ansia renace cual se ve en la llanura
por entre las espigas surgir el ababol.
¿Y no son estos brazos los de las Afroditas
que entre la mies dorada coronan el peñón?
Plenitud encantada que eterna resucitas
la sombra de Racine en la Ferté-Milón.
La sonrisa de Reims con sus labios perfectos
es el sol que se apaga sobre una tarde eximia;
y para perdición de profetas y electos
sus trenzas de champaña trascienden a vendimia.
Ingres de Montalbán trazó la arquitectura
y el cuenco de esos hombros donde pára tranquilo
el ansiado tesoro .de la linfa más pura
filtrada en las raíces del álamo y el tilo.
Oh Laura! como a ti, Petrarca habría cantado
a esta Francia que sangra por nuestro corazón;
sangrante corza en fuga que lleva en el costado
la jabalina de los monteros de Aviñón.
Invoca el espejismo de mil y una grandezas
que sosieguen fantasmas, donde el gemir acalles:
Brantome, San Juan de Acre -cavas y fortalezas,
laderas y gargantas- Vercors y Roncesvalles.
Con el viento que llega de Arlés vuelven los sueños
-el corazón apenas los nombra en un rumor-.
En Aunis y en Saintonge los marjales trigueños
muestran aún el surco brutal del invasor.
Alta ronda de urbes, de villas y comarcas,
erguidas como flores de un esplendor rival,
y en pos de la galante huella de los monarcas
Razón y Sueño cifran en un solo ideal.
Oh cautiva Durance, oh cielo encadenado.
Suelo pastor vestido de racimos maduros;
país con cuyo nombre tan dulcemente amado
marcaba el Rey de Francia los sarracenos muros.
Como tú misma es dulce la locura en desvelo
porque te reconozcan de mi canto a la luz;
y pues entre dos mares vacila nuestro duelo,
detenga nuestros pasos el umbral de Naurouze.
¡Mas, no! Tornas al vuelo, clamor insosegable...
¿A dónde vas? asado Mont-Ventoux, allá el Sena
en lo hondo se fuga, y entre un deleitable
manzanar, Lamartine sueña en la Magdalena.
Mujer, vinos fragantes, madrigales, montaña:
¿cuáles pintaré? ¿cuáles más vivamente adoro?
¿Son esos los pomares de tu seno, Bretaña,
y esas gemas tus pinos en ponientes de oro?
Alba gorguera donde los labios abrasados
mendigan cidra y leche. Plenitud que suspira,
Normandía secreta, por ti los desterrados
caballeros poblaron las ruinas de Palmira.
En verdad ya no sé dónde empieza el encanto...
Hay nombres que son carne como los de Andelyz.
Oh rostro que te vuelves por no mostrar el llanto,
pliega tus labios. ..Cálla, oh París, mi Parísl
París de las canciones, París de la Bastilla;
hoy sólo tus albercas están embanderadas...
Como estrella polar no ya tu frente brilla:
París lo eres tan sólo formando barricadas.
París de nuestros bienes, París de nuestros males;
París del Cours-la-Reine, Corte de Flor-de-lys;
de suburbio en suburbio por todos los umbrales,
tu nombre, más que un grito nos desgarra, PARIS.
Huyamos de este sitio donde la atroz germina;
la vida aún aguarda su amanecer incierto;
del Oise y el Marne falta la epopeya leonina;
y Sylvia ya no cruza por el Valois desierto.
Almenar del recuerdo donde alzaran sus llamas
los sueños de veinte años a un cielo que mintió;
y en vez de amor, el negro Camino de las Damas,
y el crepitar del rojo molino de Laffaux.
Atraviesa la ruta polvorienta y famosa
de país en país persiguiendo incansada
por la selva de Argonne y en los Altos del Mosa
que renazca perenne tu gloria traicionada.
Como ciervo flechado que trémulo agoniza,
bajo el bosque se azulan los ojos de la charca...
Descanso de destierro que va camino a Suiza,
la que amara Courbet, la plácida comarca.
Te he perdido, Alsacia, donde si el Rhin desborda,
faisanes deslumbrados caen de los encinos;
donde Werther su treno por un instante asorda,
compasándolo al júbilo de coros campesinos.
De Port~Vendre a Dunkerque la tromba de tortura
no podrá enmudecer la voz de nuestras venas;
nadie podrá romper la mágica armadura
que Aymon forjó en el rojo cubil de las Ardenas.
A los férvidos labios no habrá quien arrebate
la flauta que a los siglos entrega su raudal;
tras la siega de lauros, aún llama al combate,
hermanos en la espiga, la hierba y el rosal.
Se oye entre las hojas un galopar que avanza...
Hilandera, suspénde: mi pecho va a estallar.
Hablan en voz de fuente la noche y la esperanza...
Si fuera Duguesclin volviendo a batallar...
Qué importa que yo muera sin que la veneranda
faz mire dibujarse bajo el solar fulgor.
Dancemos, hijo mío, la loca zarabanda.
Mi patria es la Miseria y el Hambre y el Amor.
LA ROSA Y LA RESEDA
El que en el Cielo creía,
el que no creía en él,
los dos con idolatría
amaban a la rehén.
Uno a mirarla subía,
otro tendíase al pie:
el que en el Cielo creía,
el que no creía en él.
Nada importa cuál sería
la luz que alumbrando fue;
uno del templo salía,
otro esquivó su dintel:
el que en el Cielo creía,
el que no creía en él.
Cuerpo y alma en alegría,
cada cual amante fiel,
que Ella vive se decía,
y quien viva lo ha de ver:
el que en el Cielo creía,
el que no creía en él.
Loco pedir cortesía
viendo arrasada la mies,
rumiando melancolía
de la metralla al vaivén:
el que en el Cielo creía,
el que no creía en él.
Desde lo alto el vigía
tiró una y otra vez;
uno tras otro caía;
¿cuál de ellos muerto fue:
el que en el Cielo creía,
el que no creía en él?
¿En la prisión cuál sería
el de más duro yacer;
cuál de los dos prefería
de las ratas el tropel:
el que en el Cielo creía,
el que no creía en él?
Sollozar de rebeldía,
¿a quién puede conmover?
Dejan la terrena vía
al rayar el alba cruel
el que en el Cielo creía,
el que no creía en él.
Al caer, nombrar se oía
a la que adorada fue;
con brillo igual relucía
la roja sangre al caer
del que en el Cielo creía,
del que no creía en él.
Cárdeno arroyo teñía
la tierra de su nacer
para que madure un día
vendimias de moscatel
el que en el Cielo creía,
el que no creía en él.
Corren, vuelan a porfía
el bretón y el lorenés;
vuelve el grillo a su tonía
en el huerto y el vergel.
Flauta o viola en melodía,
en doble amor van a arder
las aves entre la umbría,
rosa y reseda también.
TODAS LAS HABITACIONES DE MI VIDA
Todas las habitaciones de mi vida
Me habrán estrangulado con sus paredes
Aquí los murmullos se ahogan
Los gritos se rompen
Aquellas en las que viví solo
Con grandes pasos vacíos
Aquellas
Que guardaban sus espectros antiguos
Las habitaciones de indiferencia
Las habitaciones de la fiebre y aquella que
Había yo instalado para ahí fríamente morir
El placer alquilado Las noches extranjeras
Hay habitaciones más hermosas que las heridas
Hay habitaciones que os parecerán banales
Hay habitaciones de súplicas
Habitaciones de luz baja
Habitaciones dispuestas a todo excepto a la felicidad
Hay habitaciones para mí de mi sangre para siempre
salpicadas
En todas las habitaciones viene un día en que el hombre
se despelleja vivo
En que cae de rodillas que pide piedad
Que balbucea y se vuelca como un vaso
Y padece el suplicio espantoso del tiempo
Derviche lento es redondo el tiempo que gira sobre sí mismo
Que mira con ojo circular
El descuartizamiento de su destino
Y el pequeño ruido de angustia antes de las
Horas antes de las medias
No sé nunca si eso va a sonar por mi muerte
Todas las habitaciones son habitaciones de justicia
Aquí conozco mi medida y el espejo
No me perdona
Todas las habitaciones cuando por fin me he dormido
Han lanzado sobre mí el castigo de los sueños
Porque no sé de los dos lo peor soñar o vivir.
NO HAY NINGÚN AMOR FELIZ
El hombre nada adquiere jamás Ni su ternura
Ni su amor ni su fuerza Y cuando abre loa brazos
La sombra que proyecta es una cruz oscura
Y si abraza su dicha la destroza en pedazos
Su vida es una extraña y espantable locura
No hay ningún amor feliz
Su vida se parece a un inerme soldado
Que para otra estrategia ha sido preparado
Que madruga y de noche sufre de hambre y de sed
Y que en la tarde tiembla deshecho y desarmado
Decid «mi pobre vida» y el llanto contened
No hay ningún amor feliz
Mi bello amor mi dulce amor mi amor perdido
Dentro de mí te llevo como un pájaro yerto
Y aquellos que de lejos nos vieron no han sabido
Que mis propios poemas tras de mí han repetido
Y que ya por tus ojos varias veces han muerto
No hay ningún amor feliz
El tiempo de aprender a vivir ya ha pasado
Que lloren en la noche nuestros dos corazones
Por el dolor que esconde cada recuerdo amado
Las tragedias que nutren el éxtasis soñado
Los sollozos que impregnan las menores canciones
No hay ningún amor feliz
No hay amor que no aflija al par que desespera
No hay amor que no se halle mezclado a su dolor
No hay amor que no espante No hay amor que no hiera
No hay amor que no viva de lágrimas y espera
Y el amor de la patria lo mismo que tu amor
No hay ningún amor feliz
Pero este es nuestro amor
LOUIS ARAGON
Nació en París en 1897, murió en 1982.
Antes de ser surrealista fue dadaísta, como la mayoría de los miembros de ese grupo. Junto a André Breton y P. Soupault funda la revista "Littérature", que daría paso al movimiento surrealista. En 1920 publica su primer libro "Feu de joie" que llevaba un frontispicio de Picasso. Cinco años más tarde, pronuncia una conferencia bajo el título "Surréalisme" en la Residencia de Estudiantes de Madrid. En 1928 conoce a su compañera, la escritora rusa Elsa Triolet. Durante la guerra civil española respalda el bando republicano y la dominación contra el POUM y asiste al Congreso de Valencia de 1937. El estallido de la Segunda Guerra Mundial, en concreto, durante la ocupación alemana en París, le lleva a unirse a la resistencia. En ese momento, su obra cambia, llegando a alcanzar grandes cotas de patriotismo. En 1957 recibe el premio Lenin de la Paz y en 1967 es elegido miembro de la Academia Goncourt. Como miembro del Comité Central del Partido Comunista francés, en 1968 se recuerda su protesta contra la invasión rusa de Checoslovaquia. Poeta de gran imaginación y delicadeza trabajó la poesía tradicional. Dentro de su producción literaria de época surrealista destacan "Fuego de alegría" (1920) o "El movimiento perpetuo" (1925). En cuento a temas novelísticos, a veces con contenido social y político, sobresalen" Aniceto o el panorama" (1921), "El campesino de París" (1926), "Las campanas de Basilea" (1933), "Los bellos Barrios" (1936), "Los comunistas" (1949-1951), etc. Otro de sus contenidos más relevantes fue el dedicado al amor, en concreto a su esposa como "Los ojos de Elsa" (1942), "Elsa" (1959) y "Loco por Elsa" (1963). En su última etapa fue director y colaborador de la destacada publicación "Les Lettres Françaises" hasta el año 1972, fecha en la que deja de editarse. En esos años también se dedicó a preparar la edición de las obras completas de Elsa Triolet y la de sus propias obras.
"LOUIS ARAGÓN TAL VEZ JUNTO A ELSA..."
.Hace veinte años dejó de existir en París el poeta y novelista francés Louis Aragon, uno de los más completos escritores contemporáneos, actor y espectador de momentos estelares del siglo que se fue y, quizás, el más profundo cultor de la lengua de Balzac y Flaubert.
Por: José Luis Díaz-Granados (Fecha publicación:31/01/2004). Tomado de Argempress
Hijo natural de un prefecto de policía y de una lavandera que durante algún tiempo lo hizo pasar como hermano menor, Louis mostró talento y vocación por la literatura desde la edad de nueve años, cuando ya había escrito, según su propio testimonio, 'más de sesenta novelas'. En realidad se trataba de historias cortas que escribía en los cuadernos escolares.
Louis Aragon
Después de haber cursado estudios de Medicina, marchó al frente de batalla durante la guerra mundial (1914-1918), donde puso en práctica sus conocimientos en materia de salubridad. Terminada la contienda regresó a París y allí trabó amistad con jóvenes poetas y artistas que experimentaban con diversas formas del lenguaje, los dadaístas, un movimiento de vanguardia fundado en Zurich por el rumano Tristán Tzará.
En 1924 el mundo cultural europeo bullía de tentativas e innovaciones en todos los campos de la creación estética. Aragon estaba deslumbrado con el cubismo de Braque y Picasso, el cine de Charlot y las fantasías populares de Strawinsky. Leía a Baudelaire, Mallarmé, Jarry, Rimbaud y Freud.
Con sus amigos André Bretón, Paul Eluard, Phillipe Soupault y Benjamín Peret, entre otros, escribió el Primer Manifiesto Surrealista, donde condenaron a la 'merde' a autores como D'Annunzio, Paul Claudel, Federico Mistral y Paul Valéry. El sacrílego Aragon recomendaba la escritura automática, elaborar poemas durante el sueño, despreciar la lógica aristotélica y cartesiana, abofetear el cadáver aún fresco de Anatole France y, además, dinamitar la Catedral de Notre-Dame. Era, pues, un loco irreverente que escribía frases quemantes como propinando latigazos por doquier.
Para entonces ya había publicado libros extravagantes y hermosos como Fuego de alegría, El movimiento perpetuo y la novela Aniceto o el panorama. Son años en que lee con entusiasmo obras de Marx, Engels y Lenin y sigue con suma curiosidad la trayectoria de la revolución soviética. En 1927, luego de haberse publicado el Segundo Manifiesto Surrealista, Aragon lo juzga como 'incompatible con el materialismo dialéctico' y junto a Paul Eluard se afilia al Partido Comunista Francés, en cuyas filas permanece hasta su muerte.
Por ese tiempo conoció a Elsa Brik, quien había adoptado el apellido de su primer esposo, Triolet. El flechazo del amor fue mutuo e inmediato. Elsa era hermana de Lili Brik, esposa de Vladímir Maiakovski, 'el mejor poeta de la era soviética', en opinión del propio José Stalin.
Con Elsa, Aragon viviría desde entonces la más sólida comunión espiritual, amorosa y revolucionaria en una travesía que duraría cerca de cuarenta años. Elsa fue la compañera leal y constante de la vertiginosa producción literaria de Aragon, la camarada solidaria durante la Resistencia (1940-1944), la inspiradora definitiva de su poesía, una de las más bellas y caudalosas de la lengua francesa.
'Tal vez Aragon junto a Elsa extendió el archipiélago/ de sus sueños poblados por anchas sirenas que peinan la música/ y sobre la rue de Varennes una estrella, la única del cielo vacío,/ abre y cierra sus párpados de diamante y platino...', escribió Neruda en su famosa Barcarola.
Los ojos de Elsa es el libro estelar de Aragon en aquellos años turbulentos. Tres décadas más tarde, escribe con renovados ímpetus creadores una catedral de amor titulada El loco de Elsa:
'Te voy a decir un gran secreto:/ el tiempo eres tú, el tiempo es mujer... / Cierra las puertas... / Es más fácil morir que amar./ Por eso es que me entrego al mal vivir,/ mi amor...'.
De allí en adelante, literatura, periodismo y política se convierten en una sola gran actividad en Aragon: trabaja como periodista en L'Humanité, funda la revista La Comuna y dirige el semanario Ce Soir. Viaja a la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y a los países de Europa oriental innumerables veces. Escribe Hurra por el Ural!, en homenaje al país de los soviets, publica poemas satíricos contra Hitler, Mussolini y Petain y prologa la edición francesa de España en el corazón, de su amigo chileno Pablo Neruda.
Terminada la guerra, Aragon adhiere la corriente del realismo socialista y escribe novelas como Los comunistas, El mundo real, Las campanas de Basilea y La Semana Santa, y ensayos reveladores como Tratado de estilo, La luz de Stendhal y Henri Matisse. Funda el semanario Las Lettres Francaises y, desde sus columnas, da rienda suelta a su vocación de polemista y articulista en favor de la justicia social.
Sus textos allí publicados rivalizan con los de Sartre y Camus, en pro de la independencia de Indochina y la liberación de Argelia.
Este monstruo arrogante y altanero -como lo veían sus detractores-, de ojos intensamente azules como los de Elsa, intolerante y distinguido, amado por una juventud entusiasta que cantaba sus poemas con música de Brassens o Leo Ferré, o eran recitador en la voz de Gerard Phillipe, falleció en su amado París a la edad de 86 años.
El sacrílego de los años 20, el poeta proteico, el novelista experimental, el ensayista cáustico, el camarada incondicional, el autor de medio centenar de libros en los que conviven la ternura y el incendio, fue sepultado junto al sarcófago de Elsa, tal como lo había pedido en un poema lejano: 'Dormir el sueño en tus dos brazos/ en el país sin nombre, sin sueño y sin aurora...'.

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