DELFINA TISCORNIA

Delfina Tiscornia nació en Buenos Aires en 1966. Provenía de una familia de escritores y colaboró en diarios y revistas argentinas desde muy joven. Publicó en 1993 su poemario, “Equivocación del paisaje”. Su poesía es desgarrada, fuertemente confesional y cargada de imágenes que expresan el dolor de vivir. Se suicidó en 1996.

Póstumamente, se publicaron sus poemas y fragmentos en prosa con el título “Mientras la noche avanza” (Emecé, 1997). De él se extrajo este texto que aclara su postura frente a la poesía mucho más que cualquier comentario.

A modo de prólogo

Escribir produce culpa, a veces. Otras, alivio. Unos dicen que el escritor es un impostor; a mí más bien me parece un pecador en el confesionario. Intimidad de la hoja en blanco que unas veces absuelve, otras delata y condena.

La interrupción del mundo se sucede. Es difícil construir el lugar intraspasable de lo propio. Dónde acaba tu persona. Dónde comienza. Cómo visualizarla enteramente si está enredada todo el tiempo en los lazos del amor, el odio, el miedo, todos los sentimientos que nos condicionan y nos muestran que no somos uno, solo.

Por eso elijo escribir sin la participación de lo racional: el borboteo inconsciente, con sus altibajos y sus maravillas, su discurso contado y a ratos terrible, la estética incontrolable de la palabra suelta, libre de los márgenes que usamos cuando hablamos con otro.

Una imagen puede percibirse globalmente, como un color, una sensación, una nota. El poeta inventa imágenes, concilia lo inconciliable con la realidad fabricada por el pensamiento humano. Por eso la poesía no se lee, más bien se come.

Contactar. Como la piel con otra piel, o como dos respiraciones fundiéndose en un mismo ritmo. Las individualidades permanecen pero el goce es uno. Me recuerda una vieja canción de A. Del Prado que dice “bésale las piernas a la poesía”. Hacer el amor con mundos ajenos. No cualquiera está dispuesto a montar ese caballo conducido por otro, y galoparlo.

Aquel que elige lo poético como modo de comunicación está aceptando lo contradictorio, lo incierto, lo raramente bello. El producto caliente del sentir que lleva adentro.

6/12/94

Horas

Prefiero verte estallar en la cocina

que hacer las paces con el odio;

todo es a veces tan exacto como un mapa

desbordado de colillas.

Este tiempo es un agujero verde

donde me estoy fugando

desnuda y cargada de valijas.

Pero despierto a golpes de agua

en esta habitación vacía

y me sacudo el lastre del verano

y lloro alternando las esquinas;

todo huele a farmacia o cementerio,

no distingo,

imagino la muerte cabalgando por tu pelo

con la heladera abierta y la TV rugiendo.

Alguien llama a la puerta, me armo y me desarmo

como un rompecabezas antiguo

y atiendo en camisón: sos vos girando

entrás girando

hablás girando, yo me pongo detrás de las palabras y

las leo,

una luz blanca y seca me apuñala

busco tus ojos y ya ruedan por el piso,

suben al empapelado y ahí se quedan,

feos como moscas.

En este paisaje desolado

me aferro a tu corbata incólume,

mientras tu cuerpo empieza a deshacerse.

(1994)

Más acá, por favor

Me quedé sin nube

fuera de todo, hasta de la lluvia.

Desde aquí alcanzo a ver tu silueta

pateando latas y puteando al perro.

Qué rara paz;

este estar abierto y sin deseos

como una ameba boba

fundido en el todo o en la nada,

da lo mismo.

Ah, qué prisa llevan allá abajo,

si supieran

no serían capaces de reírse de sí mismos

por creerse más necesarios que una hormiga.

Bueno, mantengo el vicio del lenguaje

todavía.

Así que de esto se trataba

tanto misterio

y luego del zarpazo final

la calma chicha

(y unos cuantos descontentos,

como en todos lados)

Pero hay algo, un detalle

que debo confesarte

y me avergüenza

lo que realmente añoro

es aquella increíble idea de un dios

patentador y responsable de este insípido quilombo

que aliviaba mis noches

cuando vivía allá abajo.

(1995)

El engaño

II

Me trago mis palabras

mi propia basura irreductible

soy el sueño egoísta de otro aburrido espíritu

que inventó mis miedos y mis odios

para que lo entretenga de su hastío de siglos.

Palabra, semántica, sintaxis

soy esclavo de tus combinaciones

y moriré desnudo sin haber dicho nada,

nada de lo que es mío solamente.

(1995)

de “Mientras la noche avanza”, 1997, Emecé.