LO EXISTENCIAL, LA MUERTE, EL HORROR Y LA ANGUSTIA DE UN BUEN POETA
LEYENDAS DEL CRISTO NEGRO
1 Caminaba Jesús por la ciudad,
llevando un gran martillo.
2 Y uno había en medio de la turba,
el cual dijo: He ahí al Hijo del Carpintero.
Y le pellizcó la mejilla.
3 Acontecido lo cual Jesús descargó
el martillo en medio de su rostro. Y
enfrentando la turba, dijo: Varón soy
de verdad y de justicia, mas antaño fui
golpeado y pellizcado muchas veces. Y
como viese unos niños junto a él, dijo:
4 Cada uno de estos pequeños de grandes
ojos y pies desnudos, necesitará mañana
un martillo.
5 Entonces la plebe, y los borrachos, y
las prostitutas vestidas de rojo, rodearon
a Jesús.
6 Y una mujer de grandes labios, díjole:
has venido a predicar la violencia?
Y replicó Jesús: No predico la violencia,
porque la violencia está en la naturaleza
de las cosas, y yo no soy ajeno a la naturaleza
de las cosas.
7 Y un borracho que había muerto a
su hijo, dijo a Jesús: Hablas verdad, oh
extraño; pues he ahí que anoche escuché
el canto rojo del vino, y muerto he
al hijo de mi corazón.
8 Mas Jesús, escupiendo en el rostro
del borracho, habló en el lenguaje de
las parábolas, diciendo:
9 Un hombre había que construyó su
morada junto al mar, en el sitio más peligroso.
10 Y el tifón, y los animales del mar
entraban en la morada, y grande mal
había acarreado por su mano. Y él decía:
tengo yo la culpa de que el viento
y las bestias del mar asienten en mi
casa?
11 Y dormía en el umbral de la casa, y
holgábase en ella con las hijas de los
pescadores.
12 Mas la sal y la muerte habían invadido
el aire de la casa, y había putrefacción
en sus cimientos.
13 Y los días del hombre fueron contados.
14 Por lo cual os digo, que aquel que
buscare el peligro, lo hallará, y aquel
que caminare por entre pantanos,
perderá la vida.
15 Oído lo cual, el borracho comenzó a
azotar su cabeza contra las piedras.
16 Entonces uno de la turba dijo:
Homicida es, y quería llevarle ante los jueces.
17 Dícele Jesús: Desde la matriz de tu
madre vienes cargado de culpas, cómo
juzgarás a tu hermano?
18 De verdad te digo, que para este
oficio de perseguidor de hombres
necesitas nacer dos veces.
19 Porque entre el perseguidor y el
perseguido, qué hay sino la letra muerta?
20 Diciendo lo cual, Jesús fuese por el camino.
Y ninguno se atrevió a seguirle.
BÚSQUEDA DEL PRINCIPE DEGOLLADO
Buscad mi corazón
en la hostería de los príncipes muertos.
En mis nervios se nutre un canto de leopardos
y hay un delfín dormido
........................................... al pie de las clemátides.
Pero, decidme, ¿dónde está el príncipe comido por las lianas,
su blanco pantalón de lino, su puro
rocío devorado?
..........................................Yo sospecho del conde con los ojos
de distinto color, del centurión helado,
y los peces de la noche alimentaba la amortajada del pozo.
Buscad en qué cisterna, en qué podrido acuario,
como una flor de lámpara alejada en la vida
oscila, vaga y mece su cuello degollado!
¿Qué viento de lacería por los álamos brama,
quién llora por el príncipe, decídmelo, quién llora?
En sus cuencas hay espacio y caben
la sombra, el cielo, el lobo y la abubilla.
Su esqueleto se pudre en un nicho de plomo, amparadle.
Yo no podría, mis manos están ocupadas en el sueño,
y el dulce Galip está lavando los viejos puñales.
Los que pasáis por este nicho, golpead la puerta.
Soy el príncipe ilota.
EPITAFIO A LA MEMORIA
Como un hacha plegada, o un aire rendido a un viejo territorio,
pasáis como ancianos roncos
ante el caballero caído bajo las piedras,
amarillo, sin dedos ya, como zapallo de ultratumba.
La noche y su hembra ciega echaron estos huesos en el bulevar,
despojos que pesan en el corazón
como gladíolos, o los ojos del padre muerto.
Dejad que caiga esta pierna en el mar, el mar profundo.
¡Oh, alma !, pingajo quemado, tigre sin rayas en la gran gema difusa,
lingote seco en el furor pálido,
espera un descendimiento,
una voz cayendo desde arriba,
porque, ciertamente, el cuervo de las alucinaciones,
el cuervo, reo de tristezas,
creará un día su propia fábula, su corazón por encima de la memoria,
y su pecho de oro, su viento rasgado,
muerde el oído del tiempo, apenas, y de rodillas.
[Mahfud Massís, El libro de los astros apagados]
Mahfud Massis nació en Iquique, en 1916. De origen palestino, la poesía de este Nortino evidencia elementos de la cultura latinoamericana y árabe, lo que lo convirtió en uno de los poetas más innovadores de las letras chilenas durante el siglo XX.
Para parte de la crítica nacional, que consideró sólo la variable etárea, Mahfud Massis pertenece a la Generación Literaria de 1938. Sin embargo, su propuesta poética sólo coincide con ésta en el interés por la temática social. Sus versos levantaron el espíritu revolucionario de la época, mezclado con tópicos bíblicos, donde la maldición, la pesadumbre y el castigo juegan un rol fundamental. El crítico Naín Nómez se refiere a la obra de Massis: “Su obra poética se desarrolla desde una raigambre existencial que privilegia temas relacionados con la muerte, el horror y la angustia, a partir de imágenes y símbolos que aluden a la oscuridad y lo demoniaco. Vinculado a una clara estirpe simbolista, sus metáforas se remontan a los pensadores presocráticos, al Libro de los muertos y a la voz profética de poetas mesiánicos como Dante, Hölderlin, Poe, Rimbaud y Kafka. Retornan también en su obra, los orígenes orientales, palestinos y libaneses, reproducidos en la violencia de las imágenes, la profusión de seres milenarios que atraviesan sus poemas y las reminiscencias ditirámbicasde su verbo. La muerte es el eje del tono angustioso de sus textos”.
En 1942 publicó Las bestias del duelo y Ojo de tormenta. A éstas le siguieron Los sueños de Caín (Cuentos, 1953), con el que obtuvo el Premio Renovación de Ministerio de Educación Pública de Chile; ese mismo año recibió el Premio de la Sociedad de Escritores de Chile por su ensayo Walt Whitman, el visionario de Long Island; Elegía bajo la tierra (1955); Sonatas del gallo negro (1958); El libro de los astros apagados (1965), que obtuvo el Premio Alerce en 1964; Las leyendas del Cristo negro (1967); Testamento sobre la piedra (1971); Llanto del exiliado (1986); Este modo de morir (1988); Antología: poemas (1942-1988) (1990) y Papeles quemados (2001), publicado póstumamente.
Su producción literaria abarcó, fundamentalmente, la poesía y el ensayo crítico. Pero su constante labor por la cultura nacional lo llevó a ser director de la revista Polémica, presidente de la Sociedad de Escritores de Chile, presidente del Instituto Árabe en Chile y agregado cultural de Chile en Venezuela (1970).
Después del golpe de Estado de 1973, Mahfud Massis fue informado que había sido exonerado de su cargo y que tenía prohibición de volver a ingresar al país, por ello permaneció en Venezuela. Desde este país desarrolló una importante labor masificando la creación artística nacional y denunciando la situación que vivieron miles de chilenos en ese período.
Después de una vida dedicada a la escritura en sus diversos géneros, Mahfúd Massís falleció el 9 de abril de 1990 en Caracas, Venezuela.
