ODISEO ELITIS
(Creta, Grecia 1922 -1996)

Dignum est
Odiseo Elitis (traducción, introducción y notas de Jorge Páramo Pomareda)
Instituto Caro y Cuervo-Universidad de los Andes, Santafé de Bogotá, 1994,
186 pág.

De unos años para acá, es notorio en Colombia un interés editorial por fomentar y publicar los trabajos de los traductores nacionales; ello es un indicador indiscutible y loable de lo que en los medios podría presentarse como "progreso cultural". A la muy importante colección Cara y Cruz, de Editorial Norma, que se constituye en núcleo de este despertar de la traducción crítica y especializada, hay que asociar algunas publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, en lo que toca a las más delicadas y más escasas traducciones de lenguas clásicas, esto es, el latín y el griego. Que un día nos convirtamos en habituales productores de ediciones críticas de autores llamados clásicos, es una perspectiva de oro cuya sola mención nos emociona. Para ello, no basta con que existan muchos traductores y editoriales dispuestas a encargarse de sus trabajos; es necesario que también los traductores y las editoriales asuman crítica o especializadamente las obras que se ofrecen como material para ser difundido. Aunar, por qué no, bibliografía básica al Homero de Segalá, al Dante de Crespo, al Shakespeare de Astrana o al Goethe de Cansinos Asséns. Por qué no.

Pues bien, el volumen de Dignum est, de Odiseo Elitis (Elytis, escribe Castillo Didier), se presenta como el primero de una proyectada colección llamada El Álamo y el Ciprés. Continuar con esta línea, y en un nivel importante de exigencia lingüística y literaria, sería una empresa ideal, que desde aquí quiero animar.

Ahora bien: Elitis, poeta griego nacido en 1911, y cuyo nombre quedó en la mente -y espero que en la memoria- de mucha gente a raíz de haber recibido en 1979 el premio Nobel de literatura, es también, a su modo, un "clásico", en el sentido de tener sobre sí el reconocimiento de la crítica internacional, numerosas traducciones a distintas lenguas, y por la misma vanidad del Nobel, que no se concede gratuitamente. Sin embargo, Elitis es un gran desconocido para el mundo hispánico, pues son pocas y parciales las traducciones que se han hecho de su obra, casi todas en España y con ínfima distribución en América Latina. Que en Colombia se publique una nueva traducción del Dignum est, extenso y extraordinario poema de Elitis (1959), es, claro, muy importante, pero hace más visible el vacío de su obra restante; a ese vacío se le haría un agalludo contrapeso si esta versión fuese edición crítica, pero, lamentablemente, no lo es. Cuando se emprende este tipo de ediciones, hay que arriesgarse a invertir unas cuantas páginas de más para ofrecer al medio lector colombiano (y tal vez latinoamericano y español), no sólo un escueto poema, sino la contextualización del mismo y de su autor, como un abrebocas al conocimiento definitivo del poeta.

Porque, ciertamente, y pese a la reconocida autoridad del grecólogo Jorge Páramo Pomareda, éste nos ha quedado debiendo un verdadero ensayo introductorio y -amén de las notas que incorpora previsivamente en la introducción, titulada "Elitis y el Dignum est"- un mayor y más detenido análisis del poema mismo, que, por supuesto, no es un poema inocente ni tampoco un poema fácil, y creo que mucho menos en la propia traducción de Páramo. También loablemente, la edición es bilingüe (incluso "calcada" fotostáticamente de la edición griega de la que traduce el profesor Páramo): razón de más para pensar que se ha hecho un trabajo para los cuatro gatos (tal vez tres) que pueden darse el lujo de leer comparativamente los dos textos; una edición crítica siempre estará a punto de permitirle a uno, lego en griego pero con buena voluntad (al menos leemos su alfabeto y sabemos de raíces), silabear algunos versos griegos y acercarse, por tanto, más a la realidad literaria que entraña el poema.

Dignum est es un monumento literario, en el mejor o más estricto sentido de la palabra: un poema épico, rezumante del más puro y menos indeseable nacionalismo griego; es decir, uno de esos poemas que nacen bajo el antiquísimo estigma de lo que es "digno de ser cantado" o recordado por una colectividad, o mejor, por otros: un monumento. Ello le da una evidente gravitación nacional en la historia de la literatura griega contemporánea. Pero, aparte de eso, se trata de un poema complejo, de diestros manejos del lenguaje lírico y una enorme y coherente capacidad de restaurar y evocar antiguas tradiciones helénicas y cristianas orientales. Todo esto, creo que lo podemos afirmar tras la lectura, llena de sorpresas, de este texto múltiple; gracias a la versión castellana de Páramo obtenemos ganancia en materia lexicográfica, en sensibilidad del verso y sabias alusiones al mundo clásico y ritual cristiano; y gracias a su introducción entrevemos una estructura propuesta, la que recrea un Génesis, una Pasión y unas Laudes, con toda la significación que estas tres palabras, con mayúsculas, poseen. Es por eso que no nos despistamos demasiado con los juegos a veces herméticos de las metáforas y las evocaciones (que Castillo Didier llama surrealistas). Páramo nos ofrece en parte un repertorio explicado (no suficientemente explicado) de estas referencias. También él nos saca de nuestro inicial asombro por el título latino del libro; de hecho, así lo bautizó su primer traductor español, Cristián Carandell, de manera que Páramo, como lo hace también en la interpretación del poema, sigue el criterio de otros: dado que el título griego original, To axion estí, corresponde a una fórmula litúrgica de la iglesia bizantina, el traductor quiso dejar intacta la fórmula; pero como existe una correlativa en el mundo cristiano litúrgico occidental, de procedencia latina, que por supuesto tendrá una mayor resonancia dentro del mundo hispánico, se optó por emplearla en lugar de la griega: "dignum est" es una expresión latina, equivalente al "to axion estí", que se emplea aún invariablemente, traducida a las distintas lenguas, en la liturgia católica: "es digno", "es loable" -"en verdad es digno y necesario..."-. Todo este proceso de adecuación, hacia una traducción satisfactoria del título, nos da la medida de lo que entraña una responsable y afinada traducción literaria. Yo creo, ya fuera de texto, que la fórmula latina "dignum est" la desconoce todo el mundo, aun conociendo su traducción castellana. En este sentido, no es comparable el griego, que es una lengua viva (y viva sobre la vivacidad del griego antiguo) con el latín, que es una lengua muerta. Ante la imposibilidad de reproducir con efecto semántico eficaz la fórmula litúrgica, yo traduciría por lo profano, tal vez ampliando el campo semántico, algo así como "Sea digno de alabanza". Pero es posible que por razones editoriales, y del registro del ISBN hispánico, el Dignum est sea inamovible ya como título.

Decía que la traducción del profesor Páramo es difícil, densa. Desconozco otra versión castellana, salvo algunas de poemas pertenecientes a otros libros de Elitis. Pero la impresión que deja la lectura de esta traducción corresponde al un poco depresivo dictamen de Miguel Castillo Didier acerca del surrealismo del poeta griego. Por supuesto, hay mucho de sueño, de atmósfera onírica, de realidades que sólo se producen simbólicamente. Pero el poema es mucho más que eso: el sueño no proviene de una libre asociación sino más bien de una asociación controlada de míticas presencias de un pasado ancestral y confusas y lamentables vivencias de un presente, el del poeta, que se mira a través de su Grecia ante las eventualidades de la guerra, de los conflictos internos, de la pobreza, pero también de las costumbres, de las creencias y de los amores del hombre griego actual; la atmósfera onírica, me parece, no es más que la exacerbada interioridad de quien vive esta experiencia (de la cual hay una narratividad explícita); los símbolos, en cambio, sí corresponden a una voluntad poética, pero creo que no son tan espontáneos como la expresión "surrealista" puede sugerir.

Lo difícil, lo denso, es aquí la literalidad. La versión de Páramo sigue, en sus mínimos detalles, incluyendo la disposición tipográfica de los versos, el original griego. Con su inmenso dominio del griego, Páramo puede desarrollar la dirección y el sentido de los versos, de modo que puedan convertirse casi en "lo mismo" que el original propone. En lo relativo al verso, he dicho, la traducción es exquisita, de gran sensibilidad rítmica y de mucho peso semántico. Yo objeto, en cambio, el excesivo quiebre de la sintaxis -literal o no-, que a lo largo de himnos, salmos, cánticos, prosas y laudes (que evidentemente tienen connotación litúrgica, pero más que litúrgica una intención sacralizadora) produce en el texto castellano una inclemente repetición del hipérbaton. El hipérbaton, en la medida en que es una figura de retórica, existe como recurso sólo si se percibe su excepcionalidad; puesto a recorrer y darles su tono a una multitud de versos, esta desmedida alteración de los elementos de la frase narrativa, genera en español una extrañeza, un alambicamiento, un amaneramiento que, si existen en el texto griego, carecen sin duda de la misma negativa sonoridad.

Por lo demás, el poema debiera ser leído por todos, y especialmente por los poetas, que en él se enfrentarían -aparte de la fértil discusión sobre la literalidad- a un tipo de realidad poética poco frecuente, no sólo en nuestro medio sino en general en la poesía contemporánea: cómo hacer significativo y actual el poema épico.

Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. "Humboldt 200 años" Publicación digital en la página web de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República.

ANIVERSARIO

Traje mi vida hasta aquí
a esta señal que combate
siempre cerca del mar
juventud sobre las rocas, pecho
con pecho hacia el viento
¿A dónde ir un hombre
que no es otra cosa que un hombre?
Contando con sus frescos verdes
instantes, con aguas las visiones
De su oído, con alas sus remordimientos
Ah, vida
de un niño que se vuelve hombre
siempre cerca del mar cuando el sol
le enseña a respirar allí donde se desvanece
la sombra de una gaviota.

Traje mi vida hasta aqui
blanca enumeración, negro murmullo
Pocos árboles y pocas
piedrecillas mojadas
Dedos leves para acariciar una frente
Qué frente?
todas la noche lloraron las esperas y no hay ya
nadie para que se escuche un paso libre
Que se alce una voz descansada
en el muro que las proas chapotean escribiendo
un nombre más lauco en sus horizontes
pocos años pocas olas
sensitivo remaje
en las bahías en torno al amor.

Traje mi vida hasta aquí
incisión amarga en la arena que se ha de borrar
_Quien vió dos ojos tocar su silencio
Y mezcló su luz de sol encerrando mil mundos
que recuerde su sangre en los otros soles.
Mas cerca de la luz
existe una sonrisa que cancela la llama_
Pero aquí en el ignorante paisaje que desaparece
en una mar abierta e inclemente
el exito desgránase
Torbellinos de alas
Y de instantes que se ataron a la tierra
tierra cruel bajo las impacientes
plantas de pies, hecha para vértigo
Volcán muerto.

Traje mi vida hasta aquí
roca consagrada al liquido elemento
más allá de las islas
más abajo de las olas
vecindad en las anclas
_Cuando cruzan quillas hundiendo con pasión
un nuevo obstáculo y lo vencen
y con todos sus delfines alumbra la esperanza
ganancia del sol en un corazón humano_
Las redes de la duda atraen
una figura de sal
esculpida con esfuerzo
Indiferente blanca
que vuelve hacia el piélago los vacíos de sus ojos
Sosteniendo el infinito.

.
LA TARDE
y su imperial aislamiento
y la ternura de sus brisas
y su temerario resplandor
Nada... que no venga nada
que no se marche

todas las frentes desnudas

y un cristal por sentimiento.