HUMBERTO DIAZ-CASANUEVA (1906 – 1992)
Nacido en 1906, estudió filosofía en la Universidad de Chile donde también fue profesor. Obtuvo el grado de doctor en la Universidad de Jena (Alemania). Su labor docente la desempeñó en distintas universidades del mundo, al mismo tiempo que su labor de diplomático, de la cual será retirado después del golpe militar de 1973.
Su labor poética comienza tempranamente y si bien durante mucho tiempo su obra permaneció ignorada por el grueso público es recuperada por algunos escritores como los integrantes de la generación del ’60 a partir de libros como Los penitenciales o Sol de Lenguas. También Gabriela Mistral será una gran entusiasta de su obra, lo que queda reflejado en un largo y conmocionado prólogo a Réquiem, que tal vez sea una de sus obras más conocidas. Si bien dicha revaloración será importante, se puede decir que aún la obra de Díaz Casanueva es conocida sólo en un ámbito bastante minoritario.
Las razones de este desconocimiento se pueden atribuir a la dificultad que presentan los textos del poeta. Influido por distintas corrientes literarias y filosóficas (como el surrealismo, el expresionismo y la tradición filosófica alemana), su escritura se caracteriza tanto por sus variaciones lingüísticas, su orden sintáctico, un gran uso de metáforas y metonimias, recurrencia a figuras simbólicas, principalmente provenientes de la tradición griega y del cristianismo, así como un tono solemne y dramático en sus distintos textos.
Estas características hacen que la comprensión de sus textos requiera de una cuidadosa lectura que permita descubrir los principales mecanismos que utiliza el autor para textualizar sus preocupaciones literarias. Como el mismo autor lo señala en una carta a su gran amigo Rosamel del Valle, para él la poesía es una lucha y agonía dialéctica, es decir un empeño por revelar aquellos aspectos ocultos de la existencia a los cuales es imposible acceder por algún mecanismo cotidiano, lo cual se traduce en un permanente desdoblamiento en pos de la búsqueda de una revelación sagrada.
Bibliografía:
- La estatua de sal, 1947
- La hija vertiginosa 1954
- Los penitenciales Roma, Caruccci Editores, 1960
- El sol ciego. Santiago: Ediciones del Grupo Fuego, 1966
- Sol de lenguas. Santiago, Editorial Nacimiento, 1970.
- Antología poética. Santiago, Editorial Universitaria, 1970.
- El hierro y el hilo Oasis Publication. Toronto, 1980
- Los veredictos. Cuadernos de poesía y prosa de América y España Nº1 Ed. El Maitén. Nueva York, 1981
- El pájaro dunga. Editorial Oasis. México, 1982, 30
- El traspaso de la Antorcha. Araucaria, 1982
- La aparición. Editorial Plural. Caracas, Venezuela, 1984.
Fuentes:
- Szmulevicz, Efraín: Diccionario de la literatura chilena. Santiago, Editorial Andrés Bello, 1984.
Humberto Díaz Casanueva (1906-1992)
Massone, Juan Antonio.(2004). Santiago.
Cuadernos de la Academia Chilena de la Lengua,
127 páginas
Orlando Aliaga Guzmán
Univeridad Católica Silva Henríquez
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Hablar de un poeta como Humberto Díaz Casanueva no es fácil. Es una labor riesgosa que llama al rigor e incluso a la osadía. Sin embargo, no por pedregoso y esquivo que pueda ser el camino, constituye un trabajo opaco y sin sentido emprenderlo, porque, lejos de llevarnos por el sendero de la confusión, su palabra nos acerca al origen del ser.
Leer a Díaz Casanueva es hurgar silenciosa e íntimamente en el origen de un ser reflexivo y, a la vez, reflejo de la acción humana. Un ser despierto, desnudo, fulgurante. Porque los versos en la poesía de este original autor son como él mismo lo declara: "desgarramiento de una máscara infinita... ". Convicción inhabitual y honesta en nuestras letras.
La Academia Chilena de la Lengua ha querido homenajear -una vez más- a uno de sus más ilustres y recordados integrantes. En medio de un año dominado por centenarios -y nonagenarios- se recuerda a un gran hombre y escritor de incalculable aporte a Chile desde su labor artística y cultural, como también desde el extranjero, siendo su cometido una larga e importante labor diplomática.
Juan Antonio Massone, destacado, reconocido y trascendente hombre de las letras nacional, dueño de un estilo pulcro, sobrio, elegante, comprometido y serio, presenta una semblanza y una selección de textos poéticos y algunas prosas del autor de Sol de lenguas. El libro ofrece un recorrido auténtico y original por distintos aspectos de este poeta-filósofo que fueron construyendo su vida más emblemática: la de vate y la de diplomático.
Este libro pretende dar cuenta de las diversas actividades de Díaz Casanueva en su larga trayectoria. Primero, una semblanza que se inicia en una calle recordada ("calle Progreso”) por el mismo poeta, de la remota y siempre viva infancia, pasando por sus actividades estudiantiles, donde se forja el rigor por el estudio -que lo llevará a convertirse en maestro de escuela-, hasta su aterrizaje en la labor diplomática.
En el cuarto apartado de esta semblanza, Juan Antonio Massone olvida por un instante el papel estricto de biógrafo, asumiendo un rol exegético. Saca a relucir toda la destreza, la sensibilidad y la intuición necesarias para sumergirse -a pesar de sus palabras iniciales del libro- en el tratamiento del ser en la poesía de Humberto Díaz-Casanueva. La precisión léxica ("la naturaleza...tan significativamente viva crece o inclina la cerviz cuando arrecian los mandobles de la muerte, en esta poesía. "), la virtuosidad, el cuestionamiento certero, la selección casi perfecta de los versos -siempre se darán provechosas discusiones-, todos elementos vitales en el análisis de esta compleja obra poética, necesarios para el lector ajeno a este tipo de composiciones y contenidos -mal acostumbrados a la ya fatigosa experiencia puramente coloquial tan sobreexpuesta por la abundancia de signos mediáticos-, e incluso para el estudioso que no ha tenido la oportunidad de apreciar y de apuntar su catalejo hacia la dirección que da Massone en el análisis: La inquisición del ser. Ardua tarea para el poeta y el lector. Riqueza.
La apreciación de otros personajes destacados del ambiente cultural chileno siempre será motivo de regocijo para cualquier admirador de un artista. Aquí Massone invita a recorrer en breves páginas (pienso en la cantidad justa) las distintas opiniones de sujetos como Eduardo Anguita, Luis Merino Reyes, Pepita Turina, Alfonso Calderón y otros. Todos engrandecen con justificada razón la imagen perenne de Díaz-Casanueva. Además se señalan, oportunamente, los distintos estudios que se han realizado en torno a la obra del poeta.
El Premio Nacional es un galardón que significativamente trae consigo el reconocimiento intelectual de un artista. De ahí lo polémico del asunto, lo cuestionado siempre. Pero en Díaz Casanueva fue casi una obligación. Una deuda que pagar. Sin mayores miramientos y envidias -tradicional en nuestro medio- en 1971 se reconoció la larga trayectoria a este poeta, otorgándole dicho honor. El sexto apartado del libro nos llevará brevemente hacia el escenario que se dio previamente a la deliberación del jurado, y a la posterior impresión de Díaz Casanueva en el extracto del discurso de agradecimiento.
El último aspecto de la primera parte concluirá con el relato sobre la incorporación del homenajeado a la Academia Chilena de la Lengua. Palabras de admiración ante la figura eminente del fallecido poeta. El silencio de una voz que siempre habló desde lo profundo.
La segunda parte de esta obra revela la poderosa lucidez del poeta y el buen sentido del antólogo. Los poemas seleccionados pertenecen a sus más significativos libros: Vigilia por dentro, El blasfemo coronado, Réquiem, La estatua de sal, El sol ciego, El hierro y el hilo y El pájaro Dunga. Viaje iluminador para cuanto se ha dicho. La verdadera apreciación de una artista siempre se dará con mayor honradez y firmeza en la degustación de sus obras, y esta no es la excepción; al contrario, es el momento preciso para detenerse en el umbral del cuestionamiento por la existencia humana desde la poesía. "¿Qué soy para vosotros? ¿ Un moribundo? Yo no sé lo que soy ".
Las prosas no son parte menor en su obra. Porque la palabra poética se puede dar en toda clase de textos, si esta lleva consigo esa poderosa transparencia. Y en Humberto Díaz Casanueva la sabiduría tiene nacionalidad por excelencia. Los textos versan sobre pedagogía -una de sus grandes pasiones-, defendiendo su postura de la innovación original de América en relación a las grandes potencias e influjos extranjeros. En el texto "Presencia de Gerardo", el poeta recordará recreará a uno de sus grandes amigos. Luego aparecen artículos como "Homenaje a André Bretón ", y, respecto a la Historia: "Los esposos etruscos " y "La peregrinación de las uvas ". Al finalizar, se ofrece un listado completo de sus obras poéticas publicadas entre 1926 y 1991.
A pesar del panorama superfluo y exteriorizante de nuestra poesía actual, poetas de la talla del presentado indican un camino de la existencia, en el cual nos vamos asomando a esa realidad que es la muerte. Juan Antonio Massone así lo comprende y deja testimonio de un gran poeta, con el ánimo de trascender en quienes no han surcado las aguas del torrente misterioso.
Con poetas como Humberto Díaz-Casanueva pienso en que solo es un eclipse la oscuridad literaria de hoy -parafraseando a Gonzalo Rojas-, y que pronto volverá ese enigma poético que debe ser resuelto por el escritor, el verdadero y comprometido escritor. El Hombre de Letras.
"guíame un báculo partido en dos
.......voy en lo pedregoso
....... del Aire
por el borde del tejado voy... "
(De Vox Tatuada) ALIAGA GUZMAN, Orlando. Humberto Díaz Casanueva (1906-1992) Massone, Juan Antonio.(2004). Santiago. Cuadernos de la Academia Chilena de la Lengua, 127 páginas. Lit. lingüíst., 2005, no.16, p.302-304. ISSN 0716-5811.
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ALIAGA GUZMAN, Orlando. Humberto Díaz Casanueva (1906-1992) Massone, Juan Antonio.(2004). Santiago. Cuadernos de la Academia Chilena de la Lengua, 127 páginas. . Lit. lingüíst.. [online]. 2005, no.16 [citado 24 Agosto 2006], p.302-304. Disponible en la World Wide Web:
© 2006 Universidad Católica Silva Henríquez
LA MEDUSA I
intersticios de nieve en el sol
así
para desvanecerme
arrastro esta tumba
¿qué?
nada ha concluido sino
que los desenterrados
no son nadie
primero la sombra
es audible
lo juro señor
comenzó un ruido terrible
luego me puse húmedo de sangre
grité y grité abrazado a mis rodillas
me compadecí
porque más allá de mis límites
alcé el espejo y la vi
¿cómo era?
yo no sé
parecida a una sombra que cuajara
en un sueño profundo
el corazón un erizo de pestañas
¿puede el orífice
esmaltar la torre de nieve que levantamos?
una siembra de arena con nieve
donde te hundes
sólo una mano queda fuera
llamando a alguien
a alguien de aire endurecido
como en otras misas
signándome
la vinagrera tiene tres veces agua
la sangre ha cambiado de color
y cala hasta los huesos
¿soy pues tan fortuito
no mucho más
tenido por las agallas?
con mucha impaciencia
lustré un espejo cada vez más negro
y la vi
¿cómo era?
amarga y ancestral
¿a quién la hubiera comparado?
modelada era primero su nuca
y deshecha en serpiertes
su loca cabellera
intersticios de hielo en el sol
grité grita estrangulándome
compadeciéndome mucho
unos rasgos informes
y unas orejas en todos los sentidos
en el ángel
la cualidad corporal provoca
un oculto nacimiento
me dijo Hermes que evaporase mis lágrimas
y me simulara
para ser el que soy
porque soy
sonido frío
de hombre que va hasta su ángulo
y luego diversas cualidades
que permanecerán secretas
en las metamorfosis del delirio
¿por qué te asustas y restriegas tus ojos
como si tuvieras hormiguitas?
acompaño al piano el susurro de las hojas
picoteándome la nuca una paloma
me va aconsejando
voy hacia una desnudez pura y absoluta
una estatua con agujas clavadas
por lo menos me duele
considero sagrado que yo viva
aunque alegórico
ven en mi auxilio ven
porque algo vedado de mí se posesiona
sujétame estos grandes latidos
soy un muerto embrionario
en medio del sueño
¿no es preferible el agotamiento del éxtasis
a la facultad suprema?
tan desabrida la borra de las aguas
una vez que mi sed haya calmado
soy exhuberante si soy absolutamente uno
se pierde la fe
por ello a lidiar vengo contigo
vengo prenatal
exhalado por una boca de lobo
ven en mi auxilio ven
estoy en una trampa mortal
globos multicolres debajo de los párpados
aligérame el peso del silencio
conmuéveme el placer de dar un paso
con el pie derecho de piedra
tus alas de oro sólo vuelan subterráneas
entonces
soy tu cómplice secreto
vestido de escafandra
no exites demasiado
estrellas y elementos
vivimos sobreviviendo
y nos aliviamos
tañendo huesos pulidos
¿por qué te seduce aquel Ojo
como un huevo que va a estallar
en rayos sombríos?
cada hombre es un antípoda del otro
y así vamos inmigrando
te hinchas de orgullo cuando te llenas
de estrías azules
y así debes suplir
los pies quebrados
porque eres arborescente
los nidos son una labor de aguja
de manos sacramentales
es la hora de morder una manzana de plomo
la serpiente se pone de pie en el Triunfo Hermético
y nos anudamos
los rosotros hechos de cuerdas
tienen vibraciones armoniosas
ambos paladares son difícilmente comprensibles
¿y qué?
¿no te hace inmortal por un segundo
la cadencia del desnudo seno
erizado de espinas?
castígala
golpéala con cirios blancos
pero nadie se emancipa de unos espectros
que nos vienen vestidos de harapos
me baña en su sangre
como si yo fuera un pez que la surcara
hasta que juntos nos deslizamos
hacia un infinito azar
ha dado vida para que así viniera
la común presencia de la muerte
esa cabeza genital y siempre ahorcada
sólo en un espejo puede verse
el ojo es un falo que fecunda
la oscuridad de la luz astral
en verdad cuanto digo
no sabía de qué
hacia ti yo voy
pero me falta un sueño
encadeno el relámpago
con unas fuerzas marchitas
el espejo es una delgada capa de leche
que transparenta locas vírgenes
el ojo es un hornillo
pongo encima una sartén de plata
con un ave persa
¿qué sacrificio es este
y por qué resoplo y sudo
un vino nuevo
para esa lengua que ladra?
es posible que esté loca
y me lleve más allá de lo que soy
con banderas de cuero
me hacen saludos y honores
esto me da vértigo
quiero la extinción angélica de mi tronco salvaje
quiero la fetidez de una estrella mayor
con sandalias aladas el hombre roza
grandes maravillas en el curso de los tiempos
tal vez yo la necesite y no haya mayor diferencia
revestido de soles de cenizas
luchamos por hacer oro
y así inalterable sea la piedra ígnea
el espejo es un agujero de las aguas
que se van coagulando
¿cuál es entonces el profundo alivio
y la más cruel esperanza?
cantan los gallos me enrosco en
una vida de sangre
todo sucede porque hay una gran indigencia
¿qué debo hacer para que me sea propicio el mal
y reciba yo incremento
de una aves cegadas?
estremécese la escoria en mi costado
y truena el sol
viene la secreta semejanza
cuando te arranco
la Máscara
en un espejo bellísimo
y veo que nunca ha sido niquelado
¿nunca?
¿diría por tanto que la razón de existir
es la propia imagen de mi sobrecogimiento?
¡madre!
¡percibes la neblina que oculta
un inmenso jardín
en donde repiran las estatuas?
acicalas la cabeza de un león
tu hijo lucha con una rueda eterna
¿y así lo dejas
para que te haga justicia?
compruébamo, ¡oh, alma mía!
aunque no sea evidente
sino el silencio colmado
un grado del imán de oro
es la piedra que he tragado
tosiendo y gimiendo
he tragado
¡piedad piedad por estas vanas visiones!
entonces tu ojo como un hongo
crece en mis entrañas
¡ay, ay de mí?
empuño la espada sobre un vuelo nocturno
y me canso lo astutamente irreal!
trazo un círculo y aprisiono
el sol de medianoche
por el espejo pasa la sombra de una sangre
blanca roja
pasan granos de trigo que me pongo a besar
lo que ocurre puede embellecerlo todo
lo horrible lo siniestro
refinan y transmiten
fantasmas que nos imitan
un acceso de muerte
punza al ángel sonámbulo
¡ay!
¡ese tercer ojo sin que existan los otros dos!
pulsos parecidos a unos hondos pasos
que no caminan sino que se clavan
para siempre
con las cejas cerradas
para no escribir nunca
sino raíces de pájaros promoviendo
un gran alboroto
el humo y fuego que salen de
mi nariz aplastada
se enfrían lentamente
han de venirme dones
arraigará mi barba
en el desierto pedregoso
también puede ser que el muerto
tenga la boca
tapada con agua metálica
sostengo la viga maestra de un templo convulso

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