José Joaquín Vallejo (1811-1858) | Presentación

Un escritor chilenísimo, ladino, criollo, malicioso,
embelequero, copiapino y minero
Benjamín Vicuña Mackenna

José Joaquín Vallejo, “Jotabeche”, transitó haciéndose notar en los campos más importantes de la vida intelectual, política y periodística de su época. Copiapino de nacimiento y convicción, Vallejo siguió estudios en La Serena y Santiago, ciudad en la que ingresó al colegio que por esos años estaba bajo la dirección del humanista español José Joaquín de Mora. Más tarde ejerció como secretario de la Intendencia de Maule. Volvió a Santiago en 1840, dónde comenzó a colaborar en el diario Guerra a la Tiranía, tribuna desde la cual porpinó fuertes golpes a sus opositores políticos.

Vallejo llevó a cabo su labor periodística y creativa en medio del clima intelectual que dio vida al movimiento literario de 1842, desarrollando en sus escritos una “observación profunda y fina del lado ridículo de los hombres y las cosas, sazonado todo ello con un estilo llano, fluido, original e instintivamente correcto”, según expresó Alberto Edwards. Sus textos, llenos de humor y mordacidad, no sólo fueron una poderosa arma para las polémicas políticas y literarias en las que se embarcó –como la que protagonizó con Domingo Faustino Sarmiento cuando éste vivía en Chile-, sino que también atraparon gran parte de lo esencial de su época, como lo muestran sus numerosos artículos de costumbres, publicados en diarios como El Mercurio de Valparaíso y El Copiapino, periódico que fundó el mismo Vallejo en su ciudad natal, el año 1845.

En su actividad pública, José Joaquín Vallejo no sólo se desempeñó como secretario de la Intendencia de Maule; movido por su permanente inquietud política y de servicio, asumió en 1849 como regidor de Copiapó, cargo que abandono tempranamente para presentarse –y resultar elegido- como diputado por Huasco. Tres años más tarde fue elegido nuevamente diputado, esta vez en representación de Cauquenes. En 1852 fue nombrado Encargado de Negocios de Chile en Bolivia.

Sin embargo, el principal legado de José Joaquín Vallejo debemos buscarlo en su escritura y en el valor literario de su obra, que no sólo se expresó a través de su pertenencia al movimiento intelectual de 1842, en el que compartió con figuras como José Victorino Lastarria, Salvador Sanfuentes, Antonio García Reyes y Manuel A. Tocornal, sino que permitió abrir el camino a la escritura costumbrista y dar cauce a los ideales del nacionalismo literario, por los que transitarían creadores como Alberto Blest Gana, Daniel Barros Grez y Joaquín Díaz Garcés, por mencionar a algunos de los más renombrados exponentes de esta corriente.

MOVIMIENTO LITERARIO DE 1842

Bases culturales de la identidad chilena

Un clima de prosperidad económica y tranquilidad política, consecuencia de la explotación minera de Chañarcillo; las exportaciones de trigo a California y a Australia; la obra política de Diego Portales, el triunfo en la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, fueron algunos factores que propiciaron el surgimiento del llamado Movimiento Literario de 1842 o Generación del 42. Por otra parte, la presencia de Andrés Bello y su dedicación a la creación de una tradición cultural y al fomento en la juventud chilena del amor por la literatura, además de la oleada de emigrantes argentinos llegados a Chile, entre los que se cuentan a José Joaquín de Mora y Domingo Faustino Sarmiento, impulsaron este nuevo movimiento.

En términos generales el escenario dentro del cual se desarrolló el llamado Movimiento Literario de 1842 fue el de la polémica. Así, una de las discusiones que dio inicio a este período fue la llamada “controversia filológica”. El 27 de abril de 1842, Pedro Fernández Garfias publicó “Ejercicios populares de la Lengua Castellana” en el diario El Mercurio de Valparaíso exponiendo una serie de términos y palabras que consideraba reprobables. La reacción ante este artículo fue dividida, mientras Domingo Faustino Sarmiento lo recibió favorablemente, dos artículos firmados con los pseudónimos “Un recoleto” y “T.R.E.S”, respectivamente, lo impugnaban. A estos dos artículos respondió nuevamente Sarmiento, mientras a éste respondía Andrés Bello firmando con el seudónimo “un quidam”. La respuesta de Sarmiento a Bello no se hizo esperar, así con el título “Contestación a un quidam” y luego “Segunda contestación a un quidam”, lo acusó de impulsar a la juventud a estudios que iban en menoscabo de los ideales de la ilustración. La batalla se extendió hasta el 30 de junio de 1842, integrándose a ella José María Núñez.

Una segunda polémica comenzó con la publicación de “Clasicismo y Romanticismo” de Vicente Fidel López en la Revista de Valparaíso, la que recibió en forma casi inmediata la réplica de Salvador Sanfuentes con su artículo “El Romanticismo” publicado en El semanario de Santiago. A Sanfuentes contestó José Joaquín Vallejo en un artículo, publicado en El Mercurio, que hacía burla del Romanticismo. Las repercusiones continuaron con nuevos artículos de Vicente Fídel López, de Sarmiento y de Antonio García Reyes. Esta polémica concluyó en agosto de 1842.

En forma paralela, comenzó su gestión la Sociedad Literaria, cuyo discurso inaugural fue leído por José Victorino Lastarria el 3 de mayo de 1842. La Sociedad literaria de 1842 surgió, de acuerdo con lo señalado por Jacinto Chacón, “gracias al espíritu de protesta contra los perseguidores y sus reaccionarios” que nació en esta generación debido a la persecución emprendida por los conservadores en contra de los intelectuales liberales tras la muerte de Diego Portales.

Tomado de: Memoria chilena