Cierto, en Chile, pues para los escritores de regiones nos suena otro país Santiago y la Sociedad de Escritores. Por la admiración que le tenemos al poeta desde los rincones marginales de las Regiones,estamos felices de su presencia, aunque no lo tengamos entre nosotros en la provincias, y no seamos parte de la celebración del 75 aniversario.

Invitando a Ernesto Cardenal (1925), la SECh decidió iniciar los actos conmemorativos de su septuagésimo quinto aniversario el viernes 3 de noviembre. Este es el que durante los años sesenta se convirtió en el poeta dilecto de un vasto sector de nuestra población. Conocimos a este poeta nicaragüense en su primera visita a Chile. Acompañado del editor Jorge Barros, fue recibido con entusiasmo en el Instituto Pedagógico. Todos admiraban a ese hombre menudo de boina y cotona campesina, poco amigo de las entrevistas. La muchachada sabía de memoria sus epigramas amorosos a la manera de Catulo. Entonces, se publicó en nuestro país la Antología de Ernesto Cardenal (poemas), por la Editora Santiago, 1967, que incluía un disco con su voz .

El padre Cardenal es uno de los sacerdotes que impulsó la teología de la liberación, pero hasta hoy sobrelleva sobre sus frágiles hombros la leyenda romántica de joven bohemio de familia privilegiada que estudió en México donde se licenció en Filosofía y Letras (UNAM). También estudió en los Estados Unidos dedicando su empeño a conocer la obra de los poetas. Se inició en la escultura con destacados maestros de su tiempo. A los treinta y seis años, asumió el sacerdocio, lo cual, unido a su afán de justicia social, lo condujo a luchar contra la dictadura de Somoza y apoyar al Frente Sandinista, todo lo cual le ha granjeado indiscutible popularidad.

Para el décimo aniversario de la revolución sandinista, el 19 de julio de 1989, pudimos verlo en Managua. Aún no se construía la ciudad devastada por el terremoto y Somoza: hasta entonces era un solo plano diseñado en el suelo vivo, donde sobraban los dedos de una mano para contar los edificios existentes, entre ellos, el bunker de Somoza que tomaron y habitaron los combatientes chilenos al mando del comandante Salvador; un hotel y el edificio del Ministerio del Interior donde trabajaba Tomás Borges y nos acreditamos todos los corresponsales de la prensa extranjera. Pudimos apreciar la obra escultórica de Cardenal en el Teatro “Rubén Darío”, donde Carmen Waugh echó los cimientos de un futuro museo.

Entonces, Cardenal era ministro de cultura y el novelista Sergio Ramírez, el vicepresidente de la nación cuyo gobierno era regido por Daniel Ortega, otro poeta. Había motivos para admirar a esos sandinistas que ponían a los escritores en el gobierno y, sin someterlos a ningún tipo de censura, publicaban libros que daba gusto: la Editorial Nueva Nicaragua lanzaba ediciones de diez mil ejemplares y éstos se agotaban en pocos días en un país de cuatro millones de habitantes..

El Lago Nicaragua, tan inmenso como el Titicaca, es el único lugar del mundo donde se crían y viven tiburones de agua dulce. Cortazar consideró este fenómeno como la metáfora de este dulce y violento país de volcanes cuyas fumarolas humean sin cesar. Salman Rushdie también percibió esta idiosincrasia y la llamó “la sonrisa del jaguar”: así tituló su estupendo libro resultante de su viaje a Nicaragua en 1986. Un archipiélago del lago Nicaragua, el Solentiname, tiene una comunidad de pintores instintivos. Luego que Cardenal fundó allí una abadía, Solentiname se convirtió en verdadero foco cultural del continente.

La primera patria de Rubén Darío (Chile es la segunda) posee una condición que permite decir con humor a los nicaragüenses: todo humano de esta tierra es poeta, mientras no demuestre lo contrario. Díganlo si no esas espléndidas poetisas que son Vidaluz Meneses, Gioconda Belli, Rosario Murillo, Luz Marina Acosta y los maestros Pablo Antonio Cuadra, Coronel Urtecho, Carlos Martínez Rivas. Los escritores de Chile ven representados a todos esos poetas, aun los no nombrados, en Ernesto Cardenal y a ellos rinden su homenaje.

Virginia Vidal

Entre su extensa obra cabe destacar: La ciudad deshabitada (1946), Hora Cero (1960), Gethsemani, Ky. (1960), Epigramas: Poemas, (1961). Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965), El estrecho dudoso (1966), Homenaje a los indios americanos (1969), Vida en el amor (1970), Antología: Ernesto Cardenal, selección y edición de Pablo Antonio Cuadra (1971)., Oráculo de Managua (1973); Los campesinos de Solentiname pintan el Evangelio (1982); Vuelos de victoria (1984) Poemas indios (1992); Telescopio en la noche oscura (1993); El río San Juan; estrecho dudoso en el centro de American. (1993);