por VIRGINIA VIDAL

Un día, en mi casa, le mostré a un respetado poeta muy joven un álbum de Teresa de la Parra, escritora venezolana de gran belleza, y el libro con fotos de Teresa Wilms. Al ver los retratos, él exclamó: "¡Por Dios, qué hermosa era!". Le pregunté si semejante belleza le provocaría un 'revuelo de hormonas' y dice: "No. Creo que ante un ser así, cualquier hombre queda en un estado de recogimiento, conmovido por una suerte de emoción estética..."

La grosera suposición de que a su paso se producía "revuelo de hormonas y miradas", según afirmación de un rábula, contrasta con la elegancia ética de Teresa. Es abismante cómo, sin leer su obra ni investigar su vida, se le achacan amores y amoríos. Es inexacto y falto de rigor afirmar que Teresa inspiró la Niña Chole a don Ramón del Valle Inclán, con lo cual se desata un caos sincrónico, pues la chilena y el gallego se conocieron en 1918 y la Sonata de Estío fue publicada en 1903. Tampoco Julio Romero de Torres la pintó en 1917, porque en ese año Teresa vivía en Buenos Aires. Gómez Carrillo nunca estuvo enamorado de Teresa, pero fueron buenos amigos pues él adoraba a la famosa tonadillera zaragozana Raquel Meller y con ella se casó en 1918, a poco de conocer a la chilena.

Hasta hoy, Teresa Wilms no ha logrado la valoración que corresponde a una creadora. Más que apreciar su obra, se desvaría sobre la belleza de su cuerpo y su rostro imaginándole amores de toda laya con hombres y mujeres de los dos hemisferios, todo esto sumado a un cansancio por la vida ociosa que habría llevado. No se consideran su sensibilidad, su interés por los problemas de su época, su deseo de incorporarse a la Cruz Roja Internacional ni sus libros publicados.

Teresa Wilms Montt (nacida en Viña del Mar en 1893 y muerta en París en 1921), antes que nada, fue una mujer segura de su escritura y de su decisión de escribir. Escribe y se escribe desde su percepción de mujer y no omite ni pensamientos ni experiencias, aun las más defraudantes y desoladoras, así resultaren del efecto erótico o del consumo de alcohol o drogas. Del mismo modo, sus recintos son espacios que gana para la escritura, así sea en el convento, donde logra el respeto de sus horarios para leer y escribir, o en una modesta pieza de pensión. Asombra su pasión de vida y su intensidad para elaborarla como materia poética. Desde sus frustraciones de infancia sintió impulsos suicidas y no es casual que cuando ya tomó la determinación de separarse de su amado, citara los versos finales del Nocturno a Rosario, del poeta mexicano Manuel Acuña, también suicida. Su prematura muerte impidió el desarrollo de su firme vocación y talento creador.

Los Diarios, el primero de los cuales está traducido del francés con faltas de coordinación verbal y abuso de leísmo, vicios que no poseyó la autora, permiten apreciar una compleja personalidad de quien prefiere irse del país y asumir el exilio, aun dedicarse al teatro, antes que desafiar su medio social para irse a vivir con el hombre amado.

De su propio testimonio, se deduce que rompió con Vicente Balmaceda Zañartu (1885-1921), sobrino del presidente Balmaceda: Vicente Balmaceda Zañartu, quien era además primo hermano de su marido Gustavo Balmaceda Valdés(1883-1924), con quien se había casado a los dieciséis años

No hay indicios en su obra de que Vicente Balmaceda la sedujera: todo indica que supo respetar su autonomía y decisiones. Teresa pretendía que Vicente emprendiera con ella un viaje que él no aprobaba y era la renuncia a asumir una vida en común. Él le dijo a tiempo: "Yo quiero que tu amor sea tu orgullo y no tu mancha y tu deshonra". Cuando se sabe la vida de ese señor, uno de los últimos feudales del reyno de Chile, resulta comprensible entender que no hubiera aceptado la propuesta de Teresa de partir con él a la ventura. No hay el menor indicio de que Vicho haya amagado reunirse con Teresa luego que ella salió de Chile ni, menos, que le haya llevado el amén en su loca idea, pues ella pretendía huir con él para dedicarse ambos al teatro en el extranjero.

A esto se suma que Vicente Balmaceda era un auténtico oligarca totalmente aferrado a la propiedad de la tierra, su tierra; gran señor y rajadiablos, formidable cazador, admirado por hombres y mujeres, se farreó varias herencias y murió en estado de total degradación por haber injerido para curarse la sífilis una medicina importada que estaba en mal estado y fue distribuida irresponsablemente ocasionando la destrucción de su organismo y su cerebro. Vicente Balmaceda murió cuarenta y seis días antes que Teresa. Los sucesos y amores que ella protagoniza fuera del país hacen presumir que tan intensa pasión se había agotado. Es injusto y apartado de los hechos afirmar que Vicente Balmaceda la abandonó, pues Teresa pena y muere por sus hijitas. Pero su camino no se cierra en el amor y la maternidad, por eso decide fugarse y escribe con su característica sinceridad:

"Me sacrificaré, alejaré a mi amante y a mis hijas y les demostraré que soy valiente y buena y huiré sola".

También carece de todo fundamento la suposición de que Vicente Huidobro haya sido amante de Teresa Wilms. Ambos, coetáneos, eran casados, tenían hijos, antigua amistad y cierta relación entre sus padres, pero él no la amaba. Es cierto que ayudó a Teresa huir del convento de la Preciosa Sangre donde la habían enclaustrado luego de quitarle la tuición de sus dos hijas, Elisa y Silvia.

.. El propio padre de Huidobro, enemistado con su hijo, reconoció que su hijo era "el más caballero de todos". Su nobleza y su sentido libertario permiten entender que lo hubiera sublevado el castigo impuesto a su joven amiga y la hubiera ayudado a huir. Por otra parte, hay antecedentes de que la joven habría recibido ayuda monetaria subrepticia de sus propios padres para que se fugara, pues consideraban que entre más lejos ella estuviera, más se alejaba el "escándalo".

La figura literaria femenina más aproximada a Teresa Wilms sería Ana Karénina, protagonista de la famosa novela de León Tolstoi. La joven escritora chilena, por disposición familiar fue castigada por adulterio y separada de sus dos hijas y encerrada en el Convento de la Preciosa Sangre.

De ese convento, como de su superiora María Cecilia Guerra Yánez, va a conservar los más hermosos recuerdos.

A un año de su partida, sufrirá el suicidio de Horacio, su amante argentino, tragedia que va a inspirar su mejor obra: En la quietud del mármol y la impelerá a viajar a Europa. Una prosa poética rica en originales imágenes y reflexiones sobre la existencia, el dolor y la muerte: "La pena no enloquece, la pena no mata; va ahondando en el alma como un cuerpo de plomo en una tembladera infinita". Juega con el tiempo y asocia horario y anuario con el nombre de Horacio hasta crear el mágico personaje "Anuarí" para invocarlo en tierna elegía, porque el amado se mata.

Así como Gabriela Mistral se va a tutear con Dios, Teresa se hermana con Cristo, lo pone de testigo de su pena y se solidariza en el abrazo de "la única verdad: la muerte". Empero es tan feroz su fuerza de vida que en la elegía afirma: "No me importa el mundo ni la mediocre balanza que pese mis actos; pocas son las almas que han amado, gozado y sufrido como yo".

Sus intensas experiencias, sensualidad, ingenio y sentido del humor que atribuye al diablillo observador que lleva adentro, sensibilidad y asimilación de la sabiduría popular, se van esparciendo en sus escritos. Su máxima valoración la logra Luis Oyarzún, quien en su ensayo Lo que no se dijo Teresa Wilms (Temas de la cultura chilena, Editorial Universitaria, 1967) afirma: "en nuestra literatura no se ha dado un delirio amoroso más devorador", añadiendo que ella "en su exaltación alcanza ese límite de un erotismo sobrenatural..."

Para Oyarzún, ese tedium vitae que proclama Teresa Wilms está muy relacionado con "el drama de una clase dominante que (...) se desintegra, se pierde" correspondiendo también a "una forma de ser y de vida que muere".

Llama la atención la audacia de Teresa, exenta de pacatería y vulgaridad, para no eludir la sexualidad y el erotismo. Sin rodeos se refiere a su desdicha conyugal y al amor desbordado por Vicente Balmaceda.

Teresa Wilms supo definirse mejor que nadie al considerar su sangre como "diez veces noble, santa y estulta por los alambiques que ha cruzado" y la sintió enrojecer por efecto de la política y la pasión: "Oh, sangre mía que fuiste azul y hoy roja luces! Roja de infierno, de pecado, de revolución". Proclamó su precoz maduración cuando se llamó a sí misma "niña vieja" y "solitario chacal con alma de terciopelo ". Trató a su alma de "pozo muerto", "palacio de piedra", "campo devastado", "huérfana loca", "muerta errante", "flecha de oro perdida en un charco de fango". Tal vez le convenga más el apodo de "comadre del lucero del alba".

Teresa Wilms gozó del cariño y respeto de los escritores que conoció y supo imponer el vínculo de confraternidad, siendo famosa su exclamación: "¡Che, pero si somos camaradas!"

Atormentada, pero muy consciente de su condición de escritora, Teresa Wilms Montt se incorporó a la tertulia madrileña en 1918, luego de vivir en Buenos Aires, donde publicó varios libros, y de pasar a Nueva York; aquí pretendía incorporarse a la Cruz Roja para cuidar a los heridos de guerra, pero la vieron como sospechosa, acaso espía de los alemanes.

En España, fue bien acogida y se incorporó a la vida cultural. En uno de los cafés, el Pombo, calle Carretas N. 4, los intelectuales jugaban lanzar manchas de tinta sobre un papel o a dibujar chanchitos a ciegas, sin levantar el lápiz del papel y el resultado les permitía interpretar la personalidad del dibujante (el dibujo el chanchito lo reinventaría Neruda para poner a prueba a los cofrades del "Club de la Bota", fundado en 1961 en Valparaíso). Los dibujos de Teresa Wilms y contertulios se encuentran en la Biblioteca Nacional de España y en el Archivo de los descendientes de Ramón Gómez de la Serna. La incursión en lo interior de sí mismos y el automatismo lo ejercían por cuenta propia y parecía tenerlos sin cuidado el bautismo del Movimiento Dada, dos años antes en el Café "Voltaire", de Zurich. De la disidencia de estos partidarios de la libertad de imaginación, el antiarte y la sublevación contra los valores burgueses, nacería el surrealismo en 1924. Cuando se habla de esta expresión de la sensibilidad humana surgida después de la primera guerra y de una revolución que parecía brotar de la raíz de los sueños, se piensa en Zurich, Colonia, Berlín y Nueva York, y no se considera Madrid, pero esta capital no era ajena a formas de expresión que brotaban con tanto vigor.

En el rescate de la obra de Teresa Wilms, lo más importante es la valoración de su escritura que nunca alcanzó la plenitud, pues la autora se suicidó antes de los treinta años al sentirse irremediablemente separada de sus hijas. Ella fue llevada a una situación límite provocada por el ostracismo a que la sometió su propia familia, conforme a los cánones de la casta dominante.

No cabe duda que Teresa Wilms es vanguardista, se adelanta al surrealismo, utiliza un lenguaje muy propio, vigoroso e innovador. Se caracteriza por abordar temas muy profundos: vida y muerte, amor y desamor, soledad. Su apología de lo macabro es más propia del dadaismo que del romanticismo. Es una romántica de última fase y queda en evidencia su mayor preocupación por los valores de los seres humanos que por el misticismo.

Bibliografía:

Wilms Montt, Thérèse: Inquietudes sentimentales (grabados de Gregorio López Naguil) Imprenta Mercatali, Buenos Aires, 1917

Teresa Wilms Montt. Obras Completas. Edición comentada por Ruth González Editorial Grijalbo

Los tres cantos, 1918
Cuentos para los hombres que todavía son niños, 1919

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Referencia
Virginia Vidal. "Teresa Wilms: "solitario chacal con alma de terciopelo” ." Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago de Chile: : Editorial Poetas Antiimperialistas de América. 5 de Noviembre de 2006.
< http://virginia-vidal.com/catastro/ensayos/article_375.shtml >