Así lo confirmó su reloj, eran las trece horas y cuarenta y cinco minutos, de acuerdo al itinerario en unos momentos estaría ingresando al Rodoviario de Arica. Por equipaje tría el pequeño maletín con los documentos y su vieja maleta; al ingresar a este puerto no revisaba la aduana, lo que le permitiría hacer rápido abandono de local; la residencial que le habían recomendado , aparte de tener precios módicos, quedaba cerca – según le dijeron-; ojalá le quedara tiempo libre para recorrer la ciudad y comprar algún engañito; en tres días debía cubrir una infinidad de cobranzas, estos viajes apurados no eran de su agrado, pero el señor González, su jefe, le dijo: - Mire, López, usted es la única persona que me puede sacar de este embrollo, pos hombre. Confío en su buen criterio y diligencia. Esta misión es suya. Vuelva pronto-. Y aquí estaba él, por arribar a ese lugar fronterizo y cumplir con el señor González.
Su esposa e hijos fueron a despedirlo a la partida del bus rogándole volver lo antes posible; Elsa a pesar de los duros doce años de matrimonio conservaba esa lozanía y felicidad de vivir que lo cautivó desde el primer día que la conoció; sus hijos José y Rolando, traviesos pequeños de diez y doce años respectivamente, estaban convencidos que éste era un viaje de placer, y lo único que repitieron hasta la saciedad, fue: - ¿Qué nos vas a traer de regalo, papi?- ; ellos no alcanzaban a darse cuenta, todavía, de lo difícil que es hacer alcanzar el dinero en estos días.
A velocidad moderada entraron al poblado, y Jorge López, con asombro vio que la ciudad era mucho más grande de lo que le habían dicho; una gran rotonda de entrada, edificios que sobrepasaban los tres pisos, calles adornadas con diferentes clases de árboles y una majestuosa cadena de cerros corriendo por su lado izquierdo; el día estaba radiante de sol y las personas ataviadas con ropas livianas caminaban con paso cansino, con razón los ariqueños decían que vivían en la eterna primavera. Si tenía éxito en las cobranzas seguramente recibiría una buena gratificación, que harta falta le hacía, más ahora, que su esposa nuevamente estaba embarazada.
Apretando contra su pecho el maletín con los documentos y sosteniendo con la otra mano su vieja maleta, encaró una ancha avenida y trató de hacer parar un taxi, en eso estaba cuando...un auto particular se subió a la vereda y pasó a milímetros de Jorge, acabando por estrellarse estrepitosamente contra un poste de alumbrado unos metros más allá; por fortuna el auto no alcanzó a rozar el maletín de las cobranzas, ya que para López, esto era lo más importante que existía en su pequeño mundo. Gente presurosa corrió por su lado a inquirir detalles de los hechos y ver si el chofer estaba herido -quizás lo hacían por morbosidad o sentimiento de solidaridad al que sufre-. ¿Sería por eso, que nadie reparaba en él?, ¿ni en lo cerca que estuvo de ser arrollado por el vehículo? De improviso, notó que el cielo se había cubierto de oscuros nubarrones parecidos a los del sur del país, cuando anunciaban lluvias; entre tanta persona reunida no podía encontrar un taxi y esa pérdida de tiempo lo desesperaba; tenía urgencia por entregar los poderes a los abogados, para que éstos, a su vez, los presentaran ante los magistrados en los juicios correspondientes; al fin y al cabo eran quince años de trabajo, sumisos e impersonales; no podía fallarle al señor González; necesitaba esa bonificación.
Con premura alzó varias veces la mano tratando de detener a un colectivo que lo llevara a su destino, pero no hubo caso, al parecer, no lo querían llevar por la maleta o, talvez no lo veían. El creciente aumento de los nubarrones comenzó a preocuparlo, no tría ropa adecuada para soportar fríos, y menos una lluvia torrencial. Con un sentimiento de amargura y de abandono comenzó a caminar en busca de cualquier clase de locomoción; al rato extenuado ante su inútil intento, en la primera plaza que estuvo a su alcance, tomó asiento en uno de sus deslucidos bancos; para ser una ciudad en pleno desierto –pensó- , es destacable la frondosidad y la altura de sus árboles. Un paseante señor, entrado en años, con paso lento llegó hasta el banco donde estaba Jorge, saludándolo con una amable venia tomó asiento a su lado y, abriendo un antiguo periódico se puso a leer la sección de deportes; Jorge, para entablar una conversación, dijo al recién llegado: -Señor, sería usted tan amable de decirme, ¿dónde está el morro de Arica?, tanto que he oído hablar de ese monumento y todavía no lo puedo ubicar-. El anciano alzó los ojos del diario y dirigiéndose al afuerino, le repuso: - ¿De cuál morro de Arica me está usted hablando?-. Sorprendido el visitante, miró para todos lados, trató de dibujar un de sus mejores sonrisas, y continuó con la conversación: - De ese que es el símbolo de la ciudad... ese que sale en los libros de Historia-. También sonriente, el lector dobló cuidadosamente el matutino, levantó la mirada como buscando algo en el cielo, y luego de una prologada pausa levantó la mano derecha y despegando el dedo índice de los otros hizo una seña de negación; con mirada profunda y directa a los ojos de su interlocutor, le dijo: - Esta no es la ciudad de Arica, como usted piensa mi querido amigo. Repase su última hora de vida, y ahí... encontrará la explicación, seguramente el destino lo tomó de improviso y no se dio cuenta. ¡Porque éste, es el Purgatorio!.
NELSON GÓMEZ LEÓN
Artesano, actor y escritor. En 1989 y l990 edita la revista “Raima”. En 1990 presenta su libro de cuentos”Cuentos y Otras Hierbas” y Pequicuentos”, en coautoría con Iris Fernández Ángel. En 1991 lanza“Siete Voces de Arica”, en coautoría con Iris Fernández Ángel; “Ideas Sobre el Cuento” y “Caja de Cuentos”.En l992 publica “El Buscador”, y dirige la publicación de la antología “Hacia Un Norte”. En 1993 junto a su Exposición de Narrativa Ilustrada, entrega el libro Kuentomancias y Mentíforas”. En 1999 Norton Ediciones, con ocho mil ejemplares de tiraje, publica el libro “Cuentos chilenos para Niños”, donde incluye un cuento suyo. El año 2002, junto a otros dos escritores, publica la
antología “Tres Esperando la Lluvia”. Sus trabajos aparecen en varias Antologías de Cuentos; también aparece en “Cartografía Cultural de Chile”, “Diccionario de la Literatura Chilena”, de Efraín Szmulewicz, en la “Muestra de la Literatura Chilena”, y en la Antología “Ráfagas Literarias”, de Reinaldo E. Marchant.

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