Por Alejandro Lavquén
Sin duda que el reportaje acerca del Consejo del Libro y la Lectura, aparecido en Artes y Letras de El Mercurio del día Domingo 10 de Junio del 2007, titulado Errores de fondo, da claras luces de lo que está sucediendo en la manera de asignar recursos por parte de esta entidad estatal. En voz de la inmensa mayoría de los involucrados esto se resume en la palabra "irregularidades", por decir lo menos. Y de que ello ocurre se han dado fundamentados argumentos en varias cartas públicas. Sí, se echa de menos en el reportaje haber ahondado más en algunos detalles de casos específicos, como, por ejemplo, el de Editorial Universitaria y la Sociedad de Escritores de Chile (SECh), esta última con dos representantes de los escritores en el Consejo, Reynaldo Lacámara y Hernán Miranda, presidente y director de la institución respectivamente. La editorial recibió alrededor de 42 millones y la Sociedad más de 31 millones según cita el periódico. Siendo ambos juez y parte. El Consejo se defiende explicando que todo se sostiene en la ley, lo que es falso, porque todas las irregularidades detectadas son faltas y la ley no puede amparar faltas, y de ser esto cierto debemos acudir a la Constitución de la República y a los Tribunales. No puede haber leyes de este tipo.
En el caso de SECh, una instancia gremial en decadencia desde hace un par de años por causa de presidentes y directores que la han usado como trampolín para sus objetivos personales, tiene derecho a dos representantes en el Consejo del Libro. Estos consejeros jamás han dado una cuenta como corresponde, sobre su desempeño, a los escritores que representan, por el contrario, han ocultado y manipulado información. Les recuerdo el caso del ex presidente Reinaldo Marchant y Mauricio Barrientos, consejeros anteriores a Lacámara y Miranda, cuyos antecedentes de malos manejos están en conocimiento del Consejo del Libro con todas las pruebas correspondientes, incluso esos antecedentes más otros significó la salida de Marchant y Barrientos como consejeros y dirigentes de SECh. Hoy las cosas no han cambiado mucho, el presidente Reynaldo Lacámara no está a la altura de su cargo, incluso se opuso a que existiera un representante de regiones en el Consejo y ha mentido demasiado. En reunión de SECh, como lo hice saber en carta pública del 04 de Junio se informó que la institución había ganado tres proyectos y uno de ellos pertenecía a una persona particular, pero se había presentado como SECh porque así era más fácil que ganara ¿Es esto justo y transparente?, porque bajo ese criterio todos los asociados podrían presentar proyectos como SECh para asegurar el triunfo de las postulaciones. El proyecto en cuestión es por $ 7.200.000 y pertenece a Gonzalo Contreras (el "poeta", no el narrador, aclaro). En reunión SECh del 11 de Junio del 2007, como cuentan quienes asistieron, el mismo Contreras explicó que su proyecto era magnífico y en la institución deberían sentirse orgullosos de él... Que se dejaran de huevadas. Plop!!! Por su parte, el presidente, ante consultas de algunos socios, dijo que si los consejeros SECh habían apoyado a grandes editoriales era porque así los consejeros relacionados con esas entidades darían sus votos a los proyectos de SECh, es decir "ahora por mí, más rato por ti". Con esos criterios ¡Válgame Satanás! ¿De qué equidad se está hablando?.
La SECh debe ser reformulada en su organización y aclaradas todas las gestiones de sus representantes, dando la cara frente a los escritores de Chile. Y no sólo por su participación en el Consejo del Libro, sino por las faltas al estatuto y el despilfarro financiero que ha ocurrido durante el actual directorio. Los abusos de autoridad con los trabajadores y las prebendas obtenidas por los incondicionales del presidente también deben ser aclaradas. Otro punto, es aclarar los criterios de SECh para elegir los jurados que le solicitan durante el año, dentro de éstos para el Premio Municipal y Pablo Neruda. Bajo las condiciones actuales la SECh no es merecedora de tener representantes en ninguna parte de no corregir las irregularidades internas. Hasta el día de hoy el presidente Lacámara se niega a responder los emplazamientos públicos por parte de algunas filiales para que dé cuentas de su labor y criterios aplicados como consejero del libro. Tampoco informa de los detalles de la salida del director Víctor Sáez hace meses y hoy del vicepresidente Aristóteles España, que fue marginado del directorio. Y qué decir del caso de Fernando Pastén, que trabajó en SECh durante 43 años.
Sé que muchos (como el señor Víctor López quién no sé quién es ni qué hace) aprovecharán esta carta para denostarme tal como lo hicieron en el caso del ex presidente de SECh durante el 2005 y parte del 2006, calumniándome e inventando las fábulas más siniestras acerca de mi persona y episodios de mi vida para encubrir los oscuros manejos económicos que denunciamos varios escritores en aquella ocasión; pero me da lo mismo, no tengo tejado de vidrio y desafío carearme públicamente e incluso ante los tribunales con mis detractores. Una de las características de este tipo de personas es atribuir sus propios vicios, defectos y faltas a los demás, pero finalmente lo que vale son las pruebas objetivas. Lo que pasa es que en este país no hay consecuencia política, ni de principios ni ética alguna por parte de muchos que se dicen progresistas y democráticos. Hay malignos de ayer que hoy se presentan como ángeles de la guarda. Hasta de golpearme me han amenazado por decir lo que es mi deber decir, como ser social y como ser político; que vengan, no le tengo miedo a ningún pelafustán. Si quieren palabras, palabras tendrán, si quieren pistolón o florete, pistolón o florete tendrán, la defensa propia es un derecho humano. Chile está podrido de corrupción de toda especie, y ésta lamentablemente llegó al ámbito de las letras hace tiempo, y hay que decirlo. El escritor es parte de la sociedad y su palabra es legítima también en las batallas contra la injusticia y los malos manejos de las instituciones de todos los chilenos. Hay que seguir denunciando a quienes profitan impunemente de lo que es de todos y más encima se burlan de las denuncias. Por lo menos, por mi parte, lo seguiré haciendo cada vez que sea necesario.
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Alejandro Lavquén