Nada que valiera la pena a no ser por algunas poses chascarreras, ciertas actitudes pedantescas y palabrería al viento fue el "encuentro" entre Hernán Rivera Letelier (local) y Fernando Villegas (afuerino). Un vulgar tongo.

Esperabamos más. Pero, qué más, conocido es lo epidérmico que resulta ser el santiaguino, que posa de profundo y apenas tiene menos fondo que una poza de orillas de playa, es asunto de leer sus libros, al más puro estilo ligth.

Cuando se le hizo saber a Villegas, su desconocimiento acerca de la literatura del norte, se fue por los vericuetos del desconocedor, diciendo que quienes plantean que la literatura nortina en su mayoría fue silenciada por las grandes empresas, sostuvo que eso era un simple cliché.
Nada que lo aproximara a los escritores nortinos Nicomedes Guzmán, Salvador Reyes, Sady Zañartu,o González Zenteno,por ahí sacó a colación, y no tenía nada que relacionarlo al tema, el zdanovismo (realismo socialista), también utilizó el manido y recurrente muro de Berlín y otras ya conocidas monsergas trasnochadas.

Eso si, hizo mucho hincapie que venía con un 75% de sus energías y capacidad intelectual, y que venía si, eso era lo importante a recibir su soldada como un mercenario cualquiera, hecho que destacó El Mercurio de Antofagasta, con palabras más elegantes.

Rivera fue el mismo de siempre, alegre, con sus salidas habituales y quedó muy bien ante su público.

El evento que fue precedido por mucha publicidad, terminó sin pena ni gloria, dejando en el publico un sabor desagradable.