Nada que valiera la pena a no ser por algunas poses chascarreras, ciertas actitudes pedantescas y palabrería al viento fue el "encuentro" entre Hernán Rivera Letelier (local) y Fernando Villegas (afuerino). Un vulgar tongo.
Esperabamos más. Pero, qué más, conocido es lo epidérmico que resulta ser el santiaguino, que posa de profundo y apenas tiene menos fondo que una poza de orillas de playa, es asunto de leer sus libros, al más puro estilo ligth.
Cuando se le hizo saber a Villegas, su desconocimiento acerca de la literatura del norte, se fue por los vericuetos del desconocedor, diciendo que quienes plantean que la literatura nortina en su mayoría fue silenciada por las grandes empresas, sostuvo que eso era un simple cliché.
Nada que lo aproximara a los escritores nortinos Nicomedes Guzmán, Salvador Reyes, Sady Zañartu,o González Zenteno,por ahí sacó a colación, y no tenía nada que relacionarlo al tema, el zdanovismo (realismo socialista), también utilizó el manido y recurrente muro de Berlín y otras ya conocidas monsergas trasnochadas.
Eso si, hizo mucho hincapie que venía con un 75% de sus energías y capacidad intelectual, y que venía si, eso era lo importante a recibir su soldada como un mercenario cualquiera, hecho que destacó El Mercurio de Antofagasta, con palabras más elegantes.
Rivera fue el mismo de siempre, alegre, con sus salidas habituales y quedó muy bien ante su público.
El evento que fue precedido por mucha publicidad, terminó sin pena ni gloria, dejando en el publico un sabor desagradable.

A que se supone que fue Villegas? Cuál fue el propósito de ese "encuentro" con Rivera Letelier? Los términos tan manidos hoy : "Encuentro, Evento", son de una vaguedad absoluta. Saludos de una "afuerina" - capitalina.
Creo que lo mejor de ese encuentro, evento, o como se le designe, fue el cafecito que nos pasamos a tomar con unas amigas (literatas) al jumbo y con tortita. En verdad gusto a poco, o a vacio. Nimiedades para rescatar, y cuando pudo haber algo de debate o polémica. plop se acabó el tiempo.
En todo caso nunca había masticado la diferencia entre suerte y fe (en si mismo, cómo dijo Hernan) y lo valoro.
Hace un par de años a alguien se le ocurrió invitar a Iquique (bien atendido) a un escritor de apellido Gumucio o algo así. (Lo siento. Mi memoria a veces funciona con anti-spam).
Conversatorio en el Palacio Astoreca. Abierto a todo público. Un emocionado adolescente le preguntó (la típica) "¿Qué opina acerca de la literatura del norte?"
Bueno - dijo - sin atragantarse, no veo que haya una literatura del norte, aunque Hernán Rivera... etc... etc...
Al norte del norte... dijo alguien atrás. Tarapacá....
Nada. Parecía orgulloso de su ignorancia. Como que le daba peso. Total. éramos unos changuitos o algo así...
Para el santiaguino, el norte llega hasta Antofagasta. Si no pregunten hasta donde llegaba el tren de la poesía...
Se equivoca doña Cavancha, para el santiaguino, el norte, llega hasta Le Serena, y para los sureños Chile comienza de La Serena al sur.
Y que hay ignorantes por Chile ese, sobran mi señora, sobran. Y cuanta literatura brotó desde Arica a Los Vilos... eso muy bien lo sabe usted my lady... y varios más, pero los del sur siempre nos ningunean