Infancia sureña Armó sus primeros grupos con sus hermanos, inspirados en el folclor argentino. Pero no fue sino hasta los 18 años, mientras residía en Concepción, que compuso su primera canción: "Bandido". Interpretada por un grupo de la Universidad de Concepción, Los Andinos, el tema fue presentado en 1962 en el Festival Folclórico de Cosquín, en Argentina, y obtuvo el primer lugar. Sería el primero de muchos premios que determinarían el desarrollo de por vida de Manns en la música. Mudanza a Santiago e inserción en el Neofolklore Manns - que a pesar de ello no se considera parte del Neofolklore - le entregó al grupo algunas de sus composiciones, y a través suyo comenzó a insertarse en el círculo de la famosa "Peña de los Parra", que entonces administraban los hermanos Isabel y Ángel Parra. Aunque su repertorio era aún limitado, Manns comenzó a presentarse allí en vivo, en noches que también animaba gente como Rolando Alarcón y Víctor Jara. En ese contexto, conoció al que entonces destacaba como el principal productor del movimiento, Camilo Fernández. El ejecutivo del sello Arena se le acercó al saber de sus dotes de compositor, y le propuso grabar un disco juntos. "Sería bueno tener a toda la Peña en el mismo sello disquero. Así podrían hacer combinaciones entre ustedes, hacer dos voces, hacer cuecas...", recuerda Manns que le dijo Fernández, según cita el libro En busca de la música chilena. "Llegué a su oficina y le mostré todas las canciones que tenía, las seis que cantaba todas las noches en la Peña". Pero Fernández consideró que no eran suficientes. "Pensaba que tenías algo más", le respondió. La urgencia por una canción lo llevó a recordar una vieja historia que él había vivido unos años antes, cuando, en virtud de algunas actividades ilegales desarrolladas con familiares, debió esconderse de la policía en el interior de Los Ángeles. En esa ocasión, Manns se adentró en la cordillera aledaña al volcán Antuco, y convivió con arrieros que robaban ganado del lado argentino durante el invierno. La historia de uno de ellos fue la base para el tema "Arriba en la cordillera", compuesto en apenas una noche. El tema contenía una historia inédita hasta entonces en la música chilena: presentaba a personajes populares desconocidos y planteaba sus conflictos para sobrevivir, dos condiciones que fueron base para el desarrollo posterior del movimiento de la Nueva Canción Chilena, y de su rompimiento fundamental con las líneas tradicionales del folclor local. La vorágine creativa de la Nueva Canción También de esta época inicial es la cantata El sueño americano (1965), en la que Manns integró ritmos folclóricos del continente para contar la historia de nuestros pueblos, junto al conjunto Voces Andinas. Más tarde, en 1971, el álbum Patricio Manns (que incluía temas como "Valdivia en la niebla" y "No cierres los ojos") fue un punto alto de su trabajo de colaboraciones, gracias a la dirección de Luis Advis y la compañía de Inti-Illimani, los Blops, La Orquesta Sinfónica de Chile y La Orquesta Filarmónica de Santiago. El trabajo con Violeta Parra (con quien entabló una profunda amistad; a partir de unas de sus décimas fue que Manns compuso "La exiliada del sur") completó el contexto donde se desenvolvió el autor, cuyo telón de fondo eran los convulsionados procesos políticos de entonces, a los que Manns se incoporó como un activo militante comunista, tal como casi todos los músicos de la Nueva Canción Chilena. Fue así como el golpe militar lo obligó a partir al exilio, luego de permanecer varias semanas escondido en Santiago. Tras gestiones diplomáticas, viajó a Cuba (donde colaboró con el cineasta Humberto Solás en el guión de la película La cantata de Chile), y luego a Francia. Allá continuó con su actividad musical (funda en 1974 el grupo Xaraxú), y se mantiene muy vinculado a las labores de solidaridad con Chile. Poco antes, el músico había compuesto el tema "Cuando me acuerdo de mi país", incluido más tarde en el disco Canción sin límites (1977), grabado junto a la Orquesta Sinfónica de Cuba. Fue, además, en París que Manns comenzó nuevamente a escribir novelas, retomando el oficio de escritor que conserva hasta hoy y que él había iniviado en los '60, obteniendo variados reconocimientos como novelista y ensayista. Entre sus publicaciones, destacan las novelas El corazón a contraluz, El desorden en un cuerno de niebla y Memorial de la noche, y la colección de cuentos La tumba del zambullidor. La sociedad con el Inti y el regreso a Chile Aunque Manns nunca abandonó su trabajo solista, los mayores hitos de ese período estuvieron marcados por su cooperación recíproca con el conjunto residente en Italia; y, sobre todo, con su director, Horacio Salinas, con quien estableció una de las duplas creativas fundamentales de la música chilena. Tras instalarse en la frontera franco-suiza a mediados de los años '80, en 1990 Manns regresó por fin a Chile a cantar. Realizó, entonces, un masivo primer concierto en el Estadio Chile, y luego una gira nacional y algunas presentaciones en televisión. Se reencontró así con el público, e inició un paulatino regreso a su país, que no se haría definitivo sino hasta la segunda mitad de los años '90. En 1996 retomó con profundidad sus lazos con Inti-Illimani y compuso con Horacio Salinas el bolero "Medianoche", con el que inició un acercamiento a ese género. El resultado quedó registrado en el siguiente disco del Inti, Amar de nuevo (1998), y en su disco solista Porque te amé, del mismo año. Fue la producción que lo trajo de vuelta a las giras y escenarios. Manns armó un grupo estable de acompañamiento, que fue la antesala de su instalación definitiva en Chile, en el año 2000. Desde entonces, radicado en las cercanías del balneario de Con-Con, Manns se mantiene activo en sus oficios literario y musical, aunque sus presentaciones públicas son más bien esporádicas. Sigue colaborando con Inti-Illimani, en 2003 editó un disco en homenaje a Salvador Allende, y en el último tiempo ha lanzado en promedio un libro por año, ya sea con reediciones o material nuevo. Lúcido y activo, Manns ha consolidado su nombre como un compositor fundamental de la historia popular de nuestro país. Sus canciones han sonado en las voces de grupos tan disímiles como Aquelarre, Los Miserables, Santiago 4 o Los Bunkers, ratificando así el arraigo de su obra en la cultura musical chilena. |
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