Fontanarrosa
La
internacionalización del español (discurso en el V Congreso de la Lengua)
No sé que tiene que ver con lo de la internacionalización, que,
aparte, ahora que pienso, ese título lo habrán puesto para decir que una persona
que logra decir correctamente in-ter-na-cio-na-li-za-ción es capaz de
ponerse en un escenario y hablar algo —porque es como un test que han
hecho—.
Algo tendrá que ver el tema, éste, el de la malas palabras, por ejemplo, con
éste, como el que decía el amigo Escribano (José Claudio Escribano), se nota que
es tan polémica esta mesa que es la única a la que le han asignado «escribano»
para que se controle todo lo que se dice en ella.
Creo que es un aporte real en cuanto al intercambio, me ha tocado vivir
cuando he tenido que acompañar a la selección argentina a partidos (de fútbol)
en Latinoamérica. El intercambio que hay en esos casos de este lenguaje es de
una riqueza notable; es más, en Paraguay nos decían «come gatos» que es,
estrictamente para los rosarinos, «un rosarinismo».
Un Congreso de la Lengua, es más que todo, para plantearse preguntas. Yo como
casi siempre hablo desde el desconocimiento, me pregunto por qué son malas las
malas palabras, quién las define como tal. ¿Quién y por qué?, ¿quién dice qué
tienen las malas palabras?, ¿o es que acaso les pegan las malas palabras a las
buenas?, ¿son malas porque son de mala calidad?, o sea que ¿cuando uno las
pronuncia se deterioran? o ¿cuando uno las utiliza, tienen actitudes reñidas con
la moral?
Obviamente, no se quién las define como malas palabras, tal vez sean como
esos villanos de viejas películas como las que nosotros veíamos, que en un
principio eran buenos, pero que al final la sociedad los hizo malos.
Tal vez nosotros al marginarlas, las hemos derivado en palabras malas, lo que
yo pienso es que brindan otros matices muchas de ellas. Yo soy fundamentalmente
dibujante, con lo que uno se preguntará: ¿qué hace ese muchacho arriba del
escenario? Manejo muy mal el color, por ejemplo, pero a través de eso sé que
cuanto más matices tenga uno, más puede defenderse, para expresarse, para
transmitir, para graficar algo, entonces, ¿hay palabras, palabras de las
denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza,
algunos incluso por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que
una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo.
Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica
realmente agresivo.
El secreto de la palabra pelotudo, ya universalizada —no sé si está en
el diccionario de dudas—, está en que también puede hacer referencia a algo que
tiene pelotas. Puede hacer referencia a algo que tiene pelotas que puede ser un
utilero de fútbol que es un pelotudo porque traslada las pelotas; pero lo
que digo, el secreto, la fuerza; está en la letra t. Analicémoslo —anoten las
maestras—: está en la letra t, puesto que no es lo mismo decir zonzo que
decir peloTUdo.
Otra cosa, hay una palabra maravillosa que en otros países está exenta de
culpa —esa es otra particularidad, porque todos los países tienen malas palabras
pero se ve que las leyes de algunos países protegen y en otros no—, hay una
palabra maravillosa, decía, que es carajo. Yo tendría que recurrir a mi
amigo y conocedor, Arturo Pérez Reverte, conocedor en cuanto a la navegación,
porque tengo entendido que el carajo era el lugar donde se colocaba el vigía, en
lo alto de los mástiles de los barcos para divisar tierra o lo que fuere,
entonces mandar a una persona al carajo era estrictamente eso, mandarlo ahí
arriba.
Amigos mexicanos con los que estuve cenando anoche me estuvieron enseñando
una cantidad de malas palabras mexicanas. Ahora que lo pienso creo que me
estaban insultando porque se suscitó un problema con la cuenta a la hora de
pagar. Me explicaban, que las islas Carajo son unas islas que están en el océano
Indico.
En España, el carajillo es el café con coñac y acá apareció como mala
palabra, al punto que se llega a los eufemismos se decía caracho es de
una debilidad absoluta y de una hipocresía... ¿no?
A veces hay periódicos que ponen: «El senador fulano de tal envío a la M a su
par…». La triste función de esos puntos suspensivos, realmente el papel absurdo
que están haciendo ahí, merecería también una discusión acá, en el Congreso de
la Lengua.
Voy a ir cerrando, hay otra palabra que quiero apuntar que creo es
fundamental en el idioma castellano, que es la palabra «mierda», que también es
irremplazable. El secreto de la contextura física está en la r —anoten las
docentes— porque es mucho más débil como lo dicen los cubanos: miELda,
que suena a chino y eso —yo creo que ahí está la base de los problemas que ha
tenido la Revolución cubana—, quita de posibilidades de expresiva.
Voy cerrando, después de este aporte medular que he hecho al lenguaje
y al Congreso, lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de
las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para
descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que
yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas
palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una navidad sin
malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar.

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