que será?

¿De qué me estaré muriendo ahora?
Cuando la parálisis, los calambres,
los temblores, el hormigueo,
era el vino, era el hígado hepatítico.

¿De qué me estaré muriendo ahora?
Cuando los cólicos que me partían
y sólo el agua casi hirviendo en la tina me calmaba,
eran piedras, era el culo averiado.

¿De qué me estaré muriendo ahora?
Cuando las infecciones que me destrozaban las entrañas,
la depresión, el miedo, el sernam, era el hippie.

¿De qué me estaré muriendo ahora?
Cuando la cabeza no da más,
el mareamiento, las retrovil, los lavados de estómago, era la cuerda al cuello.

¿De qué me estaré muriendo ahora que son escalofríos
que suben y bajan por el celular
y cada tanto hacia la izquierda se descontrola
haciéndolos una pelota frenética
pre- infarto
que lastima y duele tanto?

¿De amor? ¿De aburrimiento? ¿De Pink Floyd?
¿De qué me estaré muriendo ahora?
creo que es por ti

Tu

no
sólo dientes blancos en un frasco, ni mujer tejiendo, ni insomnio, ni
viento, el cual también lejos y brisa suave que no tiene nada más que
conectar hacia el vacío.

tu hora.
no sé cual.
La mía es mucha larga y a sólo tres de cerrar los ojos, sumergir el espacio de la desnudez.
parece que hace tanto, sin embargo todo fue ayer.

Hace años, hace un rato.

No he salido.
Jamás
entro a ningún lado. Entiendo tanto que me esfuerzo por sentir ese
ambiente tuyo irrespirable parecido al que todo lo habitaba, a la
alegría contaminada por humos y apatías.

Dejó hacer frio y a nadie extraño.

Do you remember time?

Era
de noche, había neblina. En ése pueblo hundido le dicen un nombre
parecido a la "chancaca"...pero las diazepan no me dejan pensar bien en
estos momentos. Estaba ahí tirada en un cerro cerca de la antena,
cuando la neblina pasó y vi una estrella fugaz. Pedí un deseo, sabía
que se me cumpliría. No sé porqué. el gitano se rió.
-Tienes que dejar de hacer esos jueguitos. Son obsesivos.
-No son obsesivos, son idealistas
-¿Y acaso el idealismo no lo es?

Jojojo.

Pasé mucho tiempo llorando por los rincones.
Ahora lo hago exclusivamente en escaleras mecánicas.
Eso te da una gran perspectiva.
Hacia arriba o hacia abajo.
Incluso hacia uno de los costados.
Y onda —imagina—,
te cruzas con uno que te hace un guiño
pero no tienes más remedio que seguir hacia arriba o hacia abajo.
Una vez mas allí te quedas
esperando que el del guiño suba
o baje a tu encuentro.
Si no lo hace, vuelves a la escalera
y sigues llorando.
Eso no sirve
Eso menos
Pos... eso tampoco

Tssss...

Hablo
de aire. Entonces hablo de viernes donde podría respirar tu aire y en
tu aire mis cuadros, tus vasitos miniaturas, tus discos, tus botas
despegados, tus carteles, tu noche en el calabozo, tu mirada a la cuca,
que en realidad son diez que se disfrazan de otros, que juegan a llenar
un espacio innecesario, que sirven de luz testigo —quiero verte, quiero
verte—, de música y de aire, el aire de la noche en que comemos algo
rico, yo te leo y me miras con el deseo que sólo las palabras, el
escote, el vestido de rayas con su tajo, el aire que ocupa la breve
ciudadanía que hay entre tu boca y mis piernas, te provocan.

Hablo
de aire y el resabio de ese aire se cuela por el sábado y sigo
respirando una caricia que llevé escondida entre mis libros, un
albedrío tan libre, serenito y dulce de pica, un desatino apuntado en
libretas, como genio piadoso de este aire que penetra hasta el fondo
—bien al fondo, más al fondo— y digo no porque imagino ahogo cada tanto
y grito sí porque lo abarco, lo mastico, lo trago entero al aire de tu
risa, arte efímero como el asombro de verte tan lejano a mis recuerdos
olvidables, tan cerca de mi cuerpo, ofreciéndome el vino que se quedó
en tus labios, regalándome el aire, tu cuerpo... mi aire.

Hablo de aire y se me olvido comprar desodorante.

Vomitado por
antagonika