Victoriano Vicario
EL OLVIDO NO OLVIDA
El polvo, esencial manto, va cubriendo capa a capa
toda huella, lapida voces enrevesadas
como raíces indisolubles e impolutas
las dulzuras de momentos irrepetibles.
Su pátina tiene el brillo opaco que apabulla
en sombras esos paisajes gentiles, seda envolvente
de sabores únicos a la vista
como si a ellos, sólo nosotros les hubiéramos visto.
Cegados de distancia y tiempo,
ya no nos sabemos,
olvidando cuando más recordamos el olvido.
SE DERRUMBA LA PALABRA
Se derrumba la palabra deshecha de flores sin pétalos
viene encima como avalancha con sus escenas
cantadas, como es lógico, por un fantasma
diciendo cada cosa más allá de todo
sentido, con su fulgor especial de perfume opaco.
Encaramado al suplicio del recuerdo
pronunciando vocablos quebrados, los quedados
en la mesa junto a las migajas
de tostadas y medias lunas.
Luego, el tabaco hoja a hoja faena su humo,
el neuma tintineaba movimiento rápido de
pestañas ejercitando un reventón
de aguas lacrimosas arrasando más allá
la emoción imaginativa: arde.
Una ceniza de óleos tibios
abre las corolas de un intrincado
limbo de sueños.
LA GRIETA DE LA TARDE
Delira mi estrella su propio sollozo
¿Qué espero todavía?
¿Qué?
Descifrar las palideces que carcomen el hueso sacro
que se respira contra hueso,
dentro, de médula a médula palpitando,
memorizando la semilla derramada
encima de esas sombras: besos del abismo.
Entramos en la grieta de la tarde sin saber
como muerden los aletazos de los murciélagos
livianamente la corteza de tu perfume,
desángrome en melancolía arenosa de
vileza con tantas bocas corriendo las
miserias de las migajas que no colman.
Nubes musgosas revientan la pus de sus venenos,
de repente, se ensancha una calle silenciosa,
huyendo de oscuridad en oscuridad centellante
de nieblas y brumas.

ni olvido ni perdon