Pedro SalinasPedro Salinas
(1892-1951)
Pedro Salinas nació en Madrid, donde estudió derecho y filosofía y letras en la Universidad Central. Habitual contertulio del Ateneo de Madrid, vivió en París, donde trabajó como lector de literatura española en la Sorbona. En 1918 fue nombrado catedrático de la Universidad de Sevilla, donde tuvo como alumno a Luis Cernuda. Al reorganizar, la Segunda República, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, en el otoño de 1931, fue nombrado profesor encargado de autores y temas modernos españoles. Como consecuencia de la guerra civil, marchó al exilio, instalándose en los Estados Unidos, donde enseñó en la Johns Hopkins University. En el verano de 1943 se trasladó a la Universidad de Puerto Rico. Falleció en Boston. Su obra poética está reunida en libros como Fábula y signo (1931), La voz a ti debida (1934) y Poesías completas (1955).
La de Pedro Salinas es una voz desnuda que insiste en sostener que la poesía no es un artificio, ni una sombra, sino la más veraz de las realidades. Su verso es tenue y ligero pero rítmico. Y sus asuntos, dedicados en su mayoría al amor, escritos en segunda persona, con la amada por delante. Y sin embargo, allí están, en sus poemas, todos los elementos que las vanguardias creyeron suyas: relojes, teléfonos, calendarios, espejos, automóviles, playas. Cosas y lugares que hacen visible a la amada y que dan asidero al amor. La mujer es en sus versos un ser de carne y hueso, nada idealizada, alguien que se necesita en la intimidad y por su belleza, fuente inagotable de los sentidos y la ternura. Amar es descubrir, parece ser la divisa del poeta. “La lírica de Salinas”, dijo Azorín, “no es la lírica de los anteriores poetas. Todo aquí es sencillo, natural, coherente... Acaso es esta poesía lírica la más avanzada, la más física, la más honda de toda Europa..”..
Salinas escribió, además, muchos libros de crítica literaria, en una época cuando importaba más la persona del autor que su obra. Sus trabajos, reunidos en Literatura española siglo XX, La responsabilidad del escritor y otros ensayos o La poesía de Rubén Darío, fueron resultados de sus prolongados estudios durante sus años de enseñanza en universidades francesas, españolas y americanas.

A esa que yo quiero
A esa, a la que yo quiero,
no es a la que se da rindiéndose,
a la que se entrega cayendo,
de fatiga, de peso muerto,
como el agua por ley de lluvia,
hacia abajo, presa segura
de la tumba vaga del suelo.
A esa, a la que yo quiero,
es a la que se entrega venciendo,
venciéndose,
desde su libertad saltando
por el ímpetu de la gana,
de la gana de amor, surtida,
surtidor, o garza volante,
o disparada —la saeta—
sobre su pena victoriosa,
hacia arriba, ganando
el cielo.

Manuel Altolaguirre
Manuel Altolaguirre
(1905-1959) Nació en Málaga. Abogado de profesión, autor de obras de teatro, biografías, poemas, traducciones, ensayos y guiones de cine, desde muy joven se dedicó a la publicación de libros y revistas literarias. Primero estableció una imprenta en compañía de Emilio Prados y en 1923 fundó su primera revista poética, a la que siguieron otras como Poesía, en colaboración con José María Hinojosa y José María Souvirón. En 1932 contrajo matrimonio con la poeta Concha Méndez y juntos publicaron una nueva revista que Federico García Lorca bautizó con el nombre de Héroe (1932).
A partir de 1926 codirigió con Emilio Prados la revista Litoral. Viaja a Francia, estableciendo allí su propia imprenta privada, que le acompañó en todos sus viajes. Luego fue a Londres, donde siguió editando libros. En 1935 regresa a España y edita otra revista, Caballo Verde para la Poesía, dirigida por Pablo Neruda. Durante la guerra civil luchó al lado de la República y continuó su labor de impresor. Antes del fin de la guerra abandona España y se traslada primero a Cuba y luego a México, donde transcurrirá todo su exilio. En la década de los cincuentas se hizo productor de cine. Murió en España en un accidente automovilístico. Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1933. Algunos de sus libros de poemas son Las islas invitadas y otros poemas (1926), Poesías completas (1960), Poema del agua (1973) y Alba quieta y otros poemas (2001).
Manuel Altolaguirre se inició como poeta con un tono que recordaba a Juan Ramón Jiménez, pero luego su voz se fue haciendo más personal, espontánea y humana, plena de ansias de trascendencia; una suerte de poesía del adentro del hombre, con la soledad como asunto, pues para él, “el mundo era triste”, como correspondería a un romántico. El dolor y la rumia de los pesares es la principal fuente de inspiración. Un “ángel sombrío”, hecho de luto y sombras, entra silencioso en su poesía.
Si es verdad que no hizo de la novedad su fuerte y que tampoco escribió mucho, ni es de igual valor toda su poesía, Altolaguirre fue un lírico en el cabal sentido de la palabra, de íntima espiritualidad, dotado de una melodía para el verso que lo hace inolvidable. La naturaleza, el amor, la realidad que rodea la existencia del hombre, la fusión del sujeto lírico con el paisaje, la meditación sobre el amor y la muerte conforman ese universo poético de verso limpio y adelgazado. Como dijo Cernuda: “En esa breve obra hay versos y poemas que anidan nuestra memoria, en la que han de perdurar como lo que son: grandes poemas hermosos y vivos, al par de lo mejor que sus contemporáneos escribieron”.

Viaje
Su muerte
¡Qué golpe aquel de aldaba
sobre el ébano frío de la noche!
Se desclavaron las estrellas frágiles.
Todos los prisioneros percibimos
el descoserse de la cerradura.
¿Por quién? ¿Adónde?
El sol su página plisada
entró por la rendija oblicuamente,
iluminando el polvo.
Descorrió su cortina el elegido,
y penetró en los ámbitos sonoros
del Triángulo y la espuma.
Nos dejó la burbuja de su ausencia
y la conversación de sus elogios.


Vicente Aleixandre Vicente Aleixandre
(1898-1984)

Vicente Aleixandre nació en Sevilla. Pasó su infancia en Málaga y en 1909 se trasladó a Madrid, donde estudió derecho y comercio y vivió toda su vida. Una tuberculosis renal le alejó para siempre de la vida social. En 1933 obtuvo el Premio Nacional de Literatura con La destrucción o el amor. En 1949 fue elegido miembro de la Real Academia Española. Con Poemas de la consumación (1968) ganó el Premio Nacional de la Crítica. En 1977 recibió el Premio Nóbel de Literatura.
La producción poética de Vicente Aleixandre es muy extensa. La crítica suele clasificarla en dos periodos, el primero comprendería los libros publicados en los años veintes hasta primeros cincuentas y la segunda, desde esas fechas, hasta Diálogos del conocimiento, de 1974. Según el propio Aleixandre : “En la primera parte de mi trabajo, yo veía al poeta en pie sobre la tierra, como expresión telúrica de las fuerzas que le crecían desde sus plantas [...]. En la segunda parte de mi labor, yo he visto al poeta como expresión de la difícil vida humana, de su quehacer valiente y doloroso”. Ciertamente, en sus primeros poemas las fuerzas cósmicas elementales —la tierra, el mar, el sol, el fuego, el viento, la selva...— son arrebatadas por un fuerte impulso de fusión que persigue la unidad amorosa del mundo. En esa ambición de trato amoroso no están solas, pues los animales y el hombre de los campos o las selvas, participan de ese impulso de ardiente solidaridad. Luego la pasión cósmica es suplantada por la solidaridad con la tragedia de vivir.
La destrucción o el amor (1934) y Sombra del paraíso (1944) son dos de sus más conocidos libros. El primero da testimonio de las ideas que tenía de su poesía en esos años. Para el poeta, amor y muerte son una misma cosa; la plena posesión amorosa sólo se alcanza fundiéndose el amante con la criatura amada, destruyéndose en el éxtasis amoroso. Con el segundo, el lenguaje de Aleixandre alcanza las más altas cimas poéticas. El libro intenta ser un cántico a la aurora del mundo, desde el hombre presente; un canto a la luz, desde la conciencia de la oscuridad; la visión de la aurora, como un ansia de verdad y plenitud, desde el estremecimiento doloroso del hombre de hoy, según sus propias palabras. Quizás por ello el Premio Nóbel le fue concedido “por su gran obra creadora, enraizada en la tradición de la lírica española y en las modernas corrientes poéticas iluminadoras de la condición del hombre en el cosmos, y de las necesidades de la hora presente”.

Unidad en ella
Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima,
con esa indescifrable llamada de tus dientes.
Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.
Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.
Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.


por Harold Alvarado Tenorio

Escritor colombiano nacido en Buga (1945). Doctor en Letras de la Universidad Complutense de Madrid. Dirigió el Departamento de Español y las Latin American and Spanish Writers Series del Marymount Manhattan College (Nueva York, EUA), así como el Comité de Redacción de la revista China Hoy (Beijing, China). Es profesor titular de la Cátedra de Literaturas de América Latina y director del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia. Dirige actualmente la editorial y la revista de poesía Arquitrave. Ha publicado Summa del cuerpo (2002); Fragmentos y despojos (2002); Literaturas de América Latina (1995); Ensayos (1994); Poemas chinos de amor (1992); La poesía de T.S. Eliot (1988); Espejo de máscaras (1987); Una generación desencantada: los poetas colombianos de los años setentas (1985); Kavafis (1984) y Cinco poetas españoles de la Generación del Cincuenta (1980). Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y el Internacional de Poesía Arcipreste de Hita. Su obra ha sido publicada en inglés, francés, italiano, griego, chino, alemán y portugués.