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En la literatura árabe, las fluctuaciones de las diversas teorías sobre cuál debería ser la verdadera función de la creación poética han surcado un devenir propio, delimitado por las circunstancias específicas del contexto geográfico en que se ha desarrollado. No olvidemos que es en la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado cuando la mayor parte de los países árabes acceden a la independencia real, las más de las veces tras un periodo agitado de lucha contra los poderes coloniales europeos. Este combate, en lugares como, por ejemplo, Argelia de forma extrema, marcó de forma ineludible el devenir doméstico de la vida social y cultural. Lo anterior, sobre todo frente a las corrientes estilísticas y doctrinales de la poesía europea, francesa y británica en primer lugar, tiene una significación especial: se trata de expresar un sentimiento de reacción hacia una realidad impuesta por, curiosamente, unas potencias que están exportando, además de su propia organización política y militar, su concepción del acto literario, que en muchas ocasiones se convierte en un objeto de denuncia. Se origina así una circunstancia cuando menos llamativa: muchos poetas de las naciones árabes utilizaron a su manera las técnicas e incluso temáticas y lenguas de la (vanguardia cultural de la) colonización para expresar su rechazo al proyecto colonial.
Por esta razón, la poesía árabe de la segunda mitad del S.XX alcanzó un grado de "politización" relevante: por un lado, bebía de una corriente general de pensamiento que incitaba a poner la palabra y el verso al servicio de una reivindicación y un ánimo transformador de la sociedad; por otro, arrastraba una realidad marcada por un estado de opresión y sujeción que hacía que esta predisposición se convirtiera en norma obligada. Por si fuera poco, superada ya la etapa de la sujeción directa a las potencias europeas, el impacto producido por la voladura del proyecto nacional palestino y la creación de una entidad anómala en territorio árabe hubieron de hacer más notoria esta sensación de politización. A esto debe unirse la generalización de sistemas políticos represivos que se afanaron en la persecución de cualquier tipo de expresión artística mínimamente incisiva y aplicaron un corsé angustioso a la literatura, lo cual empujó a muchos autores al exilio o a la autocensura. Hoy por hoy, la desgracia de Iraq, la situación de inestabilidad permanente de Líbano y, por supuesto, la sangrante tragedia palestina, constituyen, junto con la represión sistemática de las libertades individuales y colectivas en la inmensa mayoría de los estados árabes, conforman elementos temáticos que inciden por fuerza en la promoción de una identidad literaria árabe basada en el aspecto político.
La doliente presencia de la cuestión palestina
Sin duda, la imposición del estado de Israel en 1948 supuso uno de los acicates primeros de la ideologización de la literatura árabe. El desastre de 1967, que conmocionó los cimientos de la sociedad árabe en su conjunto, vino a darle un mayor impulso a esta corriente. Puede ser que en el fondo no se tratara más que de un último estertor de energía: la decepción generada por una ideología improductiva que a la postre se mostró oportunista y capciosa y la extensión de un derrotismo desaforado dieron la puntilla a una concepción artística y social que, en muchos casos, no trascendió la repetición cansina de lemas e imágenes retóricas. Esta tendencia desembocó, en combinación con otros factores socioeconómicos, en un abandono progresivo de la literatura militante. El ascenso de corrientes surrealistas y simbolistas en el mundo árabe , a partir sobre todo de la década de los setenta, y el retorno de las proclamas que elevaban al arte a una entidad autónoma y autosuficiente, desgajada en los casos más extremos de la realidad que lo circunda, fueron reduciendo el ámbito de la literatura ideologizada, política, de movilización o como quiera llamarse. Nos hallamos ante una tónica común hoy a las principales corrientes poéticas del mundo en las que prevalece el intimismo y una noción opaca y elaborada a la vez del concepto expresivo –lo que no quiere decir, necesariamente- que se trate de una poesía difícil de entender; sí acaso, de comprender y, más aún, de "sentir". Todo esto no queda lejos de la tendencia a la "desideologización" que ha calado en amplios sectores de la sociedad mundial y ha relegado la motivación política a un segundo plano.
No obstante, el espectro palestino se ha mantenido en un nivel mayor de militancia por razones obvias, si bien las nuevas tendencias expresivas y el instinto de cambio y experimentación inherente a todo poeta han dejado asimismo su huella. En líneas generales, la experiencia poética palestina nace de una profunda herida; y de ahí, retomando las palabras de Jálida Sa`id en 1968:
"La poesía que no profundiza en esta herida no es una poesía que está en contacto con nuestra existencia. Es una poesía para la muerte… La poesía fue la lengua más profunda, fue la lengua dotada para la inmortalidad, la voz de la herida en nosotros… Y el poeta es este mediador que transmite lo íntimo, esta red pródiga y sensible que recoge las convulsiones primeras y los presagios del cambio… La poesía hoy es capaz de jugar un papel espiritual porque es revolución y emoción. Es una revolución porque es una permanente revisión de lo creado, una continua revisión de la mirada. Y nosotros hoy de lo que estamos más necesitados es de la reflexión permanente" (1).
Para la poesía palestina, y siguiendo la argumentación de Sa`id, el mayor desafío sigue siendo abarcar la herida del 5 de junio de 1967, pues se trata de una herida que lejos de cerrarse se agranda cada día más. Implacable expansión territorial del régimen de Tel Aviv, bombardeos e incursiones en Gaza y Cisjordania, negación de los derechos e incluso del padecimiento de los refugiados y desplazados, manipulación de las evidencias históricas, desprecio y animadversión mediáticas, el yugo de las fronteras, hoscas e inmisericordes frente a los palestinos, viajeros errantes que muchas veces reciben el desdén como mal menor... Aquella poesía de la resistencia, con nombres de fama internacional como Mahmud Darwish, Samih al-Qasim, Tawfiz Zayyad o Fadwa Tuqán, ha desembocado en una poesía que sigue buscando la reivindicación y la movilización pero sin perder el hálito de la creación innovadora y la búsqueda de la relevancia artística. En muchas ocasiones, se ha imputado a los poetas palestinos un empecinamiento del tema político. No es inusual ver a grandes poetas palestinos hablando de cuestiones de política pura y dura en encuentros literarios. De hecho, como afirma Murid al-Barguti, el gran referente de la poesía palestina actual junto con Darwish y al-Qasim, el poeta palestino es un "poeta político": la implantación del estado de Israel los convirtió en seres supeditados al devenir de la política regional e internacional y, de ahí y como expresara recientemente en el Hay Festival de literatura celebrado en Segovia en septiembre de 2007, "hasta el mero hecho de tener hijos" o comprar cualquier cosa está determinado por esta condición. También es el caso de Samih al-Qasim, que, en el mismo festival, acabó hablando de negociaciones, estados, censura y represión (por cierto, los palestinos deben afrontar dos grandes censuras: la impuesta por el régimen de Tel Aviv y sus valedores internacionales y la implacable del contexto político y social árabe). En definitiva, la herida abierta por la injusticia cometida contra los palestinos ha hecho de éstos, aunque utilicen las herramientas expresivas más vanguardistas y las imágenes más abstrusas, seres políticos que luchan por reclamar su lugar en un mundo que, en cuanto a ellos se refiere, continúa aplicando criterios políticos abusivos.
Curiosamente, desde algunos ámbitos nacionalistas, se ha acusado al mayor referente de la poesía árabe actual, Mahmud Darwish, de hacer dejación de esta pauta para cultivar, dicen, el dogma del arte por el arte y el desarrollo de fórmulas muy personales, místicas y mitológicas incluso, con el consiguiente abandono de la mención "expresa y directa" de la causa. Por supuesto, la singladura de Darwish, desde sus primeros versos combativos de Awraq al-zaytun (Hojas de olivo) y Ashiq min Filistin (Enamorado de Palestina) en los sesenta hasta sus obras más recientes como Kazahr al-lawz aw ab`ad (Como la flor del almendro o más lejos) en 2005 recogen todo este aporte de novedades estilísticas y temáticas, que van desde el uso de una muy depurada prosa poética hasta la adopción de un lenguaje intimista y en ocasiones onírico que, evidentemente, contrasta con el verso contundente de su primera época. Pero se trata de una acusación superficial que no va más allá de la anécdota: Darwish, igual que Qasim o Barguti, no dejan de hablar de esa herida abierta que se ensancha cada día más debido a la pervivencia del salvajismo y la codicia sin límites del régimen de Tel Aviv, la confabulación infame de los regímenes árabes, el silencio absurdo del mundo y las confrontaciones intestinas. Un vistazo rápido a Fi hadrat al-gayb (En presencia del ausente , 2006), una obra escrita en prosa poética, podría invitar a sacar esta conclusión; sin embargo, las palabras de Darwish siguen siendo igual de directas y afiladas, sólo que esta vez se pone el énfasis en el aspecto más creador del acto de resistir: el mero hecho de empeñarse en seguir viviendo, de enfrentarse a una realidad completamente hostil. En este diálogo con el que no está, alguien querido que muere y origina con su marcha esta incitación a la presencia, salen a la luz los condicionantes vitales del individuo palestino. No debe olvidarse, por otro lado, que muchos de estos autores palestinos de hoy y de ayer se implicaron de forma directa en formaciones políticas que abogaron por la lucha activa y la reivindicación. En cierto sentido, este diálogo entablado con el ausente, que en realidad es con uno mismo y con todo un pueblo, llama a no olvidar y, a la vez, a rehacer los recuerdos, a no permitir que aquel desastre del 48, del 67, de todos los años, se reproduzca día a día y haga que odiemos "la otra mitad de nuestra infancia"; que sigamos aferrados al mundo para formar parte de él, de sus aspectos más vitales y regeneradores (2).
Murid al-Barguti, uno de los grandes renovadores de la poesía árabe actual, entra dentro también de este grupo de autores palestinos que, quieran o no y aunque los entusiastas de la literalidad puedan dudarlo, se enclavan dentro de la poesía de compromiso y denuncia. Al igual que al-Qasim y Darwish, cultivó el género de la memoria y el relato más o menos novelado de la desgracia sufrida por su pueblo en la afamada Raaytu Ramallah (He visto Ramala, 1996) . En sus poemarios, como Medianoche (2005) , pasa revista a su particular galería de fantasmas, imágenes oníricas y el tránsito entre la vida y la muerte para narrar la realidad opresiva de su condición palestina. El poema, extenso, se inicia con una alusión al calendario de un año que se va y deja lugar a uno nuevo y el desfile de un sinfín de imágenes que el protagonista ve circular por su estancia. Por supuesto, un lugar destacado en esta parada de acontecimientos pasados, recuerdos y delirios de futuro lo ocupa el enemigo, el represor, el expoliador:
"Enemigos,
hay algo que os hace dudar.
Cuantos dioses hay en el Olimpo
están con vosotros.
Para ellos son órdenes vuestros caprichos.
Ellos disparan hacia donde vosotros disparáis.
La tierra gira a vuestro antojo.
Vencer es vuestro oficio.
Cada guerra librada contra nosotros os eleva
más y más alto,
y nos arroja a nuestro destino,
como a un ciprés en la oscuridad de la chimenea" (3).
De nuevo el lamento y el pesar ante la evidencia desfavorable, la expansión de quien ocupa y sojuzga y, a la par, sigue presentándose a sí mismo como víctima. Pero, maguer que todos los indicios le son favorables, el "enemigo", ensoberbecido y cuasi omnipotente, no ha logrado aún el triunfo final. El rival, débil y despreciado mas inasequible al desaliento no ceja porque, todavía, se mantiene asido a la herida que lo lacera:
"Enemigos,
si vencer se ha convertido en algo cotidiano,
como el pan en vuestros hornos,
¿a qué viene entonces esta histeria?
¿por qué no os vemos bailar?
¿cuántas victorias harán falta para que hayáis vencido?
Enemigos,
hay algo que os hace desconfiar.
¿Qué es eso que en la cumbre de la victoria
os hace seguir temiéndonos? (4)
No creemos que el motivo de ese temor deba buscarse en otro sitio que no sea el ánimo de lucha y resistencia que caracteriza al pueblo palestino y, por lo general, sus literatos. Un ánimo que contrasta con la pasividad de buena parte de las sociedades árabes, con el absentismo de sus intelectuales y artistas, que callan por falta de interés o, como ocurre a muchos, por miedo a las represalias políticas de regímenes que controlan dónde y cómo se publica. Un ánimo, en definitiva, que confirma que la poesía palestina hoy mantiene un código de resistencia quizás no tan explícito e instigador como el de antaño pero sí igual de profundo y aleccionador.
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