“El silencio humano es un callar y, por tanto, es implícita comunicación,
sentido latente”.

Octavio Paz

“Aseveran que el silencio vive en el regocijo;
mas yo les digo que la negación, la rebeldía y el desdén habitan en el silencio”.

Yubran Jalil Yubran

Si se tuviera que mencionar alguna de las características de la literatura de los dos últimos siglos, se podría plantear, grosso modo , que una de éstas es la forma en que los escritores convergen en el silencio. Éste último aparece como una forma de reacción frente a los modelos tradicionales, dotando de sentido esta subversión lingüística en donde la negación y lo no dicho adquieren un papel central. En la literatura occidental, basta pensar en casos como Mallarmé, Rilke, Lautreamont, Rimbaud, Plath, Pizarnik, Juan Luis Martínez, por nombrar solo algunos autores que se enfrentan (con diversos matices e intenciones, por cierto) a la otra orilla del lenguaje, que es donde reside el silencio.

Ahora bien, es necesario señalar que ya en los albores de 1900 y en El Líbano, un escritor llamado Yubran Jalil Yubran (1883-1931) trabajará el tema de lo no dicho, evocado e implícito, en su novela Alas Rotas (1912), que ha sido tildada frecuentemente de “romántica y sentimental”, a pesar de que este texto (re)presenta mucho más que el amor entre dos jóvenes. De hecho, esta obra, que difumina a ratos el límite entre la prosa y la prosa poética debiera considerarse, en mi opinión, como una de las piezas esenciales del escritor libanés, pues en ella logra aunar tanto una vertiente Romántica, como una más vanguardista, en donde el silencio juega un rol fundamental al ser no solo una manifestación de aguda crítica a las autoridades eclesiásticas imperantes en la época, sino también la única salida de los personajes: el protagonista y su amada Selma ante un aciago destino.

En este trabajo se intentará dilucidar la dialéctica del silencio planteada por Yubran, analizando dos ejes: el silencio como un lenguaje amoroso y lo no dicho como una represión causada por el contexto. Se pretende así demostrar la vigencia de la novela y la poética sostenida por uno de los autores de la así llamada “Liga literaria” (1).

El silencio como lenguaje amoroso

La primera consideración que habría que establecer, es que el silencio es en sí un lenguaje: “El silencio continúa siendo, inevitablemente, una forma del lenguaje […] y un elemento de diálogo” (2). Este lenguaje es formulado por Selma Karamé y el protagonista (3) ya en el primer encuentro en el hogar de Farris Efendi, el padre de ella: “Aunque Selma permanecía en silencio, de vez en cuando me miraba a mí” (4). Claramente lo anterior es de utilidad en términos narrativos, pues se recrea la atmósfera silente en donde, pese a que ambos personajes no hablaban entre sí, había un código no verbal imperante, código que luego se relacionará con la belleza de la amada

Sentada cerca de la ventana estaba Selma contemplándonos […] y sin hablar, aunque la belleza tiene su propia expresión celestial, más misteriosa que las voces de las lenguas y los labios. Es una misteriosa expresión, intemporal, común a toda la humanidad; un lago sereno que atrae a los riachuelos cantarines hacia su lecho y los hace silenciosos (5).

Vemos entonces cómo el autor idealiza al sujeto de su amor, Selma, estableciendo que ella, pese a su silencio, se comunicaba a través de su belleza. De hecho, su belleza es para el protagonista un signo de lo elevado y celestial (6), de ahí que su lenguaje no sea el de las palabras (7), que son limitantes con respecto a lo divino, pues son finitas. Al respecto se menciona que: “El universo de la palabra aparece, en los hechos, mínimo frente a la totalidad infinita e innombrada” (8). Esto es, la palabra no logra asir lo inefable (9). Ahora, llama la atención que la belleza de Selma invita también al protagonista a ser partícipe del silencio, y en este contexto, ser con ella bello y aproximarse a lo celestial. Esto se aprecia en la analogía personificada del lago sereno que atrae a los otros riachuelos sonoros, como se observa en la anterior cita del autor de El profeta .

Mas el silencio de Selma no solo es un lenguaje que eleva a su amado hacia lo celestial, sino que también lo conduce como música hacia lo onírico y sus propios sentimientos. En este sentido, quizás sea conveniente hablar de ese silencio resonante o elocuente del que habla Sontag, en donde el silencio produce una dialéctica y, en la novela, el silencio de Selma vuelca al protagonista sobre sí mismo y lo que está sintiendo por ella:

Muy reflexiva era Selma, más que habladora, y su silencio era como una música que lo transportaba a uno a un mundo de sueños y que lo hacía escuchar las palpitaciones del corazón y ver los fantasmas de los propios pensamientos y sentimientos al lado de uno, como si nos contemplaran a los ojos. (10)

Lo anterior muestra de qué forma la presencia silente de Selma lo lleva a una introspección en donde él dialoga consigo y toma conciencia de sus afectos hacia ella, los que deben permanecer ocultos ante los demás, esos otros quienes ya han determinado el futuro matrimonio de ella con el sobrino del obispo de Beirut, figura a la que aludiremos más adelante.

Pero Yubran profundiza aun más en torno al silencio, diciendo que la verdadera unión entre las almas no radica en las palabras, sino el silencio, porque éste al ser el “singular lenguaje del corazón” (11) enlaza a los amantes. Este postulado del autor coincide plenamente con la dinámica amorosa que se establece entre los protagonistas. Por un lado, todos sus encuentros están imbuidos de silencio; por otro, en el transcurso de la novela solo el silencio da cuenta, sugiere y evoca el amor de los amantes, pues la palabra no logra precisar este sentimiento e, incluso, resulta peligrosa en el ambiente político y social en donde se insertan los personajes.

El silencio como represión causada por el contexto

La sociedad libanesa en el siglo XX es descrita en la obra como una sociedad de apariencias, en donde las instituciones son corruptas y dictaminan injustamente la vida de los ciudadanos. El autor critica esta dura realidad que coarta las libertades, verdades y sueños de los sujetos (12). De hecho, el narrador sostiene que Mansour Bey Galib, sobrino del obispo Bulos Galib, eligió a Selma como esposa solo por el dinero que ésta heredaría luego de la muerte de su padre. Es más, el narrador es enfático al reprochar la codicia de los jefes religiosos de Oriente, que no solo velan por su propia fortuna, sino también por la de sus familias. Así, “los obispos cristianos, los imanes mahometanos y los sacerdotes brahmanes se transforman en pulpos que cazan a sus presas con muchos tentáculos y chupan su sangre con muchas bocas” (13).

Ante tal panorama adverso, el padre de Selma opta por el silencio, pues no acatar la voluntad del obispo hubiese sido menoscabar su reputación y, por ende, la de su hija. En otras palabras, se elige el silencio (si se puede hablar de elección) porque el verdadero amor debía ser opacado y sepultado, pues era un peligro. Recordemos que “La verdadera amenaza se encuentra en aquello que no puede [debe] ser nombrado” (14). Y cuán vigente resulta lo anterior si observamos la historia de la humanidad, en donde sobran ejemplos acerca del uso del silencio como un arma represiva; pareciera ser que todo aquello que diverge del discurso predominante debe ser aplacado y enterrado.

Otro ejemplo de opresión en la novela es cuando, ya contraídas las nupcias, el obispo descubre que Selma sale de casa (sin saber que se reunía con el protagonista secretamente en un templo) y amenaza con la idea de confinarla en su hogar. Ante esta nueva situación, la protagonista decide dejar de ver a quien realmente ama y opta por sacrificar sus sentimientos, con el fin de que la ira del obispo no recaiga en su amado, lo que se observa en las siguiente palabras de Selma: “es el sacrificio de mi felicidad, para que puedas continuar siendo virtuoso y honorable a los ojos de los demás y para que estés lejos de sus bajezas y de sus persecuciones” (15). En la despedida de ambos, ella da cuenta de su renuncia e impide que el protagonista refute su determinación. En aquel momento, ella es para el narrador “un ángel que inspiraba silencio y respeto” (16). Ésta será la última vez que el protagonista vea a su amada, quien muere al final de la novela, cubierta “por la profunda dignidad del silencio y amparados [ella y su hijo] por las alas de la muerte” (17).

Finalmente cabría hacerse la pregunta, tal como se la hace el narrador, si acaso la opción de Selma por el silencio, la negación y reclusión (que finalmente conducen a su opacidad (18) y muerte), es una elección válida, o si habría sido mejor enfrentarse a los demás y luchar por ese amor que estaba destinado, como un pájaro con alas rotas, a morir. Quizás el silencio fue la única estrategia de sobrevivencia de la protagonista, quien decide someterse estoicamente a una vida desdichada, enjaulada (19) en la prisión de su matrimonio.

En mi opinión, el silencio en el que se refugia la protagonista consiste en un acto de renuncia y sacrificio, que viene a ser una demostración de que ella aún es dueña de algo: su individualidad. Todo lo que Selma no dice constituye aquello secreto, misterioso, inexistente e impensable para algunos (basta pensar en la figura de su marido), pero es precisamente por eso que él no accede ni rige verdaderamente sobre ella, pues su silencio, que podríamos graficar como un velo, es el alma de Selma que se manifiesta y rebela.

En conclusión, se puede establecer que el silencio en Alas rotas se erige como un singular elemento discursivo, que intenta ser un instrumento de comunicación y unión en su forma más pura, a la vez que se manifiesta como una coerción provocada por coordenadas histórico-sociales. Pero más allá de lo expuesto, es interesante notar que éste se concibe en la novela como parte del lenguaje, idea que halla sustento en trabajos actuales en torno a la poética del silencio, lo que demuestra no solo la lucidez y sensibilidad de Yubran, sino que a la vez, esa vigencia que asegura nuevas y sobre todo necesarias aproximaciones en torno a la obra del autor.

“Me voy, pero si me voy con una verdad aún no dicha, esa misma verdad me buscará de nuevo y reunirá mis elementos, aunque estén esparcidos en todos los silencios de la eternidad”

Yubran.


1. Para ahondar en torno a los autores de la llamada “Liga literaria”, compuesta entre otros por Yubran Jalil Yubran, Mija'il Nu‘ayma, Iliya Abu Madi y Nasib ‘Arida, sugiero el texto de Rosa Isabel Martínez-Lillo titulado Cuatro autores de la “Liga literaria” . Madrid: Cantarabia, 1994.

2. Sontag, Susan. “La estética del silencio” en Estilos radicales . Trad. Eduardo Goligorsky. Madrid: Santillana, 2005. 25.

3. Acaso Yubran, pues él mismo se identifica como tal en el prólogo de la novela. De hecho, se señala la supuesta aventura amorosa entre él y Hala al-Dahir, “familiar de un notable de la zona y ¿acaso encarnación de la protagonista en Alas rotas? ”. Martínez-Lillo, 17.

4. Yubran, Yubran Jalil . “Alas rotas” en Obras completas . Tomo III. Trad. Alain de Grange. Barcelona: Bibliográfica internacional, 1998. 774.

5. Ibid.

6. De hecho, el protagonista señala: “vi a los ángeles mirarme a través de los ojos de una hermosa mujer”, en alusión al encuentro con Selma. Esta imagen es frecuente en autores como Dante y Bécquer, por mencionar solo algunos.

7. Con respecto al fracaso de la palabra ante lo celestial, George Steiner cita un ilustre pasaje del último canto del “Paraíso” de Dante y que me permito reproducir: “Mi ver desde aquel punto, superaba / a nuestro hablar, que tal visión domeña”. Steiner, George. “Humanismo y saber literario” en Lenguaje y silencio . Trad. Miguel Ultorio. Barcelona: Gedisa, 2002. 17-122. También recomiendo el artículo “Palabra y silencio” de Ramón Xirau, en donde analiza la relación entre literatura mística, el silencio y la palabra. Palabra y silencio . MéxicoD.F.: Siglo XXI editores, 1993.

8. Colodro, Max. El silencio en la palabra: aproximaciones a lo innombrable . El silencio en la palabra: Aproximaciones a lo innombrable . México D. F.: Siglo XXI editores. 26.

9. Lo que José Ángel Valente llamará cortedad del decir, insuficiencia del lenguaje en “La hermenéutica y la cortedad del decir” en Las palabras de la tribu . Barcelona: Tusquets, 1994. 61-69.

10. Yubran. Op.cit., 777.

11. Ibid., 779.

12. Al respecto, Martínez-Lillo sostiene que desde la infancia, “este libanés maronita comienza a sufrir los males de la marginación, de la opresión y tiranía” (25). Sugiero además, la lectura del poema “Vuestro Líbano y el mío” de Yubran, en donde éste contrasta la realidad de su país con su idea de nación y utopía.

13. Yubran. Op.cit., 789.

14. Colodro, Max. Op. cit., 38.

15. Yubran. Op. cit., 821.

16. Ibid. 822.

17. Ibid. 827.

18. “Un individuo que se encierra en el silencio se vuelve opaco para los demás” (Sontag 33).

19. El uso de esta palabra no es inocuo, puesto que abundan en la novela referencias a seres alados y, específicamente, alas, siendo Selma retratada como un pájaro de alas rotas. De ahí el título de la novela. Para un análisis del simbolismo presente en la obra, puede ser de utilidad el capítulo “La poética de las alas” de Gastón Bachelard en El aire y los sueños


* Licenciada en Letras, Universidad Católica de Chile.
Diplomada en Cultura Árabe e Islámica, Centro de Estudios Árabes - Universidad de Chile.