Presenta y selecciona Agustín Romano

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Algunas razones del porqué de la vigencia de Borges y del interés que despierta, que –por cierto– desborda lo literario. En su obra se da una conjunción de filosofía, teología, teorías diversas convertidas en literatura. Distantes en el espacio y en el tiempo, Borges las liga porque les reconoce afinidad (como las teorías panteístas de la filosofía y de la alquimia, Platón antes y después del Islam, el saber y la simbología persa que se reúne, por ejemplo, en el poema La rosa). Por eso su obra es para recorrer. Como en un laberinto cuyas repeticiones nos pierden, en él las insistencias nos permiten reconocer variaciones de los mismos temas y motivos y nos impulsa a la investigación como una forma de placer. Las historias locales, sin perder su precisión, van a interrelacionarse y a adquirir el carácter universal que une a todos los hombres (Poema conjetural, Tú).

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Se puede decir que Borges empezó por la poesía. En él se da la busca de un lenguaje “argentino”, distinto del de España, que en esa época quería imponer su “meridiano cultural”. Su estilo asombra por su depuración y refinamiento. Ultraísta, criollista, clásico, posmoderno, reúne perspectivas y sobresale por su originalísimo uso de la intertextualidad. Publica su primer libro luego de haber abjurado del Ultraísmo. Esa tendencia de privilegiar la metáfora como la característica del lenguaje poético fue paulatinamente abandonada por las enumeraciones caóticas (que son figura del universo), la hipálage y el oxímoron. Partidario del verso libre, al que consideraba más difícil que el de métrica regular, escribió también a lo largo de su vida espléndidos poemas en metros tradicionales. Al quedar ciego, se volcó a estas composiciones rimadas, pues podía memorizarlas mejor y corregirlas mentalmente. Luego, su traductor al inglés, le sugirió que volviera al verso libre. Y él escribió el poema Heráclito y tantos otros sobrios, profundos, resultado de sus lecturas inteligentes y hedónicas, que era lo que más lo enorgullecía. Los temas que le interesaban están en los tres géneros en los que escribió, que combinó y transformó, como el ensayo y el cuento, los cuales dieron como resultado sus ficciones. Ningún tema es privilegio de un género, según la unidad de la obra que quiso construir. Así, el tema del tiempo con sus variaciones. Podemos conceder que el del amor está más presente en la poesía. Cada verso merece que nos detengamos. Por ejemplo, en Los Justos, hecho sobre la leyenda hebrea de los cuatro hombres que –sin saberlo– con sus méritos impiden que Dios destruya a la humanidad. Partiendo de la alusión a Cándido, nos hace recorrer la literatura universal y su propia obra.

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ARRABAL 3

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El arrabal es el reflejo de nuestro tedio.

Mis pasos claudicaron

cuando iban a pisar el horizonte

y quedé entre las casas,

cuadriculadas en manzanas

diferentes e iguales

como si fueran todas ellas

monótonos recuerdos repetidos

de una sola manzana.

El pastito precario

desesperadamente esperanzado,

salpicaba las piedras de la calle

y divisé en la hondura

los naipes de colores del poniente

y sentí Buenos Aires.

Esta ciudad que yo creí mi pasado

es mi porvenir, mi presente;

los años que he vivido en Europa son ilusorios,

yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires.

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1 Del libro El hacedor (1960).

2 Del libro El oro de los tigres (1972).

3 Del libro Fervor de Buenos Aires (1923).

LA ROSA 4

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La rosa,

la inmarcesible rosa que no canto,

la que es peso y fragancia,

la del negro jardín en la alta noche,

la de cualquier jardín y cualquier tarde,

la rosa que resurge de la tenue

ceniza por el arte de la alquimia,

la rosa de los persas y de Ariosto,

la que siempre está sola,

la que siempre es la rosa de las rosas,

la joven flor platónica,

la ardiente y ciega rosa que no canto,

la rosa inalcanzable.

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A UN GATO 2

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No son más silenciosos los espejos

ni más furtiva el alba aventurera;

eres, bajo la luna, esa pantera

que nos es dado divisar de lejos.

Por obra indescifrable de un decreto

divino, te buscamos vanamente;

más remoto que el Ganges y el poniente,

tuya es la soledad, tuyo el secreto.

Tu lomo condesciende a la morosa

caricia de mi mano. Has admitido,

desde esa eternidad que ya es olvido,

el amor de la mano recelosa.

En otro tiempo estás. Eres el dueño

de un ámbito cerrado como un sueño.

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EL AMENAZADO 2

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Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.

Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.

La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.

¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,

la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el

áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena

amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,

los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de

mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?

Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.

Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se

levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por

las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.

Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,

la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.

Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.

Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.

Ya los ejércitos me cercan, las hordas.

(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)

El nombre de una mujer me delata.

Me duele una mujer en todo el cuerpo.

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TANKAS

[6] 2

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No haber caído,

como otros de mi sangre,

en la batalla.

Ser en la vana noche

el que cuenta las sílabas.

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LOS JUSTOS 5

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.

El que agradece que en la tierra haya música.

El que descubre con placer una etimología.

Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

El ceramista que premedita un color y una forma.

El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

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1 Del libro El hacedor (1960).

2 Del libro El oro de los tigres (1972).

3 Del libro Fervor de Buenos Aires (1923).

4 Del libro Fervor de Buenos Aires (incluido en la edición de 1969).

5 Del libro La cifra (1981).

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Breve bibliografía sobre Borges:

Barrenechea, Ana María: La expresión de la irrealidad en la obra de Borges, Buenos Aires, Editorial Paidós, 1967.

Sorrentino, Fernando: Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, Buenos Aires, Casa Pardo, 1973.

Borges, el memorioso. Conversaciones de Jorge Luis Borges con Antonio Carrizo. México, Fondo de Cultura Económica, 1983.

Olea Franco, Rafael: El otro Borges, el primer Borges, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1993.

Soldani, Aníbal. El credo agnóstico de Borges. Filosofías y teologías del autor, Buenos Aires, info@empressaria.com.ar, 1994.

Lefère, Robin: Borges. Entre autorretrato y automitografía. Madrid, Gredos, 2005.

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Presenta y selecciona Isabel Llorca

de Revista SESAM Literatura Nº 79