Un gran poeta y luchador contra el sionismo israelí:

Los palestinos lloran la muerte de su

poeta nacional, Mahmud Darwish

El presidente ha decretado el luto oficial | Sus restos

serán enterrados en la ciudad cisjordana de Ramala

|Dirigentes, políticos y grupos armados de las más

variadas ideologías han ensalzado su figura.

Mahmud Darwish

EFE HAIFA (ISRAEL)

Los palestinos lloran hoy la muerte de Mahmud Darwish, considerado su poeta nacional y referente de la literatura de resistencia, en el primer día de luto oficial decretado por el presidente, Mahmud Abás.

Sus restos serán enterrados el próximo martes en la ciudad cisjordana de Ramala, donde residió desde 1995, según Yasser Abed Rabó, dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

No se descarta, sin embargo, que el sepelio tenga lugar en su destruida aldea natal de Al-Birwa, hoy en suelo israelí.

Fumador empedernido, Darwish falleció anoche a los 67 años de edad por las complicaciones que aparecieron tras una intervención quirúrgica a corazón abierto en un hospital de Houston (EEUU).

Desde entonces, la televisión nacional palestina ha venido emitiendo obituarios y lecturas de poemas del poeta palestino más galardonado y traducido (22 lenguas).

Dirigentes, políticos y hasta grupos armados palestinos de las más variadas ideologías han ensalzado la figura de Darwish, y en especial su compromiso con la causa palestina, sus valores humanos y la calidad de su lírica.

"Sus escritos, ideas y creatividad mantendrán vivo su mensaje para esta generación y las venideras", aseguró Abás al declarar las tres jornadas de duelo.

Poeta de la tierra

Por su parte, el primer ministro, Salam Fayad, le definió como el "poeta de la tierra y la vida, símbolo de la identidad nacional palestina y de la cultura humana".

El ex ministro y secretario general del partido Iniciativa Nacional Palestina, Mustafá Barghuti, subrayó que Darwish pusiera negro sobre blanco la "historia moral" de la Nakba (catástrofe, en árabe), término con que los palestinos designan la creación del Estado de Israel en 1948 y el consiguiente exilio y desposesión.

Hasta la Yihad Islámica en Gaza lamentó en un comunicado esta "gran pérdida para el pueblo y la cultura palestina".

La oleada de reacciones muestra que Darwish era, para los palestinos, mucho más que un creador importante, sino "su poeta", el que plasmó con palabras la añoranza de la tierra perdida y el orgullo ante la ocupación israelí.

El exilio marcó su vida y obra

Darwish nació en 1941 en Al-Birwa, un poblado de la Galilea que su familia se vio obligada a abandonar para huir a El Líbano cuando él tenía tan sólo siete años.

La localidad fue destruida en la guerra que siguió a la creación del Estado de Israel y que marcó el inicio de una diáspora que sufren hoy cuatro millones de palestinos.

Este exilio forzado marcó toda su obra y compromiso político.

Sus poemas más conocidos, como "Documento de identidad", "Estado de sitio" y, sobre todo, "Vengo de allí" -una oda a su tierra natal-, se han convertido en una suerte de himnos literarios palestinos.

Tras regresar de El Líbano con su familia, Darwish residió en diversas localidades palestinas, donde fue detenido reiteradamente por las autoridades israelíes por sus escritos y su actividad política contra la ocupación.

Con 22 años publicó "Hojas de Olivos", el primero de los veinte libros de poesía que escribió, junto con otros cinco de prosa.

En 1970 se vio de nuevo obligado a abandonar su tierra y a exiliarse primero en Moscú y luego en una sucesión de capitales árabes, hasta acabar en Ramala.

Miembro de la OLP

Darwish formó parte del comité ejecutivo de la OLP, cargo al que renunció en protesta por la firma de los acuerdos de Oslo, en 1993.

Fue además el autor, en 1988, de la Declaración de la Independencia Palestina, lo que le valió, junto con su obra en defensa de la libertad y de su tierra, el sobrenombre de "poeta de la resistencia", si bien también cantó a la vida y al amor.

En Israel, su nombre despertaba sentimientos encontrados, como muestra que hasta un jefe de Gobierno, Isaac Shamir, leyese uno de sus poemas en el Parlamento para defender que los palestinos rechazan vivir con los judíos.En 2000, el entonces primer ministro Ehud Barak rehusó una propuesta de su titular de Educación, Yossi Sarid, para incluir el estudio de Darwish en el plan de enseñanza de secundaria.

Darwish fue en vida el poeta palestino más reconocido en el exterior, con la medalla de Caballero de las Artes y las Letras de Francia, en 1997, y los premios Lotus (1969) y Lenin (1983), entre otros.

Hace dos años fue declarado Poeta Gallego Universal y recorrió varias ciudades españolas leyendo su obra en instituciones como la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Mahmud Darwish:"POESIA"

Biografía de Mahmud Darwish

Mahmud Darwish no sólo es uno de los más grandes poetas árabes contemporáneos sino también una leyenda viva: sus libros circulan a millares por todos los países árabes y los estadios se llenan para escuchar sus recitales poéticos, acontecimientos irrepetibles que nadie quiere perderse. Hombre laico y moderno, refinado y elegante, Darwish es un palestino de diálogo, aunque su voluntad no se doblegue fácilmente ni esté dispuesto a hacer concesiones humillantes. Una de sus mayores esperanzas es revitalizar la literatura palestina, procurar a toda costa que los problemas políticos no la paralicen. Y para los palestinos, la proximidad física de su poeta es como una fiesta continua, un símbolo de la cultura palestina. No obstante, a pesar de haber alcanzado con creces las metas soñadas, el poeta, desde su actual residencia entre Jordania y Cisjordania, aspira a poder regresar algún día a su tierra natal, Galilea, donde nació el 13 de marzo de 1942.

Procedente de un ambiente campesino, sus primeros años los pasó en Birwa, una pequeña aldea de Galilea, situada a unos nueve kilómetros de Acre, donde sus padres poseían unas tierras que cultivaban para poder vivir.

En 1948, tras la retirada de las tropas británicas de Palestina y la implantación del Estado de Israel, su familia –como miles de familias palestinas- se vio obligada a huir de su casa para salvar la vida. Permanecieron un año en el Líbano y al regresar a Palestina se encontraron con que Birwa había sido completamente destruida por el ejército israelí, al igual que otras muchas aldeas. Tuvieron que instalarse en Dair Al Asad aunque de forma clandestina porque durante el año que habían permanecido refugiados en El Líbano, las autoridades israelíes habían elaborado unos censos, y los que no figuraban en los mismos, no tenían derecho a vivir en el nuevo Estado de Israel.

Clandestino en su propio país y posteriormente ciudadano de segunda categoría en un Estado que le rechaza, el adolescente se refugia en los libros y plasma su identidad con lo único que le queda: el lenguaje. Se lanza a la escritura al mismo tiempo que a la acción política en el seno del partido comunista: a los veinte años publica su primer poemario, Pájaros sin alas, extraordinariamente lírico y muy influido todavía por la poesía árabe clásica. Cuatro años después publica el segundo: Hojas de olivo, mezcla de espontaneidad, musicalidad lirismo y mensaje directo, donde está patente el sufrimiento físico y psicológico de los palestinos dentro del Estado de Israel.

En el siguiente poemario, Enamorado de Palestina, de 1966, se advierte la influencia del Mahyar y de la escuela romántica, que se dejó sentir igualmente en sus contemporáneos de todo el mundo árabe. En esta fase su estilo se vuelve más delicado, menos directo, incluso sus denuncias de las condiciones políticas y sociales en la Palestina ocupada se expresan con menos amargura y más nostalgia.

La siguiente etapa poética de Mahmud Darwish se caracteriza por la innovación. En su afán de traspasar los cánones poéticos tradicionales, la voz del poeta sirio Muhammad Al Magut resonó en el joven Darwish como la voz del presente, junto con algunos poetas occidentales como Nazim Hikmet, Louis Aragon, Pablo Neruda o García Lorca, con los que en cierto modo se identificaba; y como muchos poetas árabes se sintió fascinado por T. S. Eliot.

Fin de la noche, de 1967, es el poemario que abre esta larga y madura etapa, en la que se advierte una mayor abstracción. Sin embargo, el poeta siempre preserva la claridad de expresión y universalidad de visión de su poesía utilizando símbolos enraizados íntimamente con su lugar de origen: roca, montaña, árbol, mar... y especialmente la tierra, que para él no tiene un significado únicamente político sino también sagrado, siendo a la vez lecho y sepulcro.

El siguiente poemario: Los pájaros mueren en Galilea, de 1969, es el que según Darwish marcó su primera mutación poética por la amplia utilización del símbolo y el mito, provocando una ola de rechazos. Le acusaron de haber renunciado a sus compromisos y a su concepción anterior de la poesía y de marcar una distancia entre la tierra y él. Este malentendido le persiguió desde sus comienzos pero siempre se resistió a esa "prisión atrayente" que para él suponía seguir estancado en la primera etapa, y escribió poemas todavía más "difíciles" que el lector inicialmente rechazaba pero poco a poco iba aceptando.

En Mi amada se despierta, de 1970, amplía el campo simbólico incluyendo figuras del pasado y acontecimientos históricos, tanto del mundo islámico como del cristiano. La figura más relevante es Cristo y el suceso más recurrente es la crucifixión, que tuvo lugar en Palestina, tierra a la que el poeta pertenece, lo cual le arma de una gran fuerza moral y abre ante él un vasto horizonte humano de esperanza y desafío.

El impacto de su mensaje poético, testimonio directo del sufrimiento y la humillación cotidianos en el Estado de Israel, así como su militancia comunista, no pasan inadvertidos ante las autoridades israelíes: le consideran demasiado peligroso para andar suelto y por ello le condenan a arrestos domiciliarios permanentes y numerosos encarcelamientos, lo cual le provoca un intenso deseo de libertad para dar rienda suelta a su creatividad.

Viaja con una delegación de la juventud comunista por diversos países socialistas europeos y, en lugar de regresar, decide instalarse en Egipto, proponiéndose firmemente mantener la distancia entre la práctica de la poesía y la cuestión nacional, aunque era plenamente consciente de que ponía en entredicho su mito. Sin embargo, el alejamiento físico de Palestina en lugar de apagarlo, alimentó el mito porque su voz permanecía en todos los lugares, y defendiendo su derecho a la experimentación, aún a riesgo de ruptura con sus lectores, desafió a los que pronosticaban que no escribiría un solo verso fuera de Palestina porque su vena poética dependía del contacto físico con el lugar, ignorando que la fidelidad de un poeta a los suyos no depende de una acción política directa sino de la sinceridad de la obra.

Su estancia fuera de Palestina supone un gran progreso en el campo de la creatividad: su poesía gana en complejidad y participa plenamente en la aventura de la modernidad poética, aunque nunca abandona su ternura inicial ni su capacidad de transmitir la experiencia palestina. Las imágenes siguen siendo ricas y luminosas, íntimamente ligadas a las experiencias vitales y con gran originalidad metafórica, como demuestra el poemario que abre esta tercera etapa: Amarte o no amarte, de 1972, del que destacan los conmovedores “Salmos” y el poema "Sirhán toma café en la cafetería", que sintetiza a la perfección el estado psicológico del poeta dirigiéndose desde fuera de Palestina a los árabes que permanecen en la tierra ocupada.

A comienzos del los años setenta se instala en Beirut, convirtiéndose en parte activa del movimiento literario libanés. Beirut se rinde ante el genio creador del poeta y desde entonces será su “segunda Haifa”, el ambiente idóneo para estimular su proyecto de renovación cultural. Allí dirige el centro de investigación de estudios palestinos y dos de las más importantes revistas árabes: Shuún filistiniyya y Al Karmel. Durante estos años, Darwish se convierte en la gran voz de su pueblo y se consagra como uno de los más grandes poetas árabes vivos, siendo también testigo de la guerra civil libanesa, tragedia que le inspira numerosos poemas desesperados.

En 1982, tras la invasión israelí del Líbano, Mahmud Darwish se ve obligado a abandonar aquel país para permanecer exiliado en Europa, principalmente en París, junto con estancias en Túnez. Es ésta una etapa de gran madurez artística -según sus palabras, al salir de Beirut se aproxima a la ribera de la poesía- en la que escribe poemas largos, teatrales, con un movimiento especial, numerosas imágenes poéticas y voces variadas. A veces el ritmo se acerca a las canciones con poemas sonoros que son puro canto, especialmente en el poemario Elogio de la alta sombra, de 1983, y el poeta parece que quisiera engañar a la realidad que le rodea, siendo su gran temor que el sueño que sustenta a él y a su pueblo se desvanezca como consecuencia de la interminable tragedia.

En Menos rosas, de 1986, sigue experimentando con la forma y con el ritmo, logrando poemas de exquisita perfección formal y a la vez sinceridad e intensidad de sentimientos. Mezcla de orgullo y desesperación, de resistencia y reconocimiento del monstruo dominante, el héroe de estos poemas lucha hasta el límite de su capacidad, a pesar del exilio y la derrota, aunque sin dejarse guiar por el optimismo fácil.

A comienzos de los años noventa, Mahmud Darwish se propone llevar a cabo un proyecto ambicioso: una epopeya lírica que libere el lenguaje poético hacia horizontes épicos. El punto de partida será la multiplicidad de los orígenes culturales, dentro de un espacio temporal visto a través de los prismas del pasado y del porvenir.

Dentro de esta producción, Once astros, de 1992, alcanza una altura poética insuperable en la meta que el autor se había trazado. Es un poemario único, en el sentido de que el poeta consigue despegarse del presente para encontrar en la Historia el lugar que le niegan en la tierra. De este modo, con una mayor capacidad lírica, da un paso de lo relativo a lo absoluto, inscribiendo lo nacional en lo universal.

Está compuesto por poemas largos, con una perfecta armonía entre las imágenes y el ritmo, y fuertemente marcados por grandes experiencias trágicas de la humanidad, como la guerra de Troya, las invasiones de los mongoles, la pérdida de Al Andalus o el genocidio de los pueblos indios, con referencias constantes a personajes y a lugares históricos y míticos.

¿Por qué has dejado el caballo solo?, de 1995, es un poemario de profunda simplicidad y a la vez gran elaboración, una biografía poética -tal vez impulsado por el miedo de que el pasado se olvide o se deje escapar- con unos poemas de gran plasticidad en los que el poeta refleja, como en ocasiones anteriores había hecho, su gran sentido del ritmo.

En esta vuelta a las cosas primeras, tras una larga travesía poética que se rebela contra sí misma, el poeta se inspira en su intimidad profunda, que no puede desgajar de su entorno porque los elementos primeros tienen también un componente mítico o psicológico. De esta forma compone un canto épico y mítico que narra lo cotidiano pero también cuenta, quizá sin habérselo propuesto de forma premeditada, una historia colectiva.

Los siguientes poemarios: El lecho de una extraña, de 1999, y Mural, del 2000, están concebidos como obras arquitectónicas, con una estructura sólida y proporciones muy exactamente calculadas y realizadas con gran precisión. El resultado son unos poemas de gran sobriedad expresiva y a la vez extraordinaria finura, gracia y armonía, compuestos no sólo para ser recitados en su lengua original sino también para ser visualizados.

Firmemente decidido a ocupar el sitio que le corresponde en el panorama poético universal, el poeta trasciende la cuestión nacional para ensalzar su humanidad, aunque liberando a los poemas de un realismo excesivo.

Ambos poemarios están inspirados, sin duda, en experiencias vitales del poeta, especialmente Mural, en el que el Darwish muestra una gran maestría técnica, al tratarse de un largo poema en el que logra mantener continuamente una estructura y un ritmo armónicos, siendo asimismo admirable por la economía y la pureza de la composición.

El poema está basado en las visiones y sensaciones que le embargaron durante el breve espacio de tiempo en el que permaneció clínicamente muerto. Por ello, está concebido como una especie de fresco donde aparecen yuxtapuestas de forma impresionista diversas escenas que constituyen lo esencial de su trayectoria humana, salpicadas de diálogos y monólogos interiores.

Resulta sobrecogedora la absoluta soledad en la que el poeta se encuentra, convertido en palabra-idea, planteándose cuestiones esenciales que constituyen las preocupaciones más íntimas del ser humano, en un espacio luminoso y libre de barreras. En otra dimensión, es pura esencia fuera del cuerpo; no hay destino geográfico ni mapas sino extrañeza en un mundo extraño. El destierro y la lejanía están en su interior, y la vuelta a la que el poeta aspira es una vuelta al lenguaje, no al país, a los amigos ni a la amada.

Pero, contrariamente a lo que se pudiera pensar, la muerte no es algo terrorífico para el poeta sino un ser vivo, sometido a las normas que rigen a los seres vivos: se ríe, llora, teme, ama, añora y muere, estableciéndose entre ella y el poeta una relación extraña y contradictoria, mezcla de miedo y placer, desesperación y paz.

El lecho de una extraña, por el contrario, está compuesto íntegramente por poemas de amor en todas sus facetas, entremezclando, como ya lo había hecho anteriormente, la realidad con el mito y estableciendo numerosas relaciones intertextuales, tanto con la tradición clásica árabe como con el mundo contemporáneo, suprimiendo de este modo las barreras culturales del arte.

Es resaltable a lo largo de la obra una gran austeridad poética: las imágenes quedan reducidas al mínimo para dar un mayor protagonismo a la palabra, auténtico elemento estructural de los poemas.

También el ritmo cobra un especial protagonismo en este poemario, en el que el autor despliega su amplia experiencia en las artes amatorias, mostrando la compleja relación hombre-mujer, en la que cada uno se refleja en el otro y a la vez es un extraño para el otro, con la inevitable sensación de soledad que ello provoca.

Hablando en su propio nombre y recreando sus propias experiencias, Darwish muestra una de las visiones más agudas de la creatividad poética árabe actual, ensalzando algo tan aparentemente sencillo y natural como es el amor a la vida y el goce del placer.

Desde 1996 vive en Ramalla, donde dirige la prestigiosa revista literaria Al-Karmel cuyos archivos fueron destruidos por el ejército israelí durante el asedio de la ciudad en el año 2002- aunque constantemente es requerido para dar recitales poéticos por todo el mundo árabe.

Su fama se ha extendido también a Occidente, donde goza de gran prestigio, como demuestran los diversos premios literarios obtenidos, entre ellos el Lannan Cultural Freedom Price, en el año 2001, y el premio Príncipe Claus de Holanda, en el 2004.

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NOS FALTA UN PRESENTE

Partamos tal como somos:

una dama libre

y su amigo fiel.

Partamos juntos en dos direcciones.

Partamos como somos, unidos

y separados.

Nada nos causa dolor,

ni el divorcio de las palomas ni el frío en las manos

ni el viento en torno a la iglesia.

Los almendros no han florecido del todo.

Sonríe para que sigan floreciendo

entre las mariposas de tus hoyuelos.

Dentro de poco tendremos otro presente.

Si te das la vuelta no verás

sino exilio tras de ti:

tu dormitorio,

el sauce de la plaza,

el río, tras los edificios de cristal

y el café de nuestras citas... todo, todo

preparado para convertirse en exilio.

¡Seamos buenos!

Partamos tal como somos:

una mujer libre

y un amigo fiel a sus flautas.

No tenemos suficiente edad para envejecer juntos,

ir a paso lento al cine,

ver el epílogo de la guerra entre Atenas y sus vecinos

y asistir dentro de poco

a la ceremonia de paz entre Roma y Cartago.

Dentro de poco los pájaros emigrarán de un tiempo a otro.

¿Este camino no es más que polvo

en forma de sentido? ¿Nos ha conducido

en un viaje efímero entre dos mitos?

¿Es necesario y somos necesarios,

como un extraño que se ve en los espejos de su extraña?

"No, éste no es mi camino a mi cuerpo".

"No hay soluciones culturales para las preocupaciones existenciales".

"Allá donde estés, mi cielo es

verdadero".

"¿Quién soy yo para devolverte el sol y la luna precedentes?".

Seamos buenos...

Partamos tal como somos:

una amante libre

y su poeta.

No ha caído suficiente

nieve de diciembre. Sonríe

y caerá como copos de algodón sobre las oraciones del cristiano.

Dentro de poco regresaremos a nuestro mañana, tras nosotros,

allí donde éramos dos niños al comienzo del amor

jugando a Romeo y Julieta

para aprender el léxico de Shakespeare...

Las mariposas volaron del sueño

como el espejismo de una paz rápida.

Nos coronaron con dos estrellas

y nos mataron en el combate por el nombre

entre dos ventanas.

Partamos, pues,

y seamos buenos.

Partamos tal como somos:

una mujer libre

y su amigo fiel.

Partamos tal como somos. De

Babilonia vinimos con el viento

y hacia Babilonia vamos...

Mi viaje no es suficiente

para que, sobre mis huellas, los pinos se conviertan

en panegíricos del lugar meridional.

Nosotros somos buenos aquí. El viento del norte

es nuestro viento y meridionales son las canciones.

¿Soy yo otra tú

y tú otro yo?

Éste no es mi camino a la tierra de mi libertad.

Éste no es mi camino a mi cuerpo

y yo no seré "yo" dos veces

ahora que mi pasado ha ocupado el lugar de mi mañana

y me he escindido en dos mujeres.

No soy oriental

ni occidental.

No soy un olivo que ha dado sombra a dos aleyas.

Partamos, pues.

"No hay soluciones colectivas para las obsesiones personales".

No es suficiente que estemos juntos

para estar juntos...

Nos falta un presente para ver

donde estamos. Partamos tal como somos,

una mujer libre

y su viejo amigo.

Partamos juntos en dos direcciones.

Partamos juntos

y seamos buenos...

MAHMUD DARWISH

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TU NOCHE ES DE LILAS

La noche se sienta donde tú estás. Tu noche es de

lilas. A veces, de los rayos de tus hoyuelos

se escapa un signo que rompe la copa de vino

y alumbra la claridad de las estrellas. Tu noche es tu sombra,

un fragmento de tierra legendaria para igualar

nuestros sueños. Yo no soy el viajero ni el residente en

tu noche de lilas. Soy el que un día fue

yo. Cada vez que la noche te rodea, mi corazón

duda entre dos moradas: y

ni el ser ni el alma se satisfacen. En

nuestros cuerpos, un cielo abraza a una tierra, y toda tú

eres tu noche... una noche que resplandece como la tinta de los astros. Una noche,

bajo la protección de la noche, repta por mi cuerpo

aletargada, cual sopor de zorros. Una noche que rezuma misterio,

luminosa sobre mi lenguaje. Cuanto más se aclara, más

temo el mañana en el puño de la mano. Una noche

que contempla segura y tranquila su

inmensidad que sólo rodean su espejo

y las canciones de los antiguos pastores al verano de unos emperadores

enfermos de amor. Una noche que florece en la poesía

preislámica sobre los brincos de Imru Al Qays[1] y otros

y, para los soñadores, ha ensanchado el camino de la leche hacia una luna

hambrienta en los confines de las palabras...

[1] El poeta más famoso de la época preislámica. Es autor de una de las casidas que componen las muallaqat (las "colgadas"), los poemas más logrados de la época que constituyen el prototipo de la casida árabe. Según la tradición, recibieron ese nombre porque cada año los mejores se escribían con letras doradas y se colocaban en la Meca "colgados" en el templo de la Kaaba.

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UNA NUBE DE SODOMA

Después de tu noche, la noche del último invierno,

la calle del mar está vacía de vigilantes y

ninguna sombra me sigue, tras secarse tu noche

en el sol de mi canción. ¿Quién me dirá

ahora: deja el ayer y sueña con todo

tu inconsciente libre?

Mi libertad está ahora sentada junto a mí, conmigo, en

mis rodillas, cual gato doméstico. Me mira y mira lo que

me has dejado del ayer: tu chal

lila, un vídeo de Bailando con lobos y un collar de

jazmín en el musgo del corazón...

¿Qué hará mi libertad después de tu noche,

la noche del último invierno?

Una nube partió de Sodoma a Babel

hace siglos, pero su poeta, Paul

Celan, se ha suicidado hoy en el río de París.

No me llevarás al río de nuevo. Ningún vigilante

me preguntará: ¿Cómo te llamas hoy? No maldeciremos

la guerra. No maldeciremos la paz. No escalaremos la tapia

del jardín buscando la noche entre dos sauces

y dos ventanas. No me preguntarás: ¿cuándo abrirá

la paz las puertas de nuestra fortaleza a las palomas?

Después de tu noche, la noche del último invierno,

Los soldados han instalado su campamento en un lugar lejano,

una luna blanca se ha posado en mi balcón

y mi libertad y yo nos hemos sentado, en silencio, contemplando nuestra noche.

¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo después de tu noche,

la noche del último invierno?