10 Octubre 2008
Inventé un país
Era la guerra. Aparte de mi abuelo Julien, no había ningún hombre en casa. Mi madre era una mujer de cabellos muy negros, la piel del color del ámbar, unos ojos grandes bordeados de pestañas que parecían un dibujo al carbón. Ella pasaba mucho tiempo al sol, me acuerdo de la piel de sus piernas, brillante sobre las tibias, por las que me gustaba deslizar los dedos. No teníamos gran cosa que comer. Las noticias que nos llegaban eran muy alarmantes.
Sin embargo, conservo de mi madre en aquella época el recuerdo de una mujer alegre y despreocupada, que tocaba melodías en la guitarra y cantaba. Le gustaba leer también, y es de ella de quien he heredado la convicción de que la realidad es un secreto, de que es soñando cómo se está cerca del mundo.
Mi abuela paterna era muy distinta. Era una mujer del norte, de los alrededores de Compiègne o de Amiens, de un largo linaje de campesinos cerrados y autoritarios. Se llamaba Germaine Bailet, y ese nombre contenía todo lo que ella era, avara, terca, voluntariosa.
Era muy joven cuando se casó con mi abuelo, un hombre de otra época, un ex profesor de geografía que había dimitido para consagrarse al estudio del espiritismo.
Se aislaba en su escritorio a fumar cigarrillo tras cigarrillo de tabaco negro, leyendo a Swedenborg. Jamás hablaba de eso. Salvo una vez, cuando al verme leer una novela de Stevenson había dicho en un todo definitivo: “Harías mejor en leer tu Biblia”. Su contribución a mi crianza se detuvo allí.
Mi madre tenía un nombre único. Un nombre dulce y ligero, que evocaba su isla, y que se llevaba bien con su risa, sus canciones y su guitarra. Se llamaba Rosalba.
La guerra, es cuando se tiene hambre y frío. ¿Siempre hace más frío mientras duran las guerras? Mi abuela Germaine sostenía que las dos guerras que ella había conocido, la primera, la “Grande”, y la otra, la “cochina guerra”, habían estado marcadas las dos por veranos tórridos, seguidos de inviernos de espanto. Ella contaba que en el verano de 1914, en su pueblo, las alondras cantaban: “¡Este estío, este estío!” Y no fue hasta el día en que fijaron los carteles con la orden de movilización, a mediados de agosto, que los campesinos comprendieron.
Mi abuela no había hablado de pájaros que cantaran en el verano de 1939. Pero contaba que mi padre había partido en medio de una tormenta. Había besado a su mujer y a su hijo, se había alzado el cuello bajo la lluvia, y no había regresado jamás.
En la montaña hacía frío a partir de octubre. Llovía todas las noches. Los arroyos corrían por el centro de las calles, haciendo una música triste. Había cuervos en los campos de papas, mantenían una suerte de reuniones, sus graznidos colmaban el cielo vacío.
Vivíamos en el primer piso de una vieja casa de piedra, a la salida del pueblo. La planta baja estaba compuesta por una gran pieza vacía que antaño había servido de depósito, y cuyas ventanas fueron tapiadas por orden de la Kommandantur.
Es el olor de aquel tiempo lo que yo no puedo olvidar. Una mezcla de humo, de moho, un olor a castañas y a repollos, un algo de frío, de inquietante. La vida pasa, uno corre aventuras, se olvida. Pero el olor permanece, a veces resurge, en el momento en que uno menos lo espera, y con él regresan los recuerdos, la longitud del tiempo de la infancia, del tiempo de la guerra.
La falta de dinero. ¿Cómo la adivina un niño de cuatro, cinco años? Mi abuela Germaine hablaba de eso algunas tardes, mientras yo me dormía a medias sobre mi plato vacío. “¿Cómo vamos a hacer?
Hace falta leche, legumbres, todo cuesta caro.” No es dinero lo que falta, sino tiempo. Los medios para no pensar más en el tiempo, para no tener miedo del día que se acaba, del día que recomienza.
La sala de estar era la cocina. Las habitaciones eran sombrías y húmedas. Sus ventanas miraban a una pared rocosa, cubierta de musgo, en la que el agua parecía caer en continua cascada. La cocina estaba del lado de la calle, iluminada por dos ventanas sobre las cuales mi abuela, al caer la noche, fijaba papel azul para el toque de queda. Es allí donde pasábamos la mayor parte de la jornada. Incluso en invierno, siempre había sol. No teníamos necesidad de cortinas, porque no había nadie enfrente. La calle, en ese lugar, era la carretera que iba hacia las montañas. Por allí no pasaba casi nadie. Una vez por día, en la mañana, el esforzado autobús subía la cuesta con un ruido ahogado de gasógeno.
Cuando lo oía venir, yo me precipitaba a la ventana, para ver ese insecto de metal, sin nariz, cuyo techo estaba cargado de trastos atados con hilos debajo de las lonas. La parada del coche estaba un poco más abajo, sobre la plaza, delante del puente. Inclinándome yo alcanzaba a ver, por encima de los campos de hierbajos, los techos del pueblo y la torre cuadrada de la iglesia, con su esfera de reloj con números romanos. Nunca llegué a leer la hora, pero me parece que debía marcar siempre el mediodía.
La cocina, en primavera, se llenaba de moscas. Mi abuela Germaine sostenía que eran los alemanes quienes las habían traído.
“Antes de la guerra no había tantas.” Mi abuelo se burlaba de ella. “¿Cómo puedes estar segura? ¿Las has contado?” Pero ella no daba el brazo a torcer. “Ya en el 14 las vimos llegar. Los boches las traían en canastos, eran ellos quienes las soltaban, para desmoralizarnos.”
Para luchar contra los insectos, mi abuela desplegaba papeles adhesivos colgados de la ampolla eléctrica. Por falta de medios, ella utilizaba todas las mañanas el mismo rollo, que limpiaba cada noche. Pero al mismo tiempo sacaba el poco de cola que quedaba y muy pronto, tratándose de una trampa, el rollo les servía a los insectos más bien de pértiga. Mi abuelo, por su parte, tenía un método más radical. Armado de una palmeta veinte veces remendada, salía de caza todas las mañanas, y no aceptaba desayunar hasta que había derribado un buen centenar de moscas. El hule no era el escenario de esos combates. Mi abuela Germaine había prohibido terminantemente que se aplastase ninguna mosca sobre él, por razones de higiene.
En cuanto a mí, ese hule era el principal decorado de mi vida. Era una tela de las más ordinarias, bastante gruesa, de un brillo un poco aceitoso y que despedía un olor a azufre y a caucho, mezclado a los perfumes de la cocina.
Allí comía, dibujaba, soñaba y, en ocasiones, dormía. Estaba decorado con motivos que no sé si representaban flores, nubes u hojas, quizá todo eso a la vez. Allí mi abuela preparaba la comida con mi madre, picando las legumbres y los trozos de carne, pelando zanahorias y papas, nabos, topinambures. Mi abuelo Julien elaboraba allí la mixtura que fumaba, mezcla de trocitos de tabaco, matas de zanahorias secas y hojas de eucalipto. Al mediodía,cuando sus suegros hacían la siesta, mi madre Rosalba me daba la lección. Con el libro abierto, me leía las historias.
Después me llevaba a pasear hasta el puente, para mirar el río. La noche llegaba muy rápido en el invierno. Pese a los gorros de lana y a las pieles de cordero, estábamos siempre tiritando. Mi madre se quedaba un momento vuelta hacia el sur, como si esperase a alguien. Yo la arrastraba de la mano, para volver a la casa. A veces nos cruzábamos con niños del pueblo, con mujeres vestidas de negro. Podía ser que mi madre intercambiara algunas palabras. Para ganar un poco de dinero, por la noche cosía sobre el famoso hule. Yo creo que fue apoyado en ese mantel que por primera vez pensé en un país imaginario.
Estaba ese grueso libro rojo que leía mi madre, y que hablaba de Grecia, de sus islas. Yo no sabía lo que era Grecia. Tan sólo palabras. Afuera, en el frío corredor del valle, por la plaza de la iglesia, en las tiendas adonde yo acompañaba a mi madre y a mi abuela cuando iban a comprar leche o papas, allí no había palabras. Sólo el sonido de las campanas, el ruido de las galochas sobre el empedrado, gritos.
Pero del libro rojo salían palabras, nombres. Caos, Eros, Gaia y sus hijos, Pontos, Océanos y Uranos, el cielo estrellado. Yo los escuchaba sin comprender. Se trataba del mar, del cielo, de las estrellas. ¿Yo sabía lo que era eso? No los había visto nunca. No conocía otra cosa que los dibujos del hule, el olor a azufre, y la voz canora de mi madre que leía. En el libro fue donde encontré el nombre del país de Urania. Tal vez haya sido mi madre quien inventó ese nombre, para compartir mi sueño. Vi al enemigo. Digo “el enemigo” porque no sabía quiénes eran, ni de dónde venían.
Mi abuela Germaine los odiaba tanto que no pronunciaba jamás su nombre. Los llamaba los boches, los fritz, los teutones, los hunos. Decía solamente “ellos”. “Ellos” han llegado.
“Ellos” han ocupado un pueblo. “Ellos” cortan las carreteras. “Ellos” destruyen casas.
Era una amenaza, algo apenas real. La guerra no tiene sentido para los niños. Primero tienen miedo, después se acostumbran. Cuando se acostumbran es cuando todo se vuelve inhumano.
Yo pensaba en la guerra sin creer en ella. Cuando iba al pueblo con mi madre, recogía guijarros por la ruta. “¿Qué vas a hacer con eso?”, me preguntó ella una vez. Yo metí las piedras en mis bolsillos. “Son para arrojarlas”, dije. Mi madre debió preguntar: “¿Arrojarlas contra quién?”. Pero había comprendido. No me hizo más preguntas.
Ella nunca hablaba de todo aquello, de la guerra, de los enemigos. Ese era su juego: hablar de otra cosa, pensar en otra cosa. La angustia debía resultarle insoportable. Algunas veces, por la noche, en lugar de cenar, ella iba a acostarse en la oscuridad.
El libro rojo, Urania, las leyendas de Grecia, todo eso contaba más para ella que lo que pasaba en las montañas. Al mismo tiempo, todas las mañanas salía, iba hasta el final de la ruta en busca de noticias, a escuchar lo que se decía, en la panadería, en las tiendas. Como si mi padre fuese a aparecer en la entrada del pueblo, bruscamente, tal como desapareció.
Era el otoño. Los enemigos estaban en el pueblo. Había un ruido de motores. No el autobús a gasógeno con su jadeo sibilante.
Motores que hacían una música en dos tonos, uno agudo, otro más grave. Esa mañana me despertó el ruido. Estaba solo en la habitación, tuve miedo. Los muros y el suelo temblaban. En la cocina vi a mi madre y a mi abuela paradas en el ángulo de la ventana. Habían descolgado el papel azul, el sol entraba a raudales hasta el fondo de la cocina. Eso le daba a todo un aire de fiesta. Mi abuelo Julien se había quedado sentado en su sofá, miraba delante de sí, noté que sus manos temblaban un poco.
“Daniel.” Mi madre murmuró mi nombre, y su voz estaba diferente. Cuando me acerqué a la ventana, ella me apretó contra sí, como para hacerme un escudo. Yo sentía el hueso de su cadera contra mi mejilla, y hacía esfuerzos por ver, poniéndome en puntas de pie.
Afuera, a lo largo de la calle, una columna de camiones avanzaba lentamente, el ruido de sus motores hacía temblar los vidrios. Ascendían por la carretera, tan cerca unos de otros que se los habría tomado por un tren.
Desde donde estaba yo, arrinconado entre el muro y la cadera de mi madre, sólo veía los toldos y los cristales de los camiones, como si nadie fuese a bordo de ellos.
Miraba el largo desfile de camiones, oía el estrépito de sus motores, los vidrios que temblaban, quizá los latidos del corazón de mi madre, mi cabeza apoyada en su costado, el miedo que colmaba la estancia, el valle. Aparte del ruido de los motores, todo estaba vacío. Ninguna voz. ¿Ladraban los perros en los patios? Aquello duró mucho tiempo. El rugido de los camiones parecía que no iba a terminar nunca. El enemigo remontaba el valle, se hundía en la garganta de la alta montaña, rumbo a la frontera. El sol brillaba en la pared de la cocina. Por encima de nosotros, el cielo era azul, todavía un cielo de verano. Sin duda las nubes se amontonaban en el Norte, sobre las cumbres de las montañas. Las moscas, trastornadas un momento por la vibración de los motores, habían recomenzado su danza encima del hule. Sin embargo a mi abuelo Julien ni se le ocurría cazarlas. Permanecía sentado delante de la mesa, la luz le daba de lleno, estaba pálido y muy viejo, muy alto y delgado, sus ojos atravesados por la luz, dos canicas transparentes, grisazules.
No sé por qué, es esa imagen de mi abuelo la que conservo, se ha superpuesto a todas sus fotos. Tal vez sea el vacío de su mirada, la palidez de su rostro lo que me permite comprender la importancia del acontecimiento que estábamos viviendo, el enemigo que pasaba bajo nuestras ventanas parecido a un largo animal de metal sombrío.
Mario murió esa mañana. Mario era como mi hermano mayor, a veces jugaba conmigo en el patio detrás de la casa.
Era joven, un poco loco. Más tarde imaginé que estaba enamorado de mi madre, pero es una simple suposición, pues ella nunca ha dicho nada de eso. Yo estaba en la cama de mi abuela, ensoñaba mientras miraba los rayos de sol que pasaban por debajo de la puerta.
Todos se habían ido muy lejos. Yo oía una voz que lla≠maba a mi madre, con un acento quejumbroso: “¡Rosalba!”. El rostro de mi padre era oscuro, pero no como si estuviese en sombras. Ennegrecido por el humo, más bien. “¡Rosalba!” repetía la voz, pero no era una voz de hombre, en realidad era la voz de mi abuela. Una voz lenta, que se arrastra sobre las sílabas. A menudo tengo ese sueño. Mi padre se fue cuando yo era un bebe, y sin embargo estoy seguro de que es él el que aparece, en el marco de una puerta, y yo tengo un miedo muy grande de oír la voz que llama a mi madre. No le he hablado de esto a nadie.
Esa mañana, durante el sueño, oí una cercano. Eso fue lo que me despertó.
Después, ya no sé lo que pasó. Mi abuela ha regresado de darles de comer a sus conejos, en el patio. Ha escondido los conejos detrás de los haces de leña para que no se los roben. De cuando en cuando mata alguno, y luego lo desuella. Sabe hacerlo muy limpiamente.
Un día la he visto, en el patio. El conejo estaba colgado de un clavo en la pared, en el suelo había un charco de sangre, las manos de mi abuela estaban rojas.
Más tarde, mi madre volvió de las compras. Había comprado una hogaza de pan, leche en un tarro de hierro, algunos nabos con sus hojas para hacer un caldo. Apoyó las compras sobre la mesa. Mi abuelo Julien bebía su achicoria a grandes sorbos, aspirando ruidosamente.
Por lo general, mi abuela lo regañaba: “¡No hagas ese ruido, es muy molesto!”. Pero ella no decía nada. Mi madre parecía triste. La oí cuchichear con mi abuela, hablaban de Mario. Yo no comprendí inmediatamente. Fue más tarde, mucho más tarde, después de la guerra. Mario transportaba una bomba que debía colocar en el puente. Es la ruta que toman los enemigos para ir hacia los collados.
Cuando comprendí que Mario había muerto, me vinieron otra vez todos los detalles. La gente se lo contaba a mi abuela de todas las maneras posibles. Mario iba por el campo, un poco más arriba, a la salida del pueblo.
Escondía la bomba en una bolsa, iba corriendo. Tal vez se haya enredado los pies en un montículo de tierra, lo cierto es que se cayó. La bomba hizo explosión. No se encontró nada de él. Era algo maravilloso.
Era como si Mario se hubiese escabullido hacia otro mundo, hacia Urania. Después pasaron los años, un poco lo he olvidado. Hasta ese día, mucho tiempo después, cuando el azar me reunió con
El joven más extraño que he conocido jamás.
Yo viajaba por el oeste mexicano, en un autobús que iba desde el puerto de Manzanillo hasta la ciudad de Colima. El autobús estaba atestado cuando subí a bordo, y me fui directamente al fondo, hacia el único lugar libre. No le presté atención a mi vecino inmediatamente, pero el autobús comenzó a rodar y él abrió la ventana corrediza a causa del calor. Me tocó el brazo para preguntarme por señas si el viento me molestaba. Como yo le respondí que al contrario me hacía bien, él esbozó una sonrisa y luego se puso a mirar por la ventana. Un momento después, volvió a girar hacia mí para decirme su nombre: “Raphaël Zacharie”. Yo me presenté: “Daniel Sillitoe”, y le tendí la mano. El muchacho vaciló antes de tomarla, y en lugar de estrecharla se contentó con tocar la punta de mis dedos con un rápido ademán.
Aparte de nuestros nombres, no se había pronunciado ninguna palabra.
Fue entonces cuando me di cuenta de la extrañeza de mi vecino de ruta. Para no tener que volver a ello, voy a trazar brevemente su retrato.
Llevaba el cabello moreno muy corto, tupido y erizado como los pelos de un puercoespín. Pero su rostro oscuro era redondo y suave, con rasgos indígenas, una nariz fina, pómulos anchos, unos ojos negros en forma de almendra desprovistos de pestañas y de cejas. Noté también la ausencia de lóbulo en su oreja.
Por otra parte mi compañero parecía más interesado en el paisaje que en lo que ocurría dentro del autobús. Permanecía inclinado hacia la ventana, con los ojos fruncidos a causa del viento y del polvo, mirando desfilar las calles de la ciudad, la gente en las veredas. El autobús hacía zumbar el motor, de cuando en cuando la estridencia de la bocina resonaba contra los muros de los edificios.
Después de la ciudad de Tecomán, atravesada dentro de una nube de polvo y de ruido, el autobús comenzó a rodar por una garganta que remonta el curso seco del río Almería. Luego trepó las laderas volcánicas.
Un poco más tarde, Raphaël me dirigió la palabra para mostrarme su reloj de pulsera, una cosa chillona con un cuadrante azul metalizado, de esos que venden ilegalmente en los accesos de los mercados.
La pulsera también era de metal, hecha de eslabones dorados. El muchacho me habló en español, con un acento un poco germánico. “Lo compré en manzanillo – me explicó–. Es mi primer reloj.” Yo dije un poco estúpidamente, porque no sabía qué responder, como un niño: “Es bonito. ¿Es un reloj a pila o a cuerda?”. Raphaël me miró con un aire un tanto condescendiente. “Sabes, adonde yo voy no hay nada eléctrico. Es a cuerda.” Raphaël se volvió.
Miró por la ventana, pensé que yo había dejado de interesarle. Luego, un largo momento después, me volvió a hablar. Me hizo preguntas sobre mi padre, sobre lo que hacía. Yo le dije que mi padre había muerto durante la guerra, cuando yo era un bebé, y que no me acordaba de él. Lo dije para simplificar. No podía decirle que mi padre había desaparecido, que yo nunca había sabido lo que le había ocurrido. “¿Y tu madre?” Vacilé antes de decirle: “Está vieja, yo creo que ya no tiene ganas de vivir, va a tener que irse a una casa con otros viejos,
ya no sabe quién es”.
Raphaël me miraba sin comprender. “Dices cosas extrañas. ¿Cómo es que se puede no tener más ganas de vivir?” Y agregó: “Entre nosotros, la gente no es muy vieja, pero todos tienen ganas de vivir. No se les ocurre irse a una casa con otros viejos, esperan quedarse siempre con nosotros”.
Yo pregunté: “¿Dónde es, tu casa?”. No respondió enseguida. Después me dijo, y era la primera vez que yo oía ese nombre: “El lugar se llama Campos”. “Háblame de Campos”, le dije. Raphaël me miró con desconfianza. “Es un lugar como cualquier otro –respondió–. Allá no hay nada extraordinario. Es un pueblo, eso es todo.”
El joven había cambiado de expresión. De repente tenía un aire de reserva, de hostilidad. Comprendí que mi pregunta le había molestado, que había percibido la curiosidad.
Sin duda no había sido yo el primero en notar su manera de ser, su aspecto físico, sus ropas. Debía tener la costumbre de alejar a los importunos.
Pensé en otra manera de plantear mis preguntas que no fuese demasiado inquisidora, pero él pareció adivinar mis intenciones, porque comenzó a decir: “Si realmente quieres saberlo, yo nací en Québec, en Rivière-du-Loup. Cuando mi madre falleció, mi padre me llevó a Campos, porque ya no podía ocuparse de mí”.
Se detuvo un momento, creí que iba a continuar su historia, pero dijo: “Sabes, en Campos tenemos una costumbre. Cuando los muchachos y las muchachas han crecido (utilizó la expresión de los indios, desarrollado), tienen que dejar el pueblo e ir adonde quieran, para ver el mundo. Hay muchos que van a las grandes ciudades, a Guadalajara, o a México.
Los que tienen los medios se van a otros países, a los Estados Unidos o a Costa Rica. Yo quería ver el mar, porque he olvidado el mar desde que dejé mi país. Así que tomé el autobús para Manzanillo. Con el dinero que me han dado, compré muchos juguetes de plástico y los vendí en los mercados, o en las playas. Me compré un reloj. Ahora ya no me queda dinero, así que regreso a Campos. Eso es todo, no tengo nada más que decir sobre el asunto”. Parecía bastante contento de haber contado ese cuentito.
Y a mí me costaba creérselo. Me daba la impresión de alguien muy astuto bajo una máscara de ingenuidad infantil.
Tenía respuestas preparadas, y las utilizaba según la circunstancia. “¿Y te gustó el mar en Manzanillo?” Se distendió, recuperó su aire despreocupado.
“Es magnífico –dijo–. Es grande, muy grande, y las olas caen sobre la playa todo el tiempo, de día, de noche, ¿de dónde vienen?”
Me miraba con ojos brillantes. Comprendí que aquella no era una manera de hablar, sino de plantear la pregunta realmente. “No sé –respondí–. Del otro lado del mundo, de la China o de Australia, supongo.”
Mi respuesta no le satisfizo. Entonces volvió a hablar de Campos. “Sabes, Campos, allá donde yo vivo, es un pueblo muy pequeño, en el extremo de un valle, con una montaña muy alta encima.
Al principio, cuando yo llegué, creía que más allá de esa montaña no había nada, creía que era el fin del mundo. Pensaba en mi país, en Rivière-du-Loup, quería escaparme para volver allá. Después me olvidé, me acostumbré a vivir sin mi padre.
Estuve contento de ir a Manzanillo, de ver la ciudad con toda la gente, de ver el mar, al anochecer me sentaba en la playa y miraba las olas.”
El autobús escalaba la montaña por una ruta en zigzag. Ya no se veía el lecho del río Armería, ni las planicies áridas.
Editorial El cuenco de plata
servido por laguerra33
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9 Octubre 2008
El francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, autor de más de treinta libros entre cuentos, novelas y ensayos, fue distinguido hoy con el Premio Nobel de Literatura 2008, según dio a conocer la Academia Sueca
El galardón le fue otorgado por ser "el escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada, investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante", según la argumentación de la Academia.
Además, señala que, partiendo de los últimos estertores del existencialismo y del "nouveau roman", Le Clézio ha conseguido "rescatar las palabras del estado degenerado del lenguaje cotidiano y devolverles la fuerza para invocar una realidad existencial", reprodujo la agencia DPA.
El escritor, de 68 años de edad, recibirá el 10 de diciembre próximo, un cheque por 10 millones de coronas suecas (más de un millón de euros), en la solemne ceremonia de entrega de los Nobel.
El nombre del escritor francés circulaba con insistencia en los círculos literarios suecos durante los últimos días: "Esta vez, creo que podría ser Le Clézio. Es mi intuición", había afirmado María Schottenius, encargada de las páginas culturales del principal diario sueco, Dagens Nyheter.
Con sus novelas críticas con la civilización y en parte autobiográficas en torno a mundos hundidos y alejados, el autor se convirtió en uno de los escritores franceses más significativos de la actualidad.
Le Clézio alcanzó una rápida notoriedad con su novela "El atestado", publicada en 1963 y que mereció el premio Renaudot. En sus inicios, su sumó a la corriente del "nouveau roman" que abanderaban Robbe-Grillet y Butor, pero luego descubrió su propio lenguaje, plasmado en un estilo refinado y exquisito, que utiliza para contar unas historias de claro fondo autobiográfico.
Entre las obras más destacadas del autor, nacido el 13 de abril de 1940 en Niza figuran "El africano", "Proceso verbal", "La fiebre", "El éxtasis material" y "Urania".
Hijo de una francesa y un médico inglés que en parte trabajó para el gobierno británico en Nigeria, estudió literatura y tras terminar sus estudios en la Universidad de Niza dio clases en Bristol, Londres y Aix en Provence.
Cuando en 1963 publicó a los 23 años su primera novela "Le Procès- verbal", la crítica especializada lo elogió unánimemente como uno de los talentos más asombrosos y singulares de la literatura francesa moderna.
Entre otros premios -además del Renaudot- obtuvo el Paul Morand y en 1994 fue elegido el mejor escritor francés vivo. Gran viajero, el autor pasa buena parte de su tiempo en México y extrae de su faceta de trotamundos los materiales de sus obras.
Le Clézio está casado con la palestina Jemia, tiene dos hijos y vive en Alburquerque (Estados Unidos), aunque tiene residencias en Niza y en la Bretaña francesa.
servido por laguerra33
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5 Octubre 2008

Film árabe presentado en Santiago de Chile
Obras audiovisuales junto a cátedras y diálogos con expertos sobre el Mundo Árabe se podrán encontrar en la muestra "Cine, política y sociedad en el mundo árabe".
Desde el martes 30 de septiembre, a partir de las 12 horas, se realizarán variadas actividades relacionadas con la cultura arábica. Ese día los especialistas Ignacio Aliaga, Gema Martín Muñoz y Eugenio Chahuán inaugurarán la muestra "Cine, política y sociedad en el mundo árabe", que exhibirá el panorama actual del cine documental contemporáneo del mundo islámico.
Finalizada la charla, el cineasta Miguel Littin ofrecerá la ponencia "El cine documental como espejo de la sociedad: América Latina y el mundo árabe", para luego dar paso, a las 16 horas, a la directora Ula Tabari, quien exhibirá su "Investigación personal" (2002), obra audiovisual que será seguida por una mesa redonda que tratará sobre la identidad.
Durante el período del ciclo organizado por el Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile, que ya se presentó con éxito el 2007 en España, se ofrecerán más de una docena de documentales, los que finalizado el certamen en Chile llegarán a Perú y seguirán rotando por toda América Latina.
Títulos como “Amina amina” de de Khadija Al-Salami, "Lágrimas de las sheijas" de Ali Essafi y "Tiempo de noticias" de Azza El-Hassan estarán rotando en la Sala de Cine y en el Microcine de la Cineteca Nacional, del Centro Cultural Palacio La Moneda hasta el 12 de octubre.
Otras instancias contempladas en el programa para los días siguientes son las mesas redondas dirigidas por los realizadores Khadija Al Salami y Maher Abi Samra, referidas a dos temas en particular: "Mujeres" y "Refugiados", respectivamente.
servido por laguerra33
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2 Octubre 2008
Es venganza”, dice poeta
Cardenal dijo que es una “venganza” por la acogida que tuvo en Paraguay durante la toma de posesión del presidente Fernando Lugo, a la cual el mandatario nicaragüense no pudo asistir por supuestas fallas en el avión que alquila para sus viajes, aunque tal hecho coincidió con el anuncio de que movimientos feministas de ese país repudiarían públicamente su presencia por la acusación de violación de su hijastra Zoilamérica Narváez.
En Paraguay el poeta Cardenal acusó al presidente Ortega de “ladrón” y de establecer “un reinado de unas cuantas familias” en alianza con somocistas, comentarios a los que la primera dama, Rosario Murillo, reaccionó indicando que el sacerdote forma parte de la comparsa de la derecha local e internacional que se dedica a calumniarlos constantemente.
32 meses para “apegarse” a la ley
El abogado acusador de Cardenal, Ramón Rojas Méndez, negó que se trate de un asunto de índole político, pues es un fallo que había llevado tiempo en resolverse y que lo que hizo el Juez Primero de Distrito de lo Penal fue apegarse a lo que establecen las leyes.
“Se trata de un fallo objetivo, yo apelé el fallo del juez de menor instancia, subió al de Distrito, quien decidió que sí había mérito para condenar al señor Cardenal por el delito de injurias. ¿Por qué hasta ahora?, hombré, no te lo puedo explicar, pero creo que tiene que ver con el proceso de limpieza de casos viejos que se está dando en los juzgados”, dijo Rojas.
El juicio sumario por injurias es un engendro del tristemente célebre Cornelio Hüeck, con el objetivo de acallar las críticas y destapes de actos de corrupción en que como alto somocista participaba y que eran publicados por La Prensa de Pedro Joaquín Chamorro.
Hüeck convirtió el proceso ordinario en un juicio sumario conocido como “3-5-3”, es decir, tres días para demanda, cinco para presentar pruebas y tres para fallar. El encontrado culpable podía apelar la sentencia al Juez de Distrito, que tenía ocho días para pronunciarse definitivamente, pero en este caso el judicial David Rojas se tomó 32 meses para hacerlo.
Para Cardenal la acción del juez Rojas es “notoriamente injusta e ilegal”, porque ese supuesto delito de injurias había prescrito desde hace varios años. “Es simplemente una venganza de Daniel Ortega por la acogida que tuve en Paraguay durante la toma de posesión del presidente Lugo, mientras a él se le impidió llegar, afirmó el sacerdote trapense.
Recuerda quiénes son sus perseguidores
Agregó que el fallo proviene de un “juez danielista que en tiempos de la revolución fue miembro de la Seguridad del Estado y es el mismo que posteriormente absolvió
a Byron Jerez. Y el abogado que ha respaldado al alemán Zerger es precisamente el mismo abogado de Daniel Ortega, José Ramón Rojas Méndez”.
Rojas Méndez fue el mismo abogado que defendió al presidente Ortega cuando fue acusado por el delito de violación por su hijastra Zoilamérica Narváez, en 1998.
Cardenal recordó que en el año 2005 ya había sido declarado inocente por “el mismo sistema (judicial) danielista”, por no existir en todo el expediente ni una sola evidencia que confirmara que había cometido el delito.
A la vez señaló que es bien conocida la persecución que desde hace varios años hacen el alemán Zerger y su esposa Nubia Arcia, acusándole por todos los medios, “de todo tipo de mentiras, insultos y calumnias, con la intención de apropiarse de un hotel propiedad de la Asociación para el Desarrollo de Solentiname”, de las cuales se defendió en una carta pública en donde les señaló acciones ilícitas e ilegales que esas personas habían cometido.
Reacciones no se hacen esperar
La noticia, para el laureado escritor y ex vicepresidente de Nicaragua Sergio Ramírez, no fue extraña. “De este sistema judicial no podés esperar otras cosas, sobre todo cuando responde a intereses políticos de Daniel Ortega”, dijo.
Indicó que no tiene la menor duda de que se trata de una venganza de Ortega en contra de Cardenal, por la estatura moral del poeta en Nicaragua y en el mundo entero, de la cual se encuentra muy distante el mandatario nicaragüense.
“Se trata de una manifiesta manipulación de los tribunales, lo cual debe ser causa de aflicción para el país, porque se trata de una acción temeraria en contra de una figura que tiene una relevancia mundial, y no tiene otro calificativo más que de una barbarie”, dijo Ramírez
Efecto boomerang
No obstante, advirtió que esa preeminencia de Cardenal a nivel internacional provocará un efecto boomerang en quienes han decidido perseguir al sacerdote, “y podríamos ver un alud de nieve gigantesco en contra de los autores de la barbarie”.
Añadió que como escritor está dispuesto a apoyar cualquier comunicado de respaldo, “porque ante estas situaciones debemos ser solidarios, sobre todo con figuras como Ernesto, que han puesto muy en alto el nombre de Nicaragua”.
La poetisa Vida Luz Meneses dijo por su parte que Cardenal cuenta con el apoyo de todo el gremio de artistas que está en contra de “atropellos” como los que se pretenden concretar a través del Poder Judicial.
“Imaginate que se trata de un caso por el que el mismo sistema judicial ya lo había absuelto, y que lo traen a colación ahora que el poeta ha sido homenajeado en Paraguay, es decir, todo apunta a una decisión de orden político”, dijo Meneses, quien aseguró que el sacerdote trapense tendrá todo el apoyo de sus similares.
“No está solo”
La reconocida escritora Gioconda Belli fue tajante en sus declaraciones al afirmar que la sentencia en contra de Cardenal es “absurda e ilegal”, pues se trata de un caso que ya caducó, pero que por la manipulación que existe del Poder Judicial de parte del presidente Ortega se utiliza para llevar a cabo una venganza contra el sacerdote.
“Tienen miedo”
“Esto no es más que una demostración de debilidad del Gobierno, esto se llama miedo, porque saben el peso que tiene la voz de Ernesto Cardenal y por eso vamos a denunciar este atropello a nivel internacional, porque somos solidarios con él y lo advertimos: no está solo y un ataque contra Ernesto es un ataque contra todos nosotros, las y los escritores del país”, dijo Belli.
Añadió que la actitud del Gobierno de utilizar a los tribunales en contra de un sacerdote de 82 años, “no es más que una muestra de la cobardía con que actúan los que ostentan el poder en contra de quienes se muestran críticos y adversos”.
Puro somocismo
Sus colegas Claribel Alegría y Daysi Zamora también reaccionaron, pero sumergidas en el espacio de lo incrédulo. “Esto es horrible lo que está pasando y te digo que es tanto así, que no encuentro palabras para describirte lo que siento”, dijo Alegría.
“Estoy impactada de ver la arbitrariedad y el abuso que se está cometiendo en contra de personalidades que lo único que han hecho es poner en lo más alto el nombre de Nicaragua y que dedicó su vida a la Revolución. Estoy espantada, porque estamos volviendo a lo más puro del somocismo”, manifestó Zamora.
Quieren callar a todo el mundo
A juicio de Dora María Téllez, la condena contra Cardenal es “una venganza política de Daniel (Ortega) y Rosario (Murillo). Y es para obligar a callar a todo el mundo”, dice Téllez, quien no cree que dichas acciones tengan efectividad.
¿Qué efectividad tiene? ¿Para callar a Ernesto Cardenal? El efecto que provoca es repudio a nivel nacional e internacional, y tampoco les sirve para callar el hambre de la gente”, prosigue Téllez, quien pasó en huelga de hambre 12 días protestando contra el Gobierno y sus métodos totalitarios.
“Lo que no pudo hacer el somocismo no lo podrán hacer Rosario Murillo y Daniel Ortega. Éste es un gobierno vengativo, venga ‘traidos’ políticos y pretende callar a todo el mundo. Éste no es hecho aislado, es sólo una represión más”, expresó Téllez.
Téllez dijo que existe una dictadura institucional y que lo único que les falta es manejar a su gusto y antojo son entidades como la Policía Nacional y el Ejército, pero advirtió que el día que esto ocurra la población saldrá a las calles como lo hizo contra Somoza para defender sus derechos, su vida y su integridad física.
Cenidh acompañará a Cardenal
La presidenta Ejecutiva del Centro Nicaragüense de Derechos (Cenidh), Dra. Vilma Núñez, indicó que brindarán total apoyo al padre Cardenal, porque es una víctima más de la “instrumentalización del Poder Judicial” en contra de quienes critican la gestión del Gobierno actual.
“Es una jugada más del régimen, que está utilizando a su juguete favorito que es el Poder Judicial, para premiar a amigos y castigar a adversarios. Esta vez ni siquiera tuvieron el tacto de dejar pasar un tiempo, sino que lo hacen inmediatamente después de lo ocurrido en Paraguay, es decir, no se guardan las apariencias y embisten de manera directa”, dijo Núñez.
“Quieren responsabilizar al padre de la falta de acogida del presidente en Paraguay, parece que hay una envidia por el nivel de reconocimiento que tiene el poeta y que lo va a seguir teniendo, esto evidencia que seguimos en camino hacia el autoritarismo, en el régimen más intolerante que ha habido desde Somoza, porque la consigna es: estás conmigo o contra mí”, añadió.
Núñez dijo que Cardenal está supuesto a interponer una denuncia en el Cenidh mañana jueves y que ellos le darán el acompañamiento debido, porque desde el punto de vista legal no existe mérito para dar lugar a una sentencia como la emitida por el juez Rojas.
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24 Septiembre 2008
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Estos poemas aparenta mostrar la experiencia del autor en la Gran Capital de la literatura francesa: pero la verdad es que el poeta bretón Tristán Corbière (1845-1875) sólo vive 29 años, hace máquinas algo más complejas. El hablante parece identificarse con el protagonista de Le Négrier, la novela de su padre, dada su condición de hijo de oficial de marina (bretón) y una “bella criolla”, dando una señal clara (que la lectura del libro íntegro puede confirmar) de que Corbière quiso construir una especie de “alter ego” literario, pretensión que, como tantas otras, no logra llevar a cabo con la limpieza de un Grande (léase Hugo, Gautier, Baudelaire, etc...). La canción del epígrafe del Soneto III es tradicional y nostálgica, se llama À la claire fontaine. En el mismo soneto, nótese que el “manzanillo”, planta del Caribe, se había hecho proverbial en Europa: era tan venenoso que su sombra, tan sólo, ya mataba –el zinc de las barras de los bares tendría, claro, similares virtudes. En el Soneto VII, la tramontane es, por cierto, lo que en el Sur de Francia se llama mistral; quien sube a París es Frédéric Mistral (1830-1914), poeta provenzal que gozaba de una considerable fama (ya había publicado sus obras más resonantes: Miréio, en 1859, y Calendou, en 1867) –un excelente objeto de comparación (y de envidia, claro) para un bretón, que vendría del extremo norte a caer en la falsa capital. En este mismo soneto, Monsieur Vautour es un personaje de vodevil que encarna al propietario rapaz, que explota y persigue a los inquilinos; y para el mismo poema no se olvide que four, aparte de “horno, cocina” se puede traducir como fracaso teatral, fiasco. No deja de ser interesante cómo resonaba en el Verlaine que escríbía Les Poètes maudits el Soneto VIII (y en homenaje a él y a otras almas dejo con una rima falaz el verso final)...
Se ha querido traducir el espíritu del texto, y de la forma más cercana e insidiosa: ya que el espíritu de estos textos incluye cierta violenta parodia de la rima, amor de Corbière a los órdenes subvertidos desde su aparente obsecuencia que también muestra su único y pulcramente organizado libro, Los amores amarillos. Se agradece a Fernando Pérez su sustanciosa colaboración: la ocurrencia proustiana es sin duda prodigiosa.
Hijo de un escritor que miraba con ojos de distancias mares y puertos. . Édouard Joachim Tristán Corbière, le agradaban los desafíos de vida y muerte. Se afeitó las cejas, pintó su pelo con meticulosidad de un tono verde exaltado. Estando en Roma pintó dos ojos sobre los suyos, que manera de adelantarse a los estrafalarios de estos días.
Para Verlaine que ya escribía su estudio "Los Poetas Malditos", dedicó a Corbière varias páginas laudatorias llamándolo "furioso amante del mar... salobre y amargo".
El grito del ciego
El ojo del asesinado aún vive
Una púa lo perfora
Estoy clavado y sin ataúd
Me han enterrado un clavo en el ojo
Pero el ojo así clavado aún vive
Y una púa lo perfora
Deus misericors
Deus misericors
El martillo golpea la cabeza de madera
El mismo martillo que construirá la cruz
Deus misericors
Deus misericors
La aves de rapiña
Miran atentas mi carne
Mi Gólgota aún no termina
Lamma lamma sabacthani
Las palomas de la muerte
Están sedientas de mí
Roja como una porta militar
La llaga luce al final
Como la encía babeante
De una anciana que desdentada ríe
La llaga luce al final
Roja como una porta militar
Veo círculos dorados ante mí
Son las mordidas del pálido sol
Tengo dos agujeros hendidos por un hierro
Encarnecido en la forja infernal
Veo círculos dorados ante mí
Son las mordidas del fuego celestial
Por mi médula viene retorciéndose
La lágrima a punto de surgir
Dentro se vislumbra el paraíso
Miserere, De profundis
Por mi cráneo viene retorciéndose
La azufrosa lágrima a punto surgir
Bendito sea el muerto bueno
El muerto salvado que duerme ya
Felices los mártires y los elegidos
que van tras su Virgen y su Jesús
Oh Bendito sea el muerto
el muerto juzgado que duerme ya
Desde aquí veo a un caballero
Que reposa sin ningún rencor
Descansa en el cementerio bendito
Bajo la siesta de granito
Desde aquí veo a un hombre de piedra
En su mirada no hay rencor
Oh, aún las siento
Tierras amarillentas de Armor
Aún siento el rosario entre los dedos
Y al Cristo de hueso clavado en la leña
Todavía me dejas boquiabierto
Cielo herido de Armor
Perdón, por llorar tan alto
Señor, pero tal es mi destino
Mis ojos son dos pilas de agua bendita hirviente
Donde Satán alguna vez los dedos clavó
Perdón por gritar tan alto,
Señor, contra la fe
Ya oigo al viento del norte
Que silba como un cuerno de caza
Es la llamada a la jauría espectral
Mi grito acompaña eso y más
El viento del norte,
La llamada del cuerno de caza...
Libellés : Tristan Corbiere
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Paris
I
Bâtard de Créole et Breton,
Il vient aussi là – fourmilière,
Bazar où rien n’est en pierre,
Où le soleil manque de ton.
- Courage! On fait queue... Un planton
Vous pousse à la chaîne – derrière! –
... Incendie éteint, sans lumière;
Des seaux passent, vides ou non. –
Là, sa pauvre Muse pucelle
Fit le trottoir en demoiselle,
Ils disaient: Qu’est-ce qu’elle vend?
- Rien. – Elle restait là, stupide,
N’entendant pas sonner le vide
Et regardant passer le vent...
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París
I
Bastardo de Criolla y de Bretón
Viene él también aquí, a un hormiguero,
bazar con nada de piedra hecho,
y al sol le falta el color..
- ¡Coraje! Se hace fila... Un empujón
Te lleva a la cadena: ¡atrás!
Incendio apagado, que luz no da más,
Y los baldes pasan, vacíos o no.
Acá su pobre Musa doncellita
Trabajó en la calle como señorita,
Y decían: ¿Qué es lo que ella vende?
- Nada-. Pasmada, se deja llevar
Sin escuchar al vacío sonar,
Mirando el viento, muda, indiferente.
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II
Là: vivre à coups de fouet! – passer
En fiacre, en correctionelle;
Repasser à la ritournelle,
Se dépasser, et trépasser!...
- Non, petit, il faut commencer
Par être grand – simple ficelle –
Pauvre: remuer l’or à la pelle;
Obscur: un nom à tout casser!...
Le coller chez les mastroquets,
Et l’apprendre à des perroquets
Qui le chantent ou qui le sifflent...
- Musique! C’est le paradis
Des mahomets et des houris,
Des dieux souteneurs qui se giflent!
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II
¡Aquí se vive a latigazos! -se pasa
Entre carros y comisarías;
Y se repasa con la melodía
De ¡sobrepasa, traspasa!...
- No, mi pequeño, se parte
Por ser un grande -un truco fácil de hacer-
Entre los pobres: a la pala el oro recoger;
Y oscuro: ¡un nombre que a todo desarme!...
E ir a instalarlo en los bares,
Y a los loros enseñarles
A que lo canten o silben.
- ¡Música! ¡El paraíso está aquí
De los musulmanes y las hurís,
De los bravos dioses cafiches!
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III
Je voudrais que la rose – Dondaine
Fût encore au rosier, - Dondé
Poète – Après?... Il faut la chose:
Le Parnasse en escalier,
Les Dégoûteux, et la Chlorose,
Les Bedeaux, les Fous à lier...
L’Incompris couche avec sa pose
Sous le zinc d’un mancenillier;
Le Naïf “voudrait que la rose,
Dondé! fût encore au rosier!”
“La rose au rosier, Dondaine!”
- On a le pied fait à sa chaîne.
“La rose au rosier”... – Trop tard! –
“La rose au rosier”... – Nature!
- On est essayeur, pédicure,
Ou quelqu’autre chose dans l’art!
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III
Ay que la rosa estuviera -¡Dondén!
En el rosal yo quisiera -¡Dondé!
Poeta... ¿Y qué? Le falta aquella cosa...
El Parnaso ha de escalar:
Los Aburridos, las ojerosas,
Los Gendarmes, Los Locos de atar...
El incomprendido se tiende con actitud
Bajo el zinc de un manzanillo en las bodegas,
El Ingenuo: "Ay que la rosa estuviera,
¡Dondén! En el rosal yo quisiera!"
"¡La rosa en el rosal quisiera!"
- Tiene el pie justo para su cadena.
"La rosa en el rosal"... - ¡Ya es muy tarde!
"La rosa en el rosal"... - ¡Ay el Decoro!
- ¡Se es ensayista, pedicuro,
O cualquier otra cosa en el arte!
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IV
J’aimais... – Oh, ça n’est plus de vente!
Même il faut payer: dans le tas,
Pioche la femme! – Mon amante
M’avait dit: “Je, n’oublierai pas...”
... J’avais une amante là-bas
Et son ombre pâle me hante
Parmi des senteurs de lilas...
Peut-être Elle pleure... – Eh bien: chante,
Pour toi tout seul, ta nostalgie,
Tes nuits blanches sans bougie...
Tristes vers, tristes au matin!...
Mais ici... fouette-toi d’orgie!
Charge ta paupière rougie,
Et sors ton gran air de catin!
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IV
Yo amaba... - ¡Ay, pero eso ya no se vende!
Y aún queda por pagar: ¡entre el montón,
Busca a la mujer! - Mi amante
Me dijo: "No te olvidaré yo, no..."
Tenía yo una amante por allá
Y me visita su pálida sombra
En medio del aroma de un rosal
Quizá Ella llora... - Y bien, canta ahora,
Para ti solo tu melancolía,
Tus noches blancas sin bujías...
¡Tus versos tristes de cada mañana!
¡Mas aquí, azótate de orgía,
Recarga tus párpados rojos de llantería,
Y sácate esa pinta tan proustiana!
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V
C’est la bohême, enfant: Renie
Ta lande et ton clocher à jour,
Les mornes de ta colonie
Et les bamboulas au tambour.
Chanson usée et bien finie,
Ta jeunesse... Eh, c’est bon un jour!...
Tiens: - C’est toujous neuf – calomnie
Tes pauvres amours... et l’amour.
Évohé! ta coupe est remplie!
Jette le vin, garde la lie...
Comme ça. – Nul n’a vu le tour.
Et qu’un jour le monsieur candide
De toi dise – Infect! Ah splendide! –
... Ou ne dise rien. – C’est plus court
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V
Es la bohemia, niño, reniega ya
De tu páramo y tu campanil soleado,
Las colinas en tu colonia, allá,
Y las bamboulas del tambor al paso.
Una canción usada y bien acabada,
Eso fue tu juventud... ¡Buena por un día sólo!
Vamos, siempre esto es nuevo: profana
Tus pobres amores... y al amor.
¡Evohé! ¡tienes la copa llena!
Arroja el vino, guarda la hez...
Así se hace... Y nadie te vio.
Y que un día el señor cándido
Diga de ti: ¡Inmundo! ¡Ah, espléndido!
O nada diga; más corto y mejor.
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VI
Évohé! fouaille la veine;
Évohé! misère: Éblouir!
En fille de joie, à la peine
Tombe, avec ce mot-là. – Jouir!
Rôde en la coulisse malsaine
Où vont les fruits mal secs moisir,
Moisir por un quart-d’heure en scène...
- Voir les planches, et puis mourir!
Va: tréteaux, lupanars, églises,
Cour des miracles, cour d’assises:
- Quarts-d’heure d’immortalité!
Tu parais! c’est l’apothéose!!!...
Et l’on te jette quelque chose:
- Fleur en papier, ou saleté. –
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VI
¡Evohé! Escarba la vena;
¡Evohé! ¡Miseria, a deslumbrar!
Como una muchacha alegre, a la pena
Cae, con la palabra gozar.
Vaga por los bastidores malsanos
Donde los frutos mal secos se van a podrir,
Podrirse por un cuarto de hora en el escenario...
¡Ver las tablas, y después morir!
Está bien: caballetes, lupanares, iglesias,
Cortes de milagros o de justicia:
- ¡Cuartos de hora de inmortalidad!
¡¡¡Y hete aquí en apoteosis!!!
Y alguna cosa te toca:
- Flores de papel, o suciedad.
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VII
Donc, la tramontane est montée:
Tu croiras que c’est arrivé!
Cinq-cent-millième Promethée,
Au roc de carton peint rivé.
Hélas: quel bon oiseau de proie,
Quel vautour, quel Monsieur Vautour
Viendra mordre à ton petit foie
Gras, truffé?... pour quoi – Pour le four!...
Four banal!... – Adieu la curée! –
Ravalant ta rate rentrée,
Va, comme le pélican blanc,
En écorchant le chant du cygne,
Bec-jaune, te percer le flanc!...
Devant un pêcheur à la ligne.
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VII
Y así la tramontana ha remontado:
¡Creerás que llegaste ahí!
Prometeo número quinientos mil,
Remachado en la roca de cartón pintado.
¡Lástima! ¡Qué buena ave de rapiña,
Qué buitre, que Señor Buitre
Vendrá con tu tripa a darse un convite
De hígado con trufas? Así que... ¡A la cocina!
¡Una vulgar cocina!... - ¡Adiós a la presa!
Consumiendo el pellejo arranca a traviesa,
Como el pelícano blanco
Desollando del cisne la cantata;
¡Con tu pico amarillo partiéndote los flancos!...
Frente a un pescador a la caña.
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VIII
Tu ris. – Bien! – Fais de l’amertume,
Prends le pli, Méphisto blagueur.
De l’absinthe! et ta lèvre écume...
Dis que cela vient de ton cœur.
Fais de toi ton œuvre posthume,
Châtre l’amour... l’amour – longueur!
Ton poumon cicatrisé hume
Des miasmes de gloire, ô vainqueur!
Assez, n’est-ce pas? va-t’en! Laisse
Ta bourse – dernière maîtresse –
Ton revolver – dernier ami...
Drôle de pistolet fini!
... Ou reste, et bois ton fond de vie,
Sur une nappe desservie...
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VIII
Te ríes... ¡Bien! Hazte el amargo,
Toma el hábito, Mefisto de mentira:
¡El de la absinta! Y espumea tu labio...
Di que tu corazón a ello te obliga.
Haz de ti tu propia obra póstuma,
Castra el amor... ¡nostalgia sólo el amor!
Respira ya tu cicatrizado pulmón
Las miasmas de la gloria, ¡oh vencedor!
Ya es bastante, ¿no? ¡Ándate! Deja
Tu bolsa -la última querida-,
Y tu revólver -el último amigo.
¡Se acabó el tonto de la pistolita!
... O quédate, y sobre una mesa sin mantel,
Tu vida hasta el fondo bébete...
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23 Septiembre 2008
MAMADRE
Trinidad Candia Marverde. Era diligente y dulce, tenía sentido del humor campesino, una bondad activa e infatigable. No puede nombrarla madrastra. Ella es su "Mamadre": "Mi boca tiembla para definirte/ porque apenas/ abrí el entendimiento/ vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro". También ahora pertenecen a este nuevo hogar sus hermanos Laurita y Rodolfo. Atrás quedó Parral como recuerdo vago, blanco y polvoriento. Es Temuco, su geografía: lluvias, bosques, madera, pájaros, insectos cogidos por los ojos hacia el arca de su curiosidad desmedida. Y son de Temuco las tiendas identificadas con objetos inmensos: zapatos, serruchos, caballos, llaves, olletas para los que no saben leer. Ciudad de incendios, las casas de madera no están preparadas para el verano. Allí entra al Liceo, sus compañeros de apellidos extranjeros "iguales entre los Aracenas y los Ramírez y los Reyes, brillaban con luz oscura los apellidos araucanos olorosos a madera y agua: Melivilus, Catrileos." Y los primeros amores, "los purísimos", ls primeras lecturas: Buffalo Bill, Salgari, y la señora que llegó de las regiones australes con vestidos muy largos y zapatos de taco bajo. Era la nueva directora del Liceo de Niñas...se llamaba Gabriela Mistral. De allí también nace el primer poema "habiendo apenas aprendido a escribir sentí una vez una intensa emoción y tracé unas cuantas palabras semirrimadas, pero extrañas a mí, diferentes del lenguaje diario.
POETA
Muchacho de tierras adentro conoce el mar: "cuando estuve por primera vez frente al océano quede sobrecogido. Allí entre dos grandes cerros (el Huilque y el Maule) se desarrollaba la furia del mar. No era sólo las inmensas olas nevadas que se levantaban a muchos metros de altura sobre nuestras cabezas, sino un estruendo de corazón colosal, la palpitación del universo".
En las noches se reúnen los poetas en largas conversaciones enredadas en versos hasta la madrugada. Del frío se defiende con una capa que ferrocarriles proveía a su padre, "de grueso paño gris. Yo la destiné a la poesía". Implanta la moda y todos la usan. Los estudios se postergan y las horas son ocupadas escribiendo poemas en su pobre habitación.
Él aspiraba al orden creador. Se sabía propietario de un patrimonio potencial de poesía, que le brotaba de sí mismo y él debía respetar, para que éste se concretara al máximo de su posibilidad. Sentía que lo había recibido como una herencia de la especie de la tierra, como un tesoro secreto, que no podía malbaratar.
AMOR
Josie Bliss, especie de pantera birmana, con el más grande dolor. Apenas comenzó el barco a sacudirse en las olas del golfo de Bengala empecé a escribir mi perma Tango del viudo, trágico trozo de mi poesía dedicado a la mujer que perdí y me perdió, porque en su sangre apasionada crepitaba sin descanso el volcán de la sólera." ("Memorias")
Tango del Viudo
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre
y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas,
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún
quejándome del trópico de los coolíes corringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses que odio todavía.
Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.
Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
el cuchillo que escodí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables y substancias divinas.
Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón,
así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.
Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espaldas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas.
"Inesperadamente, mi amor birmano, la torrencial Josie Bliss, se estableció frente a mi casa. Había viajado hasta allí desde su lejano país. Como pensaba que no existía arroz sino en Rangún, llegó con un saco de arroz a cuestas, con nuestros discos favoritos de Paul Robeson y con una larga alfombra enrollada. Desde la puerta de enfrente se dedicó a observar y luego a insultar y agredir a cuanta gente me visitaba, consumida por
sus celos devoradores, al mismo tiempo que amenzaba con incendiar mi casa.
Le ocurre, en cambio, que al tender racionalmente en sus cantos políticos a lo popular, adviértese la falta de interiorización de lo revolucionario, la frustración al intentar crear con imágenes criaturas vivientes, literariamente objetivas. Lo cual no podía menos que acontecerle, pues el motivo esencial de su poetizar fluye de esa necesidad de honda comunicación que no consigue conquistar serenamente, aunque sí expresar como tenso anhelo. Por eso también se le evade el tono descriptivo adecuado a la pintura de una alegre convivencia capaz de actualizarla, de hacerla actuante. De tal suerte que su referencia colectivista al hombre se reviste inequívocamente de retórica, de elementos expresivos de descarnada propaganda llena de matices mágico-políticos. Muerte poética, en verdad.
Ahora bien, este mismo hombre nerudiano que pugna por encontrar su natural jerarquía en medio de las formas elementales de la existencia; que vive el mundo de lo erótico y el mundo del espíritu caóticamente anudados el uno al otro; ese hombre que percibe el paisaje unido a la dolorosa necesidad de sentirse vivamente incorporado a él, nos aparece también como luchando -y con cierto despliegue de soberbia-contra el pensamiento de alguna limitación que constriña el optimismo casi dionisíaco de su comportamiento. Hecho revelado por la especie de repulsa y menosprecio que manifiesta el americano por la idea del autodominio. Porque en su visión del destino natural de las cosas humanas, participa sólo muy obscuramente la representación del autodominio, o bien se orienta a través de cauces singulares. La débil afirmación de autonomía se corresponde con la realidad de su aislamiento, pues ambas actitudes se influyen y configuran recíprocamente.
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Campesina
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Entre los surcos tu cuerpo moreno
es un racimo que a la tierra llega.
Torna los ojos, mírate los senos,
son dos semillas ácidas y ciegas.
Tu carne es tierra que será madura
cuando el otoño te tienda las manos,
y el surco que será tu sepultura
temblará, temblará, como un humano
al recibir tus carnes y tus huesos
— rosas de pulpa con rosas de cal:
rosas que en el primero de tus besos
vibraron como un vaso de cristal —.
La palabra de qué concepto pleno
será tu cuerpo? No lo he de saber!
Torna los ojos, mírate los senos,
tal vez no alcanzarás a florecer.
INSOMNIO
En medio de la noche me pregunto,
qué pasará con Chile?
Qué será de mi pobre patria oscura?
De tanto amar esta nave delgada,
estas piedras,estos terrones,
la persistente rosa
del litoral que vive con la espuma,
llegué a ser uno solo con mi tierra,
conocí a cada uno de mis hijos
y en mí las estaciones caminaban
sucesivas, llorando o floreciendo.
Siento que ahora, apenas
cruzando el año muerto de las dudas,
cuando el error que nos desangró a todos
se fue y empezamos a sumar de nuevo
lo mejor , lo más justo de la vida,
aparece de nuevo la amenaza
y en el muro el rencor enarbolado
Hoy 23 de septiembre, cumple 35 años de muerto Pablo Neruda, a mi juicio el más grande poeta de la lengua española. Era septiembre de 1973, y aunque estaba enfermo de una dolencia letal que siempre se le ocultó, la suya fue una muerte precipitada por el golpe perpetrado12 días antes contra su amigo el Presidente Salvador Allende, y por la masacre que ese hecho desencadenó contra el heroico pueblo chileno.
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13 Septiembre 2008
Boliviano Homero Carvalho Oliva* ganó el Premio Nacional de Literatura.
Por Marcelo Suárez
BOLIVIA: Homero Carvalho retorna, y esta vez con una historia que mezcla la ficción con la actualidad política y social del país. La maquinaria de los secretos se titula la obra con la que ganó el Premio Nacional de Literatura en la categoría Novela.
La obra, que revela las acciones de los servicios secretos y sus impredecibles consecuencias en la sociedad, plantea la eterna lucha entre el bien y el mal llevando los extremos a planos insospechados, en los que el bien supuestamente creado por el hombre como la representación del poder mismo, es un complejo sistema que manipula a los seres humanos.
“Es una novela que cuestiona lo político de lo social y devela la forma en que se maneja la maquinaria de los servicios secretos. Se sitúa geográficamente en La Paz y Santa Cruz, y aunque en otras ocasiones ya he jugado con la realidad de las ciudades en mis obras, en esta ocasión lo hago de otra manera. La historia tiene como telón de fondo hechos similares a los que sucedieron mientras se desarrollaba la Asamblea Constituyente y en ella hago referencia a un presidente indígena, aunque no lleva por nombre Evo”, manifestó el autor.
A continuación reproducimos fragmentos de los capítulos de esta obra, que explora el accionar de los servicios secretos en Bolivia:
“Lo que no saben los que viven en las ciudades es que hay muchas otras dentro de las suyas, porque cada quien vive en su propio suburbio sin importarle el resto. Los ricos tienen sus espacios, la clase media los suyos, los marginales el resto de la gente. Pero también tienen sus territorios los ladrones, las damas nocturnas, los chicos bien, los pandilleros, las chicas fresas, los ¡qué sé yo! Y sucede que, a veces, durante el día se cruzan entre ellos, se miran por un instante y no se conocen, se huelen y se repelen, se desprecian porque saben que son diferentes, porque el otro posee lo que uno desea. Pero, nosotros las conocemos bien a todas las ciudades porque hemos logrado penetrarlas, sabemos cómo es la epidermis de cada una de ellas, sus cicatrices, sus granos, sus tatuajes; conocemos su respiración, guardamos los altos secretos de la noche y cuidamos sus temores.
'La noche, Jefe, ¿sabe qué dicen de la noche?”, preguntó Leandro. “¿Quién dice?”, replicó Erasmo. 'Los instructores de Inteligencia, Jefe, los instructores. Dicen que la noche es nuestro elemento porque en ella podemos ser lo que en verdad somos. Las putas y los ladrones pueden parecer señoritas y señores durante el día, pero en la noche vuelven a ser lo que son, putas y ladrones', dijo Leandro.
'Bonita frase y muy certera. Pero déjame terminar de vender mi charque como dicen por acá. Déjame que te diga lo que son las ciudades porque ellos creen que las hicieron a su imagen y semejanza, las hicieron para perderse en ellas, para confundirse en la multitud y nosotros los jodimos dando nombre a las calles, números a las casas, creamos la identificación personal, usamos la fotografía para ficharlos y la psicología para definirlos y clasificarlos, nosotros estamos por encima de ellos y ellos no quieren darse cuenta de esta realidad, en la que son insectos en un caja de vidrio. Y como no nos miran, no saben quiénes somos, ni quieren saberlo porque son necios y nosotros muy oportunos les hacemos creer lo que quieren creer para que vivan felices, eso es el autoengaño al que se someten complacientes. Por afuera todo el mundo se muestra feliz, sólo nosotros sabemos que a la hora de la verdad se mueren de miedo, ¿o no? Pero les seguimos haciendo creer que son libres, que todo les está permitido, no se dan cuenta de que cada día que pasa les ponemos más límites, los cercamos más, los encuevamos en condominios privados y edificios inexpugnables para vigilarlos mejor porque sabemos que el verdadero poder está en la cotidianidad, nosotros sabemos lo que pasa durante la noche y durante el día y esa información es nuestro instrumento de presión. Así nomás es, no olvide, mi estimado Leandro, que nosotros vestimos la túnica de Dios, la invisible túnica del temor que nos da el verdadero poder, porque somos como el ojo de Dios, poseemos la visión panóptica del poder y al igual que él trabajamos en silencio, en el más oscuro misterio. Somos la sombra de Dios. ¿Qué dices oye?”.
Perfil
Referente de las letras bolivianas
Homero Carvalho Oliva nació en Santa Ana de Yacuma en 1957. Algunas de sus obras son: Biografía de un otoño, El Rey Ilusión, Seres de palabras, Territorios invadidos y Ajuste de cuentos. Participó de varias antologías nacionales, como la del cuento boliviano contemporáneo ‘The fatman from La Paz’ e Internacionales entre las que se destacan El nuevo cuento latinoamericano, Ediciones del norte; Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI, de Julio Ortega.
Su primera novela, Memoria de los espejos, mereció el Premio Municipal de Novela en 1995. Santo Vituperio [2004] fue considerada como una de las mejores novelas bolivianas de los últimos tiempos. La ciudad de los inmortales [La Mancha, 2005] fue la obra más vendida durante la VI Feria Internacional del Libro de ese año.
Su obra cuentística se halla dispersa en publicaciones literarias dentro y fuera del país, como en Hueso Húmero, revista peruana de Literatura. Su poemario Las puertas ha tenido muy buena aceptación de la crítica y de los lectores, quienes lo han calificado como uno de los trabajos poéticos más importantes de los últimos años; ha sido traducido al francés y al portugués. Poemas suyos se encuentran en varias antologías nacionales e internacionales
Marcelo Suárez
de: Poetas del Mundo
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11 Septiembre 2008

Sin dudas una de las figuras más relevantes de los doscientos años de Chile independiente es: SALVADOR ALLENDE, recordamos aquella mañana en que aviones de guerra bombardearon la casa de los Presidentes símbolo de la democracia chilena.
Se instaura el despotismo, la tortura, persecución y asesinatos. Dirigidos por el General Augusto José Ramón Pinochet Ugarte y una cohorte de buhoneros sangrientos.
Sin embargo, las convicciones de Allende sobre la sociedad y sobre Chile, en la perspectiva del tiempo, aparecen distantes de las políticas de quienes lo acompañaron durante su Gobierno.
Este 11 de septiembre para los que gobiernan es sólo una celebración anodina.
En la actualidad, si bien hay una valoración popular importante, las organizaciones políticas que conformaron la Unidad Popular están lejos de esas concepciones que las llevaron al poder.
Todo es más bien un acto simbólico de una figura importante de toda esa trayectoria histórica y que ha sido reivindicada en el tiempo crecientemente y lo suficiente como para que tenga una poderosa imagen. Pero más allá de eso, efectivamente no hay mayor vínculo por más que se pretenda, una especie de conexión al menos en el trasfondo, en la cosa más espiritual, lo que evidentemente no es así.
Tanto la presidenta como Gobierno de Salvador Allende, el cual permitió avances sustantivos y que en la actualidad todavía tienen repercusión. su partido, el socialista, se encuentran muy distantes de lo que es el legado de Salvador Allende.
Gobierno de Salvador Allende, el cual permitió avances sustantivos y que en la actualidad todavía tienen repercusión. Debe ser intensamente investigado en profundidad, lejos de la vocinglería sin contenido y vacía a quienes realmente le corresponde hacerlo.
Uno de los mejores ejemplos tiene que ver con la billetera Abultada que luce la hacienda de Chile, gracias a los altos réditos que ha obtenido el Estado por la venta de cobre a alto precio, un cobre que fue nacionalizado por Allende y que se ha transformado en la “riqueza del país”. Cobre que en gran medida debe recuperarse o re-nacionalizarse todo aquello que está en manos extranjeras.
Para el Decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile y premio nacional de historia 2004, Jorge Hidalgo, fue la nacionalización del cobre o el desarrollo de un proyecto educacional desde el Estado el que permitió tener importantes logros durante el gobierno de Allende, lo cual genera gran simpatía, aún 35 años después del fin de su administración.
Hidalgo afirmó eso sí que, a pesar de la urgencia por recuperar aquellos logros que fueron conculcados, el proyecto de Allende sería difícil de aplicar en la actualidad.
“Hay otros problemas, que es si era viable una sociedad hoy día, con todas las teorías neoliberales y con el énfasis que se ha puesto en la privatización de los recursos, si era viable económicamente una postura como esa. Y ahí hay una discusión que podría ser más técnica, pero igual nos llega a los sectores que dan una mirada más plausible a la visión del gobierno de la Unidad Popular”, expresó.
El Decano de la Facultad de Filosofía afirma que lo importante en estas conmemoraciones es valorar el sentido de país que quiso dar Allende a Chile con su gobierno, que abría una perspectiva de cambio y transformación democrática del país, el cual tenía como norte el beneficio de todos los chilenos y en especial de los sectores marginados.
servido por laguerra33
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